miércoles, 9 de junio de 2010

Tu ciudad, tu calle, tu casa, son tú mismo


La ciudad es una prolongación de tu casa, el contexto humano que condiciona tu vida y te hace ser de una manera singular y concreta. La casa tiene algo de nido, y un nido comporta el árbol.
Te gusta viajar y un día emprender un viaje o cumples con una obligación perentoria en otro sitio distinto al que hay que desplazarse; y apenas pasa un tiempo, echas de menos el lugar donde habitualmente vives, tu calle, tu casa, ese recoveco en que te desenvuelves y tienes a mano todo lo corrientemente necesitan para desarrollar tu vida, para llevar a cabo tus menesteres, para llegar a ser día tras día. Eres como la mariposa enclaustrada en su ajustada crisálida de seda. No trates de sacarla de ahí; la matarás.
Y entonces, descubres que si la ciudad es la prolongación determinante de tu casa, la casa es prolongación de ti mismo, tal vez hasta tú mismo eres tu propia casa. Somos caracoles que llevamos integrada en la propia vida todo lo que nos rodea y confina. Lentos caracoles, esos húmedos seres babosos, rastreos, desconocedores de toda premura a los que el tiempo no acucia, porque ni saben que existe el tiempo. ¡Bueno! Tampoco es eso. No es exactamente así, porque, entre otras cosas, si fuera así, ¿para qué entonces las prisas?.

martes, 8 de junio de 2010

Las masadas

La masada es, en Aragón, el equivalente de la masía castellana, constituida por tierras de labor y vivienda, con estancias para recluir el ganado. Durante siglos, la suya fue la arquitectura rural del campesinado turolense, en un medio natural que medían las nubes, las cosechas y las estaciones del año.
Quedaron vacías, por fuerza mayor, para ahogar el suministro ordinario de que se nutría la rebeldía terrorista del maquis. Se fue con ellas una forma de vida natural al aire libre, de carácter autónomo, persignadas por el trabajo arduo y la austeridad, que forjaban el temple recio del hombre del campo, labriego y pastor. Hoy se pasa ante el silencio de sus ruinas, mal selladas por el abandono, sin más testigo vivo que unos chopos cabeceros ya incultos o unos álamos.
Según leo, se habla ahora de recuperar su memoria y estudiar su peculiar arquitectura, condicionada por el cultivo de tierras inmediatas y la contada cabaña familiar. No deja de ser un modo afectivo de acercarse a ellas, desde la nostalgia, bien que ya no estén.

sábado, 5 de junio de 2010

Cocodrilos de ojos amarillos

Solemos hacer uso de los convencionalismos, si no a capricho, si con cierta arbitrariedad. Es lo que ocurre al asignar significado a los colores. El color amarillo, no sé por qué, es el color de la prevención, ya que anuncia siempre peligrosidad. Una bandera amarilla en un barco solitario amarrado en el puerto, indica que está en cuarentena. Un logo de ese mismo color en una instalación nuclear, avisa del riesgo al incauto que se aproxima como si tal cosa. Pero, ¿por qué el amarillo y no el morado, tan triste él?
Sea de ello lo que fuere, el amarillo, lejos de todo alarmismo, ha pasado a ser motivo de rareza en cosas intrascendentes. Los beatles hicieron famoso a un presunto submarino de ese color, y luego, por mimetismo, una pegajosa canción nos habló de un tractor que era igualmente amarillo, como si se tratase de maquinaria pesada de obras públicas. Ahora, se anuncia también, en las librerías, un relato literario de unos cocodrilos de ojos amarillos.
Puestos a romper moldes, que es lo moderno,¿por qué no? Un pintar cualquiera pinta con toda la alevosía del mundo una cara de un verde malva, un árbol de color rojo y un río tintado de un matiz rosa pálido, como la mejilla de una joven. Yo, por no ser menos, me complazco en imaginarme ahora un perro azul comiéndose un manojo de amapolas amarillas. ¿Y qué?

viernes, 4 de junio de 2010

Nenúfares de hace 135 millones de años

Ahí es nada. 135 millones de larguísimos años, toda una eternidad vertida a cifras temporales, siglo arriba siglo abajo. Una minucia. Y es que el cretácico turolense es rico en sorpresas. Es lo que explica que los yacimientos que investigan la localización de nuevos ejemplares fósiles con que se va amueblando la ciencia, van aumentando en importancia y número. La novedad de los hallazgos justifica tan apasionante incursión investigadora por el pasado.
Ahora es un ejemplar vegetal de hoja redonda y chiquita, perteneciente a una familia de plantas que todos hemos admirado a ras de agua en un estanque, los nenúfares, esos vegetales flotantes de hoja lustrosamente verde, como esmeraldas, que florecen a flor de agua.
El ejemplar aparecido en Plou (Teruel) reverdecía hace 135 millones de interminables años en cualquier piélago de agua, y a uno le da vértigo asomarse a ese abismo insondable de incontable tiempo. El caso es que su terca huella perdura para nuestro asombro y podemos reconstruir mentalmente su antiquísima presencia, a poco que encendamos un poco la imaginación.
Los fósiles son las huellas dactilares de tan remota existencia, cuando la tierra vivía desmesuradamente y a lo loco el desarrollo espectacular de la vida.

jueves, 3 de junio de 2010

Un espejo en que mirarse

El concepto que los demás tienen de nosotros, bien pudiera ser un buen espejo en que mirarse. Se comprende que haya sido Mafalda la que dijera que:
”Mi meta en la vida es ser como mi perro cree que soy”.
Como lo cree tu perro, como lo creen tus amigos, como lo cree la gente. Los demás nos determinan de singular manera y debiera serlo para bien, porque nos compromete tener buenos amigos y que la gente nos considere, una moneda impagable que exige al menos ser sinceros con nosotros mismos para serlo con ellos; y para eso, la receta de Mafalda es oportunísima: procurar ser como ellos creen que somos.
No defraudemos a ese amigo tan generoso en su estimación, como el perro, como todos los demás en sus bondadosos juicios para con nosotros. La misma sinceridad sería nuestro mejor agradecimiento.

miércoles, 2 de junio de 2010

Creer o no creer

Vivimos momentos en que nos entristece compartir espacios donde parece que campa la incredulidad. Y no es así. Cuando los hombres no creen en Dios, no es que no crean en nada, es que lo creen todo, porque el mundo se les llena de interrogantes cuyos huecos hay que llenar de algún modo a base de suposiciones, que acaban por constituir todo un credo de presuntas certezas que no lo son.
El hecho innegable es que entre creer o no creer, lo difícil es esto último. Creer es una necesidad implícita en la misma condición humana. Y cuando se aparta a Dios de las propias creencias, elevamos a sagrada categoría de dioses nuestras mismas apetencias obsesivas. Así es como el nacionalista acérrimo, por ejemplo, falto de verdaderas convicciones, inventa su propia historia para borrar la verdadera que no le cuadra, y con los ojos tapados concluye creyendo en ella a pie juntillas. No me digas que ese tal no cree.
Que Dios nos dé una pizca de sensatez y humildad, que nos ilumine para descubrir la verdad allí donde brille serena, y nos abra los ojos a la luz de sus misterios.

martes, 1 de junio de 2010

Amapolas en el tejado


En Aragón se les llama ababoles. No había ocurrido antes, que yo sepa, esto de unos ababoles adornando las húmedas tejas. Hay años de ababoles y otros que no o que apenas se dejan ver. Dependen de la lluvia, como el trigal, su hábitat y asilo natural. Este año tan anómalo, de copiosas lluvias, los ababoles nacen también copiosamente en todas partes, las orillas del río, los maizales incipiente de la Moratilla, las cunetas del camino y de modo insólito, hasta en el tejado del convento. Un tejado doblemente enrojecido, por las tejas en sí, y estos ababoles de corola tan frágil, tan efímeros, tan radiantes de roja luz, encaramados en lo más alto del convento, como queriendo enaltecer su belleza ardiente.

Nadie lo hubiera imaginado: un paisaje ondulado de tejas en la vertiente de un tejado conventual que da al claustro, embebidas las tejas por tanta agua como ha inundado la primavera. Una siembra dispersa, a boleo, de ababoles , rojos como heridas, sangrantes como puñaladas, en un tejado, en el tejado del convento. Se diría que, este año, la primavera viene por todo lo alto.