domingo, 7 de abril de 2013

Apariciones en el Cenáculo


El pasaje evangélico nos relata la doble aparición de Jesús, en el Cenáculo, a sus discípulos, sobre los que sobrevuela el Espíritu Santo. Era el primer día de la semana y empezaba ya a anochecer. Por miedo a los judíos, tenían cerradas a cal y canto la puerta de la casa. Y de pronto, la figura luminosa y transparente de Jesús irrumpe como un relámpago en medio de ellos y les da la paz. 
Para certificarles de la veracidad de su presencia les muestra las huellas que los clavos han dejado impresas en su cuerpo. Y acto seguido les inunda con la fuerza del Espíritu que a él le ha devuelto a la vida, para enviarles a difundir el evangelio por todos los rincones del mundo.
No estaban todos. Tomás, ausente, se resiste a creer lo que refieren sus compañeros. Benditos de Dios los que crean sin haber visto, le dirá Jesús como reproche. Una bienaventuranza que viene a destacar lo mismo que aquella otra de Isabel a María: Bendita Tú, porque has creído. Se puede decir entonces que es la fe en la resurrección de Jesús el tema primordial que persigue esta aparición en el evangelio de Juan. Vivir la fe es vivir la palabra de Cristo, que no muere nunca y nos asegura la vida eterna. La fe es el aval de nuestra salvación. 


Reflexión

El nuevo arzobispo fray José Rodríguez Carballo, ministro general de la Orden franciscana

Fray José Rodríguez Carballo, actual ministro general de la Orden franciscana, ha sido elevado por el papa Francisco al orden episcopal, como arzobispo de la sede titular de Belcastro, y  de la Congregación para los Religiosos.
Se formó en los colegios seráficos de Zamora y La Coruña e hizo estudios en Jerusalén, donde se ordenó sacerdote en la iglesia de San Salvador. Es licenciado en Teología Bíblica y Sagrada Escritura y entre sus actividades cuenta la de asistir a los sínodos de los obispos de 2005, 2010 y 2012, entre otros cometidos.

Preguntado por los periodistas, dijo: “Acabo de llegar de Estados Unidos. Tras once horas de viaje, me entero del nuevo nombramiento del Papa. Esperemos que salga mejor que el Tolin que nombró Benedicto XVI, al que tuvo que echar poco después”.
Roguemos a Dios para que su nombramiento resulte tan certero y fructífero como toda su obra anterior.


Rincón poético

    RESUCITÓ

Resucitó, aleluya.
¡Resucitó!

Resucitó Jesús,
como un cerezo envuelto en flor.
La primavera, al soplo suave
del aliento de Dios,
alzó su frente luminosa.
¡Resucitó!

Resucitó Jesús
El río aquel que ya acunó
María entre sus dulces brazos
todo él se desbordó
y puesto en pie lo atestiguaba.
¡Resucitó!

Resucitó Jesús,
una granada que se abrió
sangrienta como llamarada
envuelta en su esplendor,
gritando su ventura.
¡Resucitó!

Resucitó Jesús.
La Magdalena oyó su voz,
y en Emaús, partiendo
el pan hubo otros dos
que le reconocieron.
¡Resucitó!

Resucitó Jesús
en nuestro mismo corazón. 
La fe lo hace presente,
lo pone en pie el amor, 
la esperanza lo vive.
¡Resucitó!

(De La apresurada ternura del almendro)

sábado, 6 de abril de 2013

Sábado de la octava: La resurrección


El texto de Marcos junta en un mismo pasaje varias apariciones: a María Magdalena,  a los discípulos de Emaús, y caída la tarde, a los Once, reunidos en el Cenáculo mientras comen sentados a la mesa. Jesús les reprende con cierta vehemencia la dureza de corazón ante el testimonio de los anteriores, a quienes no acaban de creer. Y desde el texto, cobra singular importancia el mandato de predicar el evangelio y su realización en todas partes.
Dar testimonio de Jesús ayer, hoy y siempre, y difundir su evangelio por doquier son cometido urgente que nos incumbe a todos sin excepción, en un mundo donde no se estila demasiado creer en Dios.


Reflexión

Si Cristo no ha resucitado

Era necesario que Cristo se apareciera insistentemente a unos y otros para que constara  que había vuelto a la vida según el Espíritu junto al Padre; de lo contrario, nadie hubiera sabido que, rescatados con su sangre, disfrutábamos de nuevo de la amistad de Dios. Para eso había resucitado. San Pablo lo tiene muy claro cuando sentencia además que si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe no tendría sentido. 


Rincón poético

   EN EMAÚS

Dos amigos a Jesús
le invitan a descansar
del camino; todavía
no saben con quién están.
En la mesa acomodados,
disponen de vino y pan.
Es la cena suficiente
de los pobres, muy frugal.
¡La viña y el trigo juntos 
para un rito singular! 
Bendice Jesús la mesa,
y justo al partir el pan,
la fe ilumina la estancia,
pero Jesús ya no está.
La fe es la luz cegadora
que ahuyenta la oscuridad.
Creer lo que todavía
no vemos. ¿Para qué más?

( De La apresurada ternura del almendro)

viernes, 5 de abril de 2013

Aparición de Jesús en el lago

    Esta aparición cierra el evangelio de Juan, que aparece como personaje que estuvo presente y atestigua la aparición. El protagonista que centra el pasaje es Pedro, a quien Jesús reprende preguntándole tres veces lo mismo: Pedro,¿ me amas más que estos? Tres habían sido las veces que Pedro le negó cobardemente durante la Pasión de Cristo.

Sólo quien le ama de veras puede presidir fielmente su Iglesia. El papa Francisco ha pedido a los ministros de Dios que deben implicarse en el ministerio pastoral hasta oler a oveja. Todos, desde el sacerdocio común que recibimos en el bautismo, hemos de oler a oveja, que es la mejor manera de oler a Cristo.

Reflexión

Ya era tarde

Uno podría preguntarse cómo sería el corazón de Judas, para responderse que no tenía corazón. Judas, ocultando en vano que ya ha vendido a Jesús, comulga con Cristo, sin comulgar, porque comulgar es hacerse una cosa con él. Y el evangelio nos avisa por eso que al recibir el pan, el diablo entró en su corazón adueñándose de él. Tarde se arrepintió de su inexcusable torpeza, tarde se despojó de aquellas monedas que ardían como ascuas en sus manos. Dicen que, ciego y desesperado, buscó la rama escueta de un árbol seco y se ahorcó, quedando como tizón humeante que  cuelga del techo. No amaba a Jesús; se amaba a sí mismo, porque amaba codicioso el dinero.


Rincón poético

          RESUCITÓ

La luz que había en sus ojos
y en una cruz se apagó,
vuelve a brillar en las manos
de Dios.

Lo mataron para siempre.
¡Qué necia equivocación!
La vuelve a alentar la vida
de Dios.

Ya no podrán apagarla
el odio ni la traición,
que lleva en la frente el sello
de Dios.

El aliento que respira,
incendia su corazón
como llama sempiterna
de Dios.

 Cantadle aleluya al Padre,
cantadle a nuestro Señor
y al espíritu beatífico
de Dios.

( De Ternura del almendro)

jueves, 4 de abril de 2013

Aparición en el Cenáculo



        En el pasaje anterior, los discípulos de Emaús declaran que, cuando caminaban con Jesús hacia el poblado, no le reconocieron porque tenían los ojos cerrados, y cuando le reconocen en el gesto de bendecir y partir el pan, se les abrieron los ojos.

     
    Tratar de ver con los ojos a Jesús divinizado por la resurrección, es tener los ojos cerrados, porque ahora es la fe el sentido divino de la percepción de Dios, la que nos permite ver a Jesús vivo otra vez. 
       Si llamamos perspicacia a la facultad de ver minuciosamente, podemos decir que la fe es también perspicaz de otra manera, porque ve más allá de las realidades tangibles, adivina lo que no se ve, pero presiente que es. No es otro el presentimiento de Juan ante el sepulcro vacío, esa corazonada que le revela la nueva presencia de Cristo resucitado. En el Cenáculo, lo ven todos, mediante el Espíritu.
Que Dios nos dé esa perspicacia que nos permita olfatear su presencia y encendamos nosotros una porción de amor de Dios, que es donde la fe se templa al fuego.


Reflexión

Daré la vida por ti

Pedro, siempre vehemente y efusivo, asegura rotundamente que no dudará en dar la vida por Jesús, quien conoce su veleidad y le desengaña al punto. No siempre las palabras, tan sumisas y fáciles de manejar, se encarnan en nuestra conducta con ese mismo coraje con que se dejan decir.
Son muy sufridas y no siempre fieles, porque no lo somos nosotros, que nos reflejamos en ellas. No hay que dudar con todo de la buena fe de Pedro al expresar su amor por Cristo. En ese momento, desbordado, lo hubiera dado todo por él. Así, al menos, lo veo yo.


Rincón poético

MUERTO Y RESUCITADO

Si Cristo vive y deslumbra
copiosa en su corazón
la luz resucitadora
del Espíritu de Dios,
al morir uno con él,
pues que no muere el amor,
¿qué no ocurrirá si estamos
en uno juntos los dos?
Vive quien muere del todo
para estar siempre con Dios.
La muerte a mí se me antoja,
en mi castillo interior,
que es un puente levadizo
cuya entrada da al Señor.
Morir a lo que no es él,
es la manera mejor
de ir esparciendo en las zarzas
las cenizas del dolor.

(De La apresurada ternura del almendro)

miércoles, 3 de abril de 2013

Miércoles de Pascua: los discípulos de Emaús

El texto de este pasaje consta de dos partes en claro contraste. En la primera, los discípulos de Jesús, desconcertados porque, a los tres días de la muerte de Jesús, todavía no ha resucitado, caminan hacia Emaús con él, sin percatarse de su realidad divina.

Durante la cena, el signo conocido por ellos que hace el viajero de bendecir el pan, despierta en ellos la fe en su persona resucitada, cuando ya no está, porque la fe es creer lo que no vemos. Y sin más, acuden jubilosos a testimoniar lo que han visto, ante los demás discípulos. Y es que al reconocimiento, sigue el testimonio y difusión de lo que la fe acaba de descubrir.


Reflexión

La piedra que cerraba el sepulcro

Camino del sepulcro, las santas mujeres temían no poder correr la piedra que cerraba la entrada del sepulcro. Los sepulcros judíos, excavados en la roca, quedaban sellados por una piedra redonda de gran tamaño que había que rodar para acceder a la estancia interior donde descansaban los restos del difunto. Su notable envergadura es lo que hizo sospechar a las mujeres que no conseguirían dejar la puerta franca. Afortunadamente, una misteriosa mano solícita lo había hecho por ellas.


Rincón poético

NO TE VAYAS YA NUNCA

Jesús, ya estás de nuevo
entre nosotros;
te han visto tus amigos
llenos de asombro.

No te vayas ya nunca
de nuestro entorno.
Tu ausencia atenazaba
de miedo a todos;

pero has vuelto; te vimos
llegar de pronto 
y tamaña sorpresa
nos dejó atónitos.

Para que nunca acabe
nuestro alborozo,
escucha mi plegaria. 
Jesús piadoso: 

Ya que has vuelto de nuevo
tan luminoso,
no te vayas ya nunca 
de entre nosotros.

(De La apresurada ternura del almendro)

martes, 2 de abril de 2013

Martes de Pascua: María Magdalena


Incomprensiblemente, el sepulcro está vacío y no es posible saber dónde han puesto a Jesús. El cinismo judío hallará una pronta respuesta que les tranquilice y desengañe a la gente de toda posible curiosidad: lo han robado sus discípulos. A María Magdalena, desconcertada, sólo puede consolarle el recurso reconfortante del llanto, y llora a moco tendido. Ni reconoce a Jesús en el supuesto labriego que se le cruza en el huerto. Es la ternura con que Jesús pronuncia su nombre el signo revelador de su nueva presencia. Jesús se despega de sus intentos de retenerlo y se apresura a dar cuenta de lo que ha visto a los discípulos.

Reconocimiento y testimonio son la consecuente respuesta lógica al misterio. Cristo vive.

Reflexión

El muro separador

En el templo de Jerusalén, existía un atrio vergonzoso para los gentiles, como gente indigna, separados con un muro del resto de gente. San Pablo, al hablar de la inexcusable unión de todos los seguidores de Cristo, al margen de su condición originaria, alude a ese oprobio y destaca que entre los renacidos por el agua no existe discriminación posible alguna. Cristo, resucitando, ha roto las barreras y ha establecido la paz entre todos los hombres.


Rincón poético

A MARÍA MAGDALENA

María, oculta tu llanto,
que no lo note Jesús: 
bastante tiene ya con
el suplicio de la cruz.
Cúbrete el rostro, que nunca
muere del todo la luz.
Las cenizas del pecado
aventa, con su actitud
renovada, la presencia
luminosa de Jesús,
reverdecido de nuevo
como un olmo o un abedul.
Vivo volverá pujante
con la fuerza de un alud,
y cuando llegue serás
la primera en verle tú.
María, enjuga tu llanto 
ya con tu mantilla azul.

(De La verdad no tiene sombra)

lunes, 1 de abril de 2013

Lunes de Pascua: el testimonio de la resurrección

Cristo ha resucitado. Y los evangelios nos enseñan oportunamente que la situación que crea su ausencia temporal queda en manos de Dios, cuyo Espíritu hará las veces de Jesús en la Iglesia, actitud básica para el reconocimiento de la resurrección por la fe, que comporta poder testimoniarla. El texto evangélico nos sitúa en ese contexto. Las mujeres, sorprendidas, descubren la presencia de Jesús y corren de inmediato a testimoniarlo ante los discípulos, llevando la noticia de su próxima aparición en Galilea.
Es sintomático de estos hechos el movimiento azorado de cuantos gozan de estas primicias privilegiadas de sucesivos encuentros con Jesús, provocados por el paso súbito del no saber, a la sorpresa de toparse sin más con Cristo, vivo otra vez.


Reflexión

El capirote

       En las procesiones de estos días, los cofrades van tocados con largos capirotes, gorros de forma cónica como cucuruchos. El capirote se le ponía a los reos haciendo recorrer la ciudad en borrica para su sonrojo y escarmiento ejemplar de la gente. No sé por qué razón a un tonto eximio se le llama tonto de capirote, si no es por la forma destacada de hacerle notar usando esa prenda. No le veo ni creo que exista alguna afinidad entre reo y tonto.
El capirote del cofrade tiene como singularidad que la tela que lo cubre baja hasta el pecho, en una muceta con la que queda oculto discretamente el rostro a la curiosidad de la gente.


Rincón poético

    NOCHE OSCURA

Llegó al atardecer, muy poco a poco,
como llegan las horas,
como llega la luna,
pero la oscuridad fue tan espesa,
que al andar a tentones no sabía
si era verdad el río y su murmullo,
ese arrullo de besos que da el agua 
al soplo de la brisa,
si eran verdad las piedras
de tropezar en el camino, 
si era verdad la misma noche
negra como un fogón.
Y brillaron dos ojos, 
y tuvo miedo. Un ramalazo
tembloroso de pánico
paralizó su sangre, y quedó inmóvil
mirando fijamente aquellas ascuas
amenazantes. No podía
gritar, llamar 
al menos, ni decirle a nadie
que el miedo es un puñal en la garganta,
una maroma atada a puerto, 
un ancla inconcebible
hincada en el abismo.
E inopinadamente, 
el lobo se marchó. No tuvo agallas
para atacar a quien, presuntamente,
impertérrito, tuvo la osadía
de mantenerse firme y decidido
tanto tiempo ante él desafiante.

(De La verdad no tiene sombra)