viernes, 7 de enero de 2011

De la mano de María

Conservo como una de las cosas más amables de mi infancia, en lo más cálido de las ya viejas cenizas del recuerdo, la devoción que me inculcaron a la Virgen María. Era el calorcillo espiritual de mis sentimientos más puros, el lado más piadoso de mi devoción. El poeta Francisco Brines reputa la pérdida de la piedad de sus años infantiles como el paraíso tristemente perdido de su niñez. Lo entiendo. Yo a veces sufría el resquemor infantil de si no estuviera dejando aparcado a Jesús en un segundo plano, y le decía por cortesía que no, dudando un tanto de mi sinceridad.
De mayor, me duele todavía que, en los primeros tiempos de la Iglesia, la urgencia comprensible de predicar la fe en la verdad del mesías, tuviera que dejar la consideración a María para más tarde y hayamos perdido noticias suyas. Me duele que, por eso mismo, san Pablo hable de la maternidad de María tan de pasada. Y en cambio, venero en san Lucas la especial dedicación que le tributa en su evangelio, tan respetuoso para con las mujeres en general.
Creo que hay que fomentar mucho más la devoción de los niños a María. Acostumbrales a ir de su mano, sobre todo en esos años vacilantes, es el mejor de los aprendizajes y es buen rescoldo de la fe que profesamos, en estos años tan fríos e indolentes. De la mano de María aprendió a andar Jesús.

jueves, 6 de enero de 2011

Los Reyes Magos

Los magos le traen presentes.
¿Qué le puedo llevar yo?
Por más que, aunque nada exista
que esté a la altura de Dios,
no hay nadie que n o disponga
de una dádiva, de un don.

Pondré en el cielo una estrella,
la mía, y ya serán dos,
que si la Luz nace a oscuras,
¿qué menos que ponga yo
la que enciende y la que apaga
a capricho el corazón?

Al fin, si Dios se hace Niño
hecho niño también hoy,
yo con el portarme puedo
bullicioso y juguetón.
¡Quiera Dios mirarme al menos
como sé que mira Dios!

miércoles, 5 de enero de 2011

En Nazaret

Nazaret quedaba situada, a manera de anfiteatro, en Galilea, frente al valle de Esdrelón, entre Caná y Naín. En la época de Jesús. Nazaret era una aldeuela sin importancia. ¿De Nazaret puede salir nada bueno?- decían los judíos con desprecio. Su relevancia le viene de haberse encarnado allí en María el Salvador del mundo.
Sus orígenes hay que buscarlos en la edad del bronce y marca su evolución la veneración de los santos lugares, a lo que se ha añadido una notable población árabe, resultante de la desbandada generada por la guerra con Israel. En ella, la Sagrada Familia, como era habitual entre sus habitantes, habitó una gruta escavada en la un terraplén, habilitada como vivienda, sobre la que hoy campea una espléndida basílica de doble nivel. En el inferior se venera la cueva que ocupó la Sagrada Familia; la superior se asoma a ella por un amplio óculo con el que se crea un ámbito sagrado común.
A la izquierda de la gruta, descansan los restos mártires de Conón, diácono de Jerusalén que confesó descender de la familia de Cristo, enterrado junto a la vivienda de María a petición suya.
A la muerte de Jesús, sus familiares convirtieron sus propias casas en iglesias para congregarse y celebrar en ellas la fracción del pan.
¿De Nazaret puede venir algo bueno? Pues sí. En Nazaret el Hijo de Dios se hizo como uno de nosotros, para elevar nuestra condición humana a la suya propia, afiliándonos a la de Dios por el Espíritu creador.

martes, 4 de enero de 2011

Los villancicos

En buena ley, se denomina villano al habitante de una villa, como aldeano al que lo hace en la aldea. El sentido peyorativo que adquirió el término en pasados siglos, ocurre por oposición a noble. El noble se siente sensible y educado; el vilano ocupa el otro extremo.
De villano procede la palabra villancico, un diminutivo de origen aragonés, que es tanto como canción popular, aldeana, un término que acabó por cubrir todo el área de habla española, en la medida que lo hace el uso de tales canciones de ambiente familiar. Villancico es la canción que inspira la alegría de la Nochebuena, momento en que precisamente unos pastores son los primeros en adorar al Niño recién nacido.
Al villancico lo definen su forma de estrofas y versos cortos de índole popular, generalmente con estribillo, y su gracejo en el tratamiento del misterio del nacimiento de Jesús que roza la irreverencia. Hay villancicos añejos que todo el mundo sabe y canta, familiarmente acompañados de instrumentos típicos como la zambomba y la pandereta, amén de algún que otro cacharro de cocina en calidad de improvisado instrumento casero de percusión, como el almirez o la almohadillada botella de anís.
Belenes y villancicos casan bien y ambos adornan por igual el alma de nuestra navidad en familia. Nuestros poetas más eximios cedieron llanamente a la tentación de ensayar sus saberes con villancicos que son la delicia de quienes paladean la exquisitez del arte poético. Y es que el villancico es también característica expresión de nuestra cultura religiosa.
¡A Belén, pastores!

lunes, 3 de enero de 2011

Arrecia la persecución

         La sangre de Abel sigue tintando de rojo la tierra hostil del hombre. El encono en perseguir salvajemente a Cristo en la persona de sus seguidores, no ha cesado nunca, y hoy se reproduce con incontestable violencia en el mundo musulmán.
La vida la da Dios. Él es la fuente de la vida. Un Dios amoroso que llueve para todos, buenos y malos, no puede decretar indiferente la muerte de nadie. Me resisto a creer que una religión mantenga que hay que matar al hombre en nombre de Dios. Una religión cuyo dios mande matar, no puede ser verdadera. No lo es un dios que odie la vida de nadie. Jesús mandaba amar incluso al enemigo. Y justamente en el día de la Navidad, cuando los cristianos celebramos la venida amorosa del Hijo de Dios al mundo, los enemigos de nuestra fe, en Filipinas, atacan sanguinariamente una iglesia cristiana, mientras se celebraba tan alto misterio.
También durante la Navidad, en Nigeria, se perpetró una horrorosa masacre de cristianos, aprovechando taimadamente la celebración de la Nochebuena, conscientes los malhechores del significado cristiano de tal festividad. Otro tanto ha ocurrido en Irak, país donde los enemigos de la paz adosaron catorce bombas a otras tantas casas cristianas, de las que diez arrasaron dichas viviendas impunemente.
El arzobispo caldeo de Kirkuk lamenta que “atacar a los cristianos se haya convertido en un fenómeno habitual en el país”, y que se acentúe el éxodo de cristianos a Kurdistán.
No acaba ahí tan absurda locura. En Egipto, la comunidad copta de Alejandría sufrió, igualmente, el ataque enloquecido del extremismo ciego en la Iglesia de los Santos, extremo atribuido a Al Quaeda. Es la mano que mueve los hilos del odio anticristiano y que organiza esa odiosa caza inhumana con perversa exactitud y cuidada coincidencia, hiriendo donde más duele, en el mismo corazón de la fe.
Contentémosnos en pensar que no todos los musulmanes participan de semejante actitud irreductible y fanática.

domingo, 2 de enero de 2011

Amor de Dios desde el amor del hombre

         Se equivoca quien pretende convivir con Dios, sin antes convivir con el hombre. Se equivoca quien cree que puede encontrar a Dios sin antes encontrarse con el hombre. Se equivoca quien cree amar a Dios, sin amar al hombre.
Se convive y experimenta la cercanía de Dios haciéndose palabra de Jesús habitado por su mismo Espíritu. Se encuentra uno con Dios desandando el camino opuesto del egoísmo y los propios intereses. Se ama a Dios desde la docilidad de sus deseos apropiándose de ellos, haciéndolos nuestros.
Dios y el hombre están entrañados el uno en el otro, desde la creación y la resurrección de Cristo, como hierro candente y fuego que lo transfigura. Sólo quien va con el hombre unido a sus gozos y desdichas, sólo quien siembra amabilidad en sus asperezas y pone bálsamo en las heridas de sus malos modos, sólo quien se inscribe en la escuela de párvulos del amor al hombre, está avalado por el Espíritu divino para amar a Dios como sólo Él merece.

sábado, 1 de enero de 2011

Fin de trayecto

           En tiempos agitados en que al obispo Añoveros de Bilbao se le quiso represaliar, el dibujante Sumer pintó una viñeta con dos cuadros en no sé qué medio. En la primera escena, un vasco, tocado con una chapela descomunal, escribía un grafiiti contestatario en una pared, donde ya se leía. Añovero... En la siguiente escena, aparecen de pronto dos guardias civiles con sus correspondientes tricornios que interrumpen con su seria presencia la presunta protesta parietaria, y el vasco prosigue entonces escribiendo muy tranquilo y resolutivo: ...¡Vida nueva!
          Un año más que da en el parachoques de su  última frontera. Un año más o un año menos, según se mire la botella medio llena o medio vacía.  Un año más, porque solemos sumarlos con puntillosa exactitud a los que se vienen contando según el nivel histórico de cuantos años ya han sido, y el individual de los que acumulamos cada cual, con más o menos posibilidades de añadir nuevos sumandos, a la cada vez más acelerada cuenta. Lo cierto es que el tiempo, de suyo, no es mensurable; nosotros lo relativizamos sometiendo a medida su duración, que no sería la misma en otro planeta con días y noches más amplios o estrechos, como las escatimado días lunares o los interminablemente aburridos del polo. No es así el tiempo absoluto.
Dios nos lo da devanándolo poco a poco y Dios nos lo quita, para lo que cuenta con innumerables maneras de cortar el hilo y la trama. Démosle cumplidas gracias por lo que nos da, que ya se encargará Job, en nombre de todos, por lo que nos quita.