martes, 14 de mayo de 2013

Esta es la vida eterna


    Jesús habla despacio, con parsimonia. Habla tranquilamente, como si nada ocurriera, desde su  más honda serenidad. La paz de Dios, que es la suya, le envuelve en todo momento.
      Jesús define la vida eterna como el conocimiento de Dios y de su enviado, un conocimiento pleno, trascendente, que sólo se da en su compañía amorosa y la aceptación de su palabra, por la que llegamos a conocer a Dios. La vida eterna exige el conocimiento de Dios, porque nadie que no conozca a Dios cabalmente puede estar eternamente con él, y de ahí que consista en poder mirarle cara a cara, rebosantes de amor y felicidad. 
     San Pablo dice, por eso, a sus cristianos que el día que lo puedan  mirar frente a frente, el día que también nosotros lo podamos ver tal cual es, con los ojos limpios, seremos como él, es decir, participaremos de su gloria, que es el gozo de la eternidad. 


                                       Reflexión

                                                      Las parábolas de Jesús

Las parábolas no son exactamente relatos que comportan una enseñanza, sino que ellas mismas son anuncio, kerigma, frecuentemente de lo que hay que entender por reino de Dios, y una de sus novedades es la apelación inicial que se hace al principio a los oyentes: ¿Con qué compararemos el reino de Dios?, un estilo coloquial que no tiene el envarado comentario alegórico del escriba. La Iglesia daría también forma alegórica a algunas parábolas para facilitar su comprensión. Los evangelios nos dicen claramente que Jesús hablaba en parábolas, muchas de las cuales parece ser que no han llegado a nosotros.

                                  Rincón poético

      AL ALBA

La tenue luz del alba
se descalzó para pasar el río.
Tiene blancos los pies, blandos los dedos,
como el cariño.
Peces que se acercaron a mirar
curiosos como niños,
brillaron tan azules,
tan plateados, que ellos mismos
se miraban perplejos
como una niña en un espejo frío.
Saca sus pies del agua
el alba prosiguiendo su camino
por entre los naranjos 
que acristala el rocío.
Qué triste queda entre cañaverales
el agua verde que da curso al río.

(De La flor del almendro)

lunes, 13 de mayo de 2013

Ahora sabemos que sabes

   Jesús para afirmar la fe de los suyos les anticipa cosas muy pronto comprobables, porque están a punto de ocurrir, como, por ejemplo, que está llegando el momento en que se dispersen despavoridos y le dejen solo. Y hace un balance de todo lo dicho hasta ahora, para confiarles que lo hace para que no tiemblen ante la adversidad y hallen paz en él.
    Esto es lo importante. Jesús, incluso al borde de su muerte, está siempre pendiente de los suyos y dispuesto a hacerles partícipes de su paz, para evitar que tiemble su corazón. No lo olvidemos nunca. En su compañía, no ha de faltarnosjamás la paz que él da a quienes le buscan. Ni qué decir tiene que importa mucho estar siempre en paz con Dios, estar siempre a buenas con Dios.
Que su paz, pues, esa paz imperturbable de quienes están en el mundo, pero no son del mundo, sino de Dios, la paz de Cristo, no nos falte nunca y esté siempre con nosotros.                                      
                                 
  
                                          Reflexión

                                                                Hoy como ayer

El evangelio tiene una rabiosa actualidad que sorprende a cuantos lo leen. Es como si se hubiera escrito hoy mismo. Jesús dice en él que dar muerte a cristianos llegaría a ser tenido como un modo de dar culto a Dios. Quien lee esto, piensa de inmediato en quienes, en nombre de su dios matan a cristianos o les niegan los mismos derechos que no se les niega y exigen ellos en países de tradición cristiana. Jesús sigue hablándonos hoy como ayer.


                                       Rincón poético

EL GALLO DE LA VELETA

Hay un gallo en la veleta
que no ha aprendido a cantar.
Algo tiene en la garganta,
dice gente del lugar.
Su trompeta vigilante
nadie sabe dónde está.
Tres veces reprendió a Pedro
con la suya singular,
al amanecer de un día
más sangriento que un lagar,
otro gallo, aquella noche,
que es mejor no recordar.
No fue un canto, porque fue
un grito descomunal,
ni usó chillona trompeta,
que usó más bien un puñal.
En lo alto del campanario
hay un gallo de metal
al que le llena de gozo
que no ha aprendido a cantar.

( De La flor del almendro)

domingo, 12 de mayo de 2013

La Ascensión

Este pasaje nos suministra una triple revelación:
           1º Jesús es el Señor de toda la creación, que desde ahora le está sometida y se cumple lo que: Todo fue hecho por él y para él.
        2º Se nos revela la misión de su Iglesia de ir, enseñar, bauitizar y guardar los mandamientos evangélicos, de modo que el poder pascual de Jesús es, como una extensión de las relaciones de las tres divinas personas entre sí.
          3º Jesús respalda a su Iglesia con una promesa: Estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos.
El momento en que la figura de Jesús se desvanece ante la mirada de los suyos, es la señal para que la Iglesia empiece a expandirse y a difundir el mensaje de Cristo por toda la tierra. Comienza aquí donde la historia de la vida de la Iglesia, con la presencia de Jesús inspirándole, mediante el Espíritu, hechos y palabras. Así es la presencia escondida de Jesús en su Iglesia.
       Todo lo contenido en las Escrituras, queda ya cumplido: los sufrimientos salvíficos del Siervo de Dios, la muerte y resurrección de Jesús, la conversión, el testimonio de los seguidores de Jesús. El lenguaje con que los evangelistas nos hablan de la Ascensión, no deja de ser un recurso literario, tomado del lenguaje apocalíptico, para expresar lo inefable, ese misterioso cambio de perspectiva que comporta la Ascensión, y que es, en definitiva, una experiencia íntima y única de los discípulos de Jesús, que los evangelistas imaginan y trasladan a la expresividad literaria como mejor pueden. La Ascensión marca, pues, el fin de una forma de viva presencia, y el comienzo de otra sacramental, en la que el Espíritu de Dios hace las veces de Jesús en la Iglesia, que no nos faltará ya nunca


                                                             Reflexión

                                                      Ignorancia e intransigencia

Jesús explica la razón de que sus seguidores padezcan una persecución implacable. El motivo corriente reside en que no los comprenden porque no conocen el designio de Dios so Cristo. Un desconocimiento desde la intransigencia de quien sigue creencias excluyentes. No creen ni admiten que otros crean. Ignorancia e intransigencia se concitan para encender la pira donde la fe se convierta en cenizas como un cadáver. Muy al contrario, lo que ocurre es que la palabra de Cristo no muere nunca. A una abeja no se le curre libar en una piedra roqueña.


                                     Rincón poético

LA IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS

El Señor lacró
la carne enfermiza
del santo de Asís,
 con sus cinco heridas.
Cómo duele Cristo,
la cruz cómo humilla
a quien sus descuidos
en ella adivina.
Francisco, arrobado,
no siente la vida. 
Se ha apropiado Cristo
de sus energías.
La tierra le ignora,
absorto levita,
y el aliento leve
del Señor la habita.
Cuando vuelve en sí
sabrá las delicias
de que le ha hecho Dios
su imagen eximia.
Cristo le ha lacrado 
con sus cinco heridas.

(De La flor del almendro)

sábado, 11 de mayo de 2013

Presencia de Jesús en su palabra


Jesús se va, pero no del todo, porque de alguna manera se ha ingeniado el modo de que no  falte ya nunca su presencia misteriosa a lo suyos.  Se va, porque ya está rondándole la muerte, y se queda, porque nos promete su presencia real en su palabra y en el pan eucarístico, mediante el Espíritu, una presencia que comporta un requisito a cambio, permanecer fieles a su amor.
Lo que garantiza la vitalidad y eficacia de la Palabra de Jesús es, de parte de Dios, su origen divino y el respaldo del Padre; y por parte del hombre, el fuego del amor que la mantenga viva. La palabra de Dios es como un fuego que hay que alimentar solícitamente, so pena de que se extinga, y ese fuego sólo se aviva viviendo la vida de Dios, en el cumplimiento de su voluntad, actualizada y expresada por Jesús. Mediante el Espíritu, a quien corresponde ahora también ayudar a sus discípulos a recordar y recuperar la divina palabra en la Iglesia.


                                      Reflexión

                                                         El celo apostólico

Para san Pablo constituye un ardua tensión pugnar contra viento y marea porque el misterio de Cristo llegue a conocimiento de todos.  Y es tal el ardor que suscita en él ese afán, que llega a llamarlo lucha, porque en su intento se debate de incansable modo. No sabéis que lucha estoy padeciendo, viene a decir, por vosotros, escribe a los cristianos de Colosas, para que alcancen un perfecto conocimiento de Cristo, y se deja llevar de su entusiasmo en la consideración de tan soberano misterio, “ en el cual están contenidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia”. Y es que la fe nos descubre a Dios, pero es el amor quien le pone precio. En dos ocasiones vuelve a usar dicho concepto, escribiendo a lo filipenses, al aconsejarles que “luchéis unánimes por el evangelio” y al pedirles presten ayuda a Evodia y Síntique, “ ya que lucharon por el evangelio a mi lado”.


      Rincón poético

   LLAMANDO A MI PUERTA

Llamo a mi propia puerta
porque sé que me habitas y estás dentro. 
Necesito llamar. También yo quiero
estar dentro de mí. Fuera anochece
y está nevando y hace frío.
No me cierres mi puerta. Deja acaso
cerradas las ventanas,
que el viento no se adentre pretextando
que él también tiene frío.
El frío está en las cosas. No hay en ellas
ni atisbos de emoción, 
esa caricia del estremecimiento
que hace vibrara el curso enrojecido de las venas.
Más allá de la puerta, está la noche,
la cerrazón oscura de no verte,
la indiferencia ante la luz azul de tus misterios.
De noche justamente,
vi que en tu busca
venía arrebujado Nicodemo.
Tú alzas sobre los hombres, en la mano,
una candela inextinguible
como un vuelo de luz.
No cabe el mundo donde tú te alojas.

(De La flor del almendro)

viernes, 10 de mayo de 2013

Tristeza y gozo pascual


    Jesús anticipa la tristeza que ha de producir la soledad aneja a su muerte, y les alienta prometiéndoles que esa tristeza ha de convertirse luego en gozo pascual.
    Las alegrías nos vienen a veces solas. Pero, por contraste, nunca son tan grandes e intensas y mueven tanto, como cuando hemos estado desangrándonos, y llegan de pronto a borrarnos la tristeza que nos acongoja.
     Imaginemos la alegría de una comunidad sumida en el desconsuelo cuando empiezan a llegar, de modo creciente, las noticias de la resurrección de Cristo. Las mujeres han visto el sepulcro vacío y un ángel les ha dicho que Cristo vive; dos discípulos, llegan a todo correr desde Emaús, testificando que lo han visto vivo. Y acto seguido, Jesús se les aparece allí mismo, en el Cenáculo, a un grupo importante de discípulos que no salían de su asombro.
      La alegría les inunda el corazón. Se trata de una alegría conquistada, elaborada a fuerza de titubeos y dolores, desde lo hondo del descalabro. Ahora empezarán a comprender las Escrituras. Todo ocurre como un doloroso alumbramiento, de modo que el dolor se sublima, gracias a una visión nueva de las cosas, como le ocurre a la parturienta.
     A veces, todo lo que necesitamos para cambiar un gran sufrimiento en gozo, es un cambio en el punto de vista. Mirar las cosas desde los ojos resucitados de Jesús, que inunda de alegría pascual las tristezas más negras sólo con su presencia luminosa.


Reflexión

Las novedades de la predicación de Jesús

No sólo hablaba con autoridad, como oportunamente advierte la gente exponiendo su propia verdad, a diferencia de escribas y fariseos que comentan la Escritura, sino que procede también de diferente manera. Es diferente la condición del séquito de seguidores que constituyen su entorno habitual, formado por gente no precisamente letrada, y mujeres, algo impensado en la tradición judía de la formación de escribas y
fariseos, y no menos nuevo son los lugares donde ejerce su enseñanza, primero en las sinagogas, luego de camino y a campo abierto, e incidentalmente en un amplio patio como el de la casa de pescadores de Pedro, y en el mismo templo de Jerusalén, donde no sólo habla con autoridad, sino que la ejerce.


Rincón poético

     ESPERANZADOS

Escucho las noticias. Me pregonan
que no va todo mal, que hay esperanzas
fundadas, de que llegan
tiempos más bonancibles,
acaso más allá del horizonte,
y el niño tendrá pan, 
una boina el abuelo,
y nacerá la luz, una luz nueva,
rebosantes cosechas de amapolas,
trabajo bien remunerado
y un sueldo suficiente, 
esas monedas necesarias
para sepultar deudas que acogotan
y estrangulan las ganas de vivir.
Y lloverán pan blanco y manteles
y un vaso limpio de agua fresca
morosas nubes pasajeras.
Lo dijo un locutor con convincentes
maneras, demudado el rostro
por la emoción, ese aleteo
de recóndita luz inexplicable,
ese relampagueo jubiloso.
No hay que desesperar. Como un camino,
como la lluvia y el curvado
recorrido del sol, todo concluye
para nacer de nuevo. 
Hay una tapia que clausura el día
entre sombras de olivos y almiares,
hay una tapia en que se acaban prisas, 
en que descansa todo,
el desengaño, las carencias,
las alegrías, las adversidades.
Mañana nace el sol. También lo han dicho.
No hay que desesperar si todo llega.

(De La flor del almendro)

jueves, 9 de mayo de 2013

Dentro de poco no me veréis



    Es fácil entender que el verbo ver se usa aquí con doble acepción: el primer tiempo verbal, no me veréis, se refiere a la visión sensible de nuestros ojos; el segundo, me veréis, alude al modo de percibir la presencia divina desde la fe.

Es una de tantas maneras de anunciar que tiene que morir, esa revelación tan difícil y tan triste para los suyos. Aún así, Jesús procede con ánimo alentador, y les ha prometido ya a sus discípulos que, muerto, seguirá viviendo, y que aunque el mundo deje de verle, ellos sí que le verán.
    Vivir las palabras de Cristo, es vivir con él ausencias y vivas presencias de un Dios resucitado ya para siempre. Alegrémonos en estos días con él, por haber vuelto a nosotros, para llenar de fe y esperanza nuestra vida cristiana.


                                       Reflexión

                                                 El cuerpo místico de la Iglesia

San Pablo habla varias veces de la comunidad cristiana como un cuerpo donde todos sus  miembros guardan cabal armonía entre y sí y cuya cabeza es Cristo. De ese organismo espiritualmente vivo recibimos la gracia de ser y vivir a Cristo comunitariamente y a nivel personal. Quien se excluye de esa comunión por una conducta adversa, es como el sarmiento que, privado de la sabia que le nutre, se seca, que dice Jesús. Quien cumple los mandamientos evangélicos, permanece en el amor de Cristo.

Rincón poético

          SOY POBRE

Soy pobre porque quise, porque un día
alguien más pobre todavía
que yo, llamó a mi puerta
para pedirme que dejara
de no ser pobre.
Soy pobre porque quiso
como él, que fuera pobre, Jesucristo, 
y porque urgía que le amara
tal como es él, anonadadamente pobre. 
Le despojó de todo Dios un día.
 Su pobreza fue entonces sólo ser, 
frente a quien sólo se complace 
en poseer copiosamente.
Soy pobre porque quise y porque él quiere. 
Y no es fácil ser pobre, desprendido
como una nube pasajera
que llueve en cualquier parte
de todo aquello que no es Dios. 
Las cosas de este mundo no son mías:
la plaza, la mascota, los amigos,
la silla en que ahora escribo,
ni siquiera el camino que va a Dios.
Todo me lo han prestado.
Tengo incluso mi vida en alquiler.
Quiero ser pobre como pobre es Cristo.


(De La flor del almendro)

miércoles, 8 de mayo de 2013

El Espíritu Santo me glorificará

Esta semana la dedica la liturgia a darnos a conocer el contenido de nuestra fe en el Espíritu Santo, por boca de Jesús. Son, pues, palabras altamente reveladoras del misterio de Dios.
Jesús dice que le glorificará el Espíritu de Dios. ¿Qué quiere decir con ello? Quiere decir que el Espíritu, que es Dios mismo, les hará comprender todo lo que él mismo les ha revelado ya, pero cuyo sentido se les escapa todavía; que el Espíritu de Dios les educará esclareciéndoles cuál será el sentido último de su muerte y el orden nuevo que sobrevendrá, una vez haya sido instaurado Jesús como cabeza de la Iglesia que está fundando aún.
Al Espíritu de Dios le toca, pues, ahondar y hacer entender el mensaje de Jesús y  patentizar su amor al mundo, o lo que es lo mismo, su gloria. Y es que el Espíritu de Dios, depositario de todos los dones, es quien nos capacita para realizarnos como cristianos y miembros de la Iglesia, desde cometidos comunitarios e individuales distintos.
Que nos dé la necesaria sabiduría para conocer nuestros misterios, y el consejo que nos facilite proceder siempre con el mejor criterio en todo.

Reflexión

Todo lo que pidáis en mi nombre...

Para los judíos, el nombre de una persona no tiene meramente una función distintiva, sino que significa a la persona misma, el nombre es ella. Así sucede que en la literatura bíblico el nombre de Dios es su persona misma. Y eso mismo es lo que hay que entender cuando Jesús promete a sus discípulos que obtendrán cuanto pidan a Dios en su nombre. San Pablo, escribe a los cristianos de Tesalónica que hagan el bien y practiquen la fe para gloria del nombre de Jesús, y proclamaba, también por eso, que ante el nombre de Jesús había que doblar toda rodilla. Pidamos, pues, a Dios lo que necesitemos, en el nombre de su Hijo.

                                   Rincón poético

      LA CONTAMINACIÓN

El aire fementido
de la ciudad, enfermo y amarillo,
¿quién halla un poco de agua y una esponja
para limpiar sus ventanales 
por donde pugna por nacer el día?
El ambiente está sucio y desdentado
como boca famélica de rata.
Llega la luz esmerilada
y nos escuecen
los ojos de acidez. Más vale un árbol
junto a una acequia 
que una calle opulenta y mercader
que no conoce el campo. Las montañas
se alejan asustadas, temerosas
de las alcantarillas, esa oculta
ciudad avergonzada
que habitan roedores.
Volved a poner puertas
a la ciudad, que no se vaya
la gente, hasta que llueva,
y la mano de Dios lave solícito
con la nítida esponja de su luz
la mugre pegajosa que entenebrece el día.

(De El almendro en  flor)