martes, 24 de julio de 2012

Estos son mi familia

    En Nazaret no creen en él y sus familiares, que temen por su vida, utilizan a su Madre como cebo para retirarlo de la predicación, ignorando que tratan de acallar la voz de Dios y enterrar el misterio de la salvación, el mayor de todos los sacrilegios si no fuera por su ignorancia que les exime de tanta gravedad
     Nos enseña así Jesús aquí que él será la cabeza de la Iglesia resucitada con él, y que la vocación de cada cual ha de seguirse a despecho de adversidades, ya que  Dios está por encima de todo. Que él nos acompañe en este compromiso cristiano de ser como él quiere.


Reflexión: ¿Mayor o viejo?
   
    Y yo me pregunto: ¿Soy mayor o viejo?
    Permítanme que dé tres cuartos al pregonero y salga en mi defensa. Acabo de leer entre otras cosas que me benefician, la amable consideración de que es mayor quien tiene mucha edad y viejo quien ha perdido la jovialidad. Si es así, todavía no soy lo viejo que a veces creo, desde la más somera lectura de la superficialidad. Leo también: Eres mayor cuando aún sueñas; eres viejo cuando apenas consigues dormir. ¡Albricias, porque duermo como un bebé ahíto de leche materna y no me he apeado todavía de espabilar la dulce llamita de mis sueños.!
    Imagino que algún conocido mío, al leerme, fruncirá el entrecejo. ¡Ojalá que Dios atice el brasero de sus sueños, para que no le falte nunca un trocito de horizonte por donde mirar hacia él!


Rincón poético

 INCENDIO EN EL MONTE

El fuego ha encendido el valle y el monte
y en sus llamaradas arde el horizonte.
Desde el corazón de quien no tenía,
una mano aleve un rayo blandía.
Siempre hay una mano perversa y sin nombre
que persigue oculta y cobarde al hombre.
¡Malhaya esa mano que escode la tiza
con que tacha el bosque, ya polvo y ceniza.
Los robles se humillan, pinos lagrimean,
chilla el monte a gritos convertido en tea.
Funeral del bosque en su propia llama.
Huele el humo a mirto, tomillo y retama.
Todo es cementerio, queda el monte tonso.
Y no hay un ciprés que rece un responso.

(De Los labios del viento)

lunes, 23 de julio de 2012

Yo soy la vid

    En el evangelio de Juan, Jesús recurre a la viña, símbolo bíblico del pueblo escogido, para persuadirnos de que su dueño es Dios Padre, porque él la plantó, es decir, es quien hizo suyo a ese pueblo y pactó con él. Quien permanece en los mandamientos de Jesús, o si se quiere, quien le ama y es consecuente con ese amor, permanece en Jesús que le revitaliza con su gracia.   
    El evangelista varía la frase: permanecer en Jesús, permanecer en su amor, cumplir sus mandatos, que en realdad son una misma cosa. Permanece en Jesús quien, por amor, lleva a la práctica sus enseñanzas.

Reflexión: Palabra para todos

    Sé de varios personajes más o menos eminentes que confiesan, sin ser precisamente hombres de fe, tener siempre a mano un ejemplar de la Sagrada Escritura, en su mesilla de noche. Quiere decirse que sienten especial preferencia por su lectura. Sucede que la Biblia ofrece lectura preferencial a gente bien formada que sabe mirar con objetividad los valores que encierra el libro sagrado. No será para ellos, como para nosotros, palabra de Dios, pero tampoco palabra al uso como la de otro libros sobresalientes. La Biblia está por encima de todos los demás. Para nosotros los cristianos, es comprensible que la palabra de Dios no oculte ni siquiera a los profanos su misterioso atractivo. Una piedra preciosa puede ser valiosa para unos y simplemente una bella piedra para otros. Alegrémonos de que vean y escudriñen esa palabra, aunque no lo sea a la luz de la fe, sino de la palmatoria temblorosa de nuestra inteligencia. La palabra de Dios, como la lluvia, nunca se retira sin dejar una pizca al menos de su fecundidad en la tierra que moja.

 Rincón poético

ALMA DE CRISTO, PACIFÍCAME

Mi amor es un ciego
que te reconoce;
no importa si alumbra
la luz o es de noche.
Soy como la oveja
que sabe tu nombre.
Te sienten cercano
mis intuiciones.
Me falta que un día
tu paz me controle.
Te amo a ramalazos,
caballo al galope,
casi siempre a expensas
de mis emociones.
No soy tan sereno
como aquel buen hombre
de Asís, que gustaba
rezar en el bosque,
al salir el día
o al entrar la noche,
domada su sangre;
la mía va al trote
y a veces parece
que he perdido el norte.
Pon mesura, oh Dios,
en este derroche,
en este ajetreo
de vacilaciones.
Clávame tus clavos
en mi carne innoble,
que esa es la limosna
que te pide un pobre.

(De Los labios del viento)

domingo, 22 de julio de 2012

Como ovejas sin pastor

    Jesús renuncia al merecido descanso que ha de compartir ccn sus apóstoles, al regreso de su primera misión apostólica: una multitud espera saber de él y oír su palabra.
    El fragmento litúrgico de hoy es una introducción de mucho relieve al hecho portentoso de la multiplicación de los panes y los peces. Los apóstoles son los destinatarios de esta lección de ser para los demás, a la manera de un buen pastor que se preocupa de sus ovejas descarriadas.
    Llegará un día en que les enseñará esto mismo arrodillándose para lavarles los pies Aquí les está enseñando ya eso mismo con su propio ejemplo, como escalonando en sucesivos momentos una larga lección a la que Jesús da la máxima importancia.
    Y si, a punto de bendecir el pan y los peces, el prefacio presenta a Jesús como Buen Pastor, no es otra la razón de que los obispos, incluido el papa, ejerzan su función pastoral con un báculo en la mano. Son los enviados de nuestros días, en una Iglesia siempre en marcha.

Reflexión: ¿Por qué el nombre de Números?

    Números es el nombre con que los cristianos designamos uno de los libros que componen el Pentateuco. concretamente el cuarto. Los judíos reconocesn los libros de la Sagrada Escritura por la primera palabra hebrea con que comienzan, a la manera como procede la Iglesia con las encíclicas papales y otros documentos vaticanos. Puede que alguien se quede perplejo al tratar en vano de desvelar el raro motivo por el que llamamos Números a un libro sagrado. No existe tal rareza, sino que hasta es razonable tal apelación. Fue redactado en buena parte por sabios judíos para fijar por escrito tradiciones orales que venían de lejos y la razón de que se le venga llamando de ese modo es porque las dos partes en que se divide históricamente el libro, comienzan por sendos censos que puntualizan el número de perdonas que componen el pueblo de Israel, al comienzo de la marcha por el desierto en el Sinaí, y su irrupción en la tierra prometida antes de proceder a conquistarla. Es fál comprender desde ahí cuál sea el motivo que inspiró su nombre a los judíos que traducen la sagrada Biblia al griego en Alejandría, por urgencias de Tolomeo.

Rincón poético


A UN VIEJO VENTILADOR

El ventilador
es una espiral
que jadea como un animal.

Agita sus brazos
con resolución.
Nunca el viento soplara mejor.

A menudo, es brisa
tan leve y tan clara,
como labio que besa la cara.

Que alivie del fuego;
esa es su razón.
No ceder ni dar tregua al calor.

Amigo doméstico,
nos cuida sin tasa
como perro que guarda la casa.

¿Que es viento inventado?
¿No aplaca el calor
la presencia del ventilador?

Yo estoy satisfecho.
Para nuestro intento,
no hace falta un molino de viento.

(De Los labios del viento)

sábado, 21 de julio de 2012

No porfiará

    El pasaje evangélico de hoy nos presenta a Jesús huyendo de sus adversarios religiosos. No es la primera ni será la última vez. Les ha hecho ver la torpeza de sus raciocinios al interpretar torcidamente la prescripción del descanso sabático, y faltos de argumentos, se concitan para matarlo. Hay que matarlo. Es el recurso siempre a la mano del fanatismo: -Hay que matarlo, porque no piensa como nosotros.
    Jesús podría hacer uso de los poderes del reino enfrentándose a sus oponentes, pero, hombre de paz, no es esa su postura frente al hombre. De hecho el evangelista le aplica las palabras bíblicas: No porfiará, no gritará, no voceará. Muy al contrario, él se tenía por manso y humilde de corazón. ¡Ejemplar determinación! No es así como proceden los gobernantes de nuestros días, por desgracia para todos.


Reflexión: El enigma en el lenguaje bíblico

    Desde la más remota antigüedad, la sabiduría comprendía fórmulas tenidas por misteriosas que llamaban enigmas. El enigma es elemento integrante de todo conjunto de creencias y el pueblo de Israel no es una excepción. El enigma bíblico tiene poco que ver con la simple adivinanza y el galimatías. El colmo de la sabiduría para el pueblo de Dios residía en la facultad insólita de interpretar sueños o desvelar dichos enigmas, como le ocurre a José en Egipto o a Daniel en Babilonia. La sabiduría que ensalza a Salomón tiene mucho que ver con su facilitad para resolver signos enigmáticos.
    A Moisés, se nos dice en el libro que conocemos por Números, Dios se le revelaba cara a cara, en tanto que con los profetas Dios se vale de sueños y visiones que hay que interpretar. O sea mediante enigmas. Resolver un enigma es motivo sobrado de alegría y así dice el salmista en el salmo 49: Al son de la cítara, descubriré mi enigma. El profeta Ezequiel, a su vez, invita al hombre a proponer un enigma, una parábola, de modo que ahondar en el sentido del relato parabólico es desenredar la madeja de su sentido. San Pablo dice más. San Pablo explica que aquí, al hilo de las cosas, vemos las verdades y la misma realidad de Dios como en un espejo, en enigma, y sólo cuando Cristo regrese glorioso lo veremos tal cual es, cara a cara. Son dos maneras de ver, imperfectamente aquí, en vida nuestra, sin más elemento adivinador que la fe, y plenamente luego, en la cercanía de Dios.
    Entrar en lo hondo del mensaje de Cristo, no es el saber humano quien nos abrirá el hermetismo de su puerta. La fe y el amor prestaron luces deslumbrantes a quienes amaron y se dejaron amar por Dios. Son el resquicio a cuyo través se nos permite vislumbrar sus reflejos.

Rincón poético


A 40 GRADOS CENTÍGRADOS

Este incendio sin llama,
este ardor, esta hoguera,
¿dónde guarda el misterio
de que abrase la tierra?
Nadie sabe decirlo.
Nadie tiene respuesta.
Una escala lo mide
con exacta certeza,
escalón a escalón,
como en una escalera.
Ya no sé si son veinte,
si son treinta o cuarenta.
Sólo sé que esto es fuego,
que son ascuas de leña
y que nadie lo ha visto,
aunque todos los sientan.
¿Quién ha visto el soplillo?
¿Quién ha visto la tea?
¿No tendremos un diablo
apostado en la puerta?

(De Los labios del viento)

viernes, 20 de julio de 2012

El séptimo día


     Entre los preceptos farisaicos figuraba la prescripción del descanso sabático, que recordaba el día séptimo de la creación, llevado al extremo por ellos. Era el día del Señor, día en que se le honraba absteniéndose de toda actividad, sólo que quedaba adulterado por interpretaciones abusivas, hasta el punto de prohibirse atender a un moribundo o curar a un enfermo.   
    Jesús, con gran sentido común, entiende que la mejor manera de cumplir con el descanso sabático es haciendo el bien, lo que deja aturdidos a sis adversarios, que optan por hacerle callar sea como sea, lo que es tanto como querer acallar la conciencia.


Reflexión: La arena y el mar

    La Sagrada Biblia habla con repetida frecuencia de la arena de la playa, si bien siempre como término comparativo de lo infinito o innumerable. Pocas cosas son tan limpias como la arena de la playa. El sordo flujo y reflujo de las olas remueve sus partículas batiendo y lavándolas con terca solicitud, hasta dejar el sílice impoluto y brillante. Su espumosa blandura invita al paseo reposado, descalzos los pies, y los niños juegan socavando oquedades o edificando presuntos castillos que una ola repentina, atrevida, gamberra e irrespetuosa, como quien juega torpemente a manotazos, desmorona de un soplamocos.
    El mar es desconsiderado e indómito. ¡Cuidadito con él!

Rincón poético

LA HIJA DE JAIRO

La hija de Jairo
no ha muerto; descansa.
Se ríe la gente
que no cree en divinas palabras.

La hija de Jairo
sus ojos ha abierto.
La gente, aturdida,
no consigue explicar el misterio

La hija de Jairo
aspira  gozosa.
La gente no entiende
la razón de que huelan las rosas.

La hija de Jairo
da gracias a Dios.
La gente no sabe
que Jesús es la resurrección.

La hija de Jairo
sonríe al Señor.
La gente no entiende
el lenguaje sin par del amor.

La hija de Jairo
está con Jesús.
La gente está ciega
y al mirar no percibe la luz.

(De Los labios del viento)

jueves, 19 de julio de 2012

Venid a mí

 

 Jesús sabe lo arduo que es sujetarse a una enseñanza farisea que carga la conciencia del hombre sencillo con formalismos sin cuento, vacíos de sentido, puramente objetivos, mientras él hace consistir su enseñanza en el amor de Dios y de los hombres, y ofrece el lenitivo de su doctrina liberadora con esas palabras tan llenas de comprensión de quienes le quieran seguir: 
    -Venid a mi los que estáis sobrecargados con mil naderías que ni redimen ni justifican. Yo pondré remedio al yugo que han colocado en vuestra cerviz.  

    Escuchemos la palabra de Jesús para llevarla a la práctica y esa divina palabra, que es la vivencia del amor de Dios, nos hará libres.

Reflexión: Funcionarios imprescindibles
        Homenaje a Vicente Timor y José Vicente Nebot
 
    En empresas, colegios y centros de todo tipo, hay funcionarios que se “institucionalizan” de tal suerte que se vuelven imprescindibles y gozan de total reconocimiento; sin ellos, la máquina acaba por no funcionar; son piezas insustituibles del equipo de que forman parte.
    Hay quienes opinan que hay una inflación de funcionarios y comparan su número con el de otras primeras potencias, de modo vergonzante. Concluyen entonces que hay que disminuir drásticamente la cifra excesiva de ellos. ¡Por Dios! Que respeten al menos a quienes, en cada caso, contribuyen de modo decisivo al buen  hacer de la institución correspondiente.

Rincón poético

UN GERANIO EN EL BALCÓN

El geranio es ostentoso.
Sólo al gallo se asemeja,
alarido de color,
delirio de las macetas.
Capitán de los balcones,
nadie sus galones niega.
No sabe hablar, pero grita
en silencio con tal fuerza,
que no hay planta junto a él
que niegue su preeminencia.
Su arrogancia es tal, que induce
a descuidar su presencia.
Apenas peina el aroma,
invisible cabellera
de la exquisitez floral.
No cuida su aroma apenas.
¡Nadie es perfecto! El geranio
bien lo sabe. Es una pena.

(De Los labios del viento)

miércoles, 18 de julio de 2012

Elogio de la sencillez



    Jesús siente por la gente sencilla especial predilección. Sencillo era Natanael, que no conocía doblez; sencillos como palomas han de ser sus enviados; hay que ser incluso inocentes con sencillez de niños para poder abrir la puerta de los cielos. Y da gracias al Padre, porque también los prefiere, cómo no, a los presuntos sabios altivos cuyo papel dice poco de la autenticidad que debiera sellar su persona.
    La sencillez recuerda la sumisa mansedumbre de las ovejas que Jesús pastorea. Dócil a su voz se muestra quien ha cursado con nota un largo bachillerato de humilde sencillez.


Reflexión: El báculo del pastor

    A los apóstoles enviados a la misión, les recomienda  Jesús que no lleven nada para el camino sino el bastón. No es otra la razón de que sus sucesores, los obispos, lleven en su función pastoral un báculo con que recordar cuál es su calidad pastoral. Son los enviados de nuestros días, en una Iglesia siempre en marcha.
    El bastón aparece también en el salmo 23:
   Es de noche. El rebaño sigue al pastor por cañadas oscuras. Acechan las alimañas, en una soledad poblada de aullidos, que dice otro salmo. Pero el pastor golpea con el báculo la piedra del camino de modo que su ruido impida que ninguna de sus ovejas se extravíe y dando confianza con su presencia a las más timoratas.
    Respetemos los símbolos con que la Iglesia enriquece su lenguaje simbólico, porque es respetar a la Iglesia misma, hablando el lenguaje de Jesús.

Rincón poético

     TRES VECES

El gallo de la veleta
ha cantado ya tres veces.
San Pedro llora que llora,
aunque el gallo no lo entiende.
Llora porque le negó
otras tres y se arrepiente.
Decidle al gallo que calle,
que la veleta se mueve,
y es el viento, de ese modo,
quien lo avisa y le reprende.
Tres días muerto Jesús,
resucitará por siempre.
Tres veces dijo que, un día,
le matarían los jueces.
Que quede en silencio el mundo
si de verdad verlo quiere,
que el gallo de la veleta
ha cantado ya tres,
y otras tres Pedro protesta
que él ama Cristo con creces.

      (De Los labios del viento)