sábado, 7 de septiembre de 2013

Jesús, Señor del sábado

Los apóstoles no tienen qué comer y calman su apetito desgranando espigas. Unos fariseos, escandalizados, porque es sábado, entienden que semejante actividad contraviene  lo preceptuado para el descanso sabático. Jesús les hace ver la aberración de censurar al necesitado que recurre inevitablemente a lo que buenamente puede para alimentarse de tan pobre manera. Y aún añade que él es Señor del sábado. Si el descanso sabático se decreta para honrar a Dios, él es su Hijo, “por quien todo fue hecho”. Esta en condiciones incluso de cambiar la norma.

Reflexión

La humildad

En el camino de la perfección del amor, la humildad es la clave de la vida cristiana. Es la virtud que nos ayuda a tener un conocimiento auténtico de nosotros mismos y a reconocer hasta qué punto dependemos en todo de la gratuidad de Dios. De hecho, Dios valora más al hombre humilde que al generoso, dice el Eclesiastés.
Hay que evitar querer descollar sobre los otros, fingir ser más de lo que somos. De alguna manera, al convertir a otros en mera referencia de nuestra supuesta importancia, los estamos menospreciando, ya que los usamos como escalones para prevalecer sobre ellos. Jesús viene a decirnos entonces que es preferible una actitud de reconocimiento y generosidad hacia los demás. 
Él nos aconseja que desarrollemos en nosotros actitudes de  gratuidad para con los otros, a semejanza de Dios. Ya nos pagarán cuando resuciten los justos.

Rincón poético

 EL LLANTO DEL NIÑO

El Niño llora y María
no logra calmar al Niño.
¿Qué más le puedo dar yo
que rebase mi cariño?
Los niños lloran, a veces,
y su lenguaje impreciso
es el llanto, y lloran, lloran,
como la lluvia en el río.
Jesús, hombre, vio en el llanto
lo que el llanto es, un alivio.
Y así llorará algún día
la muerte de sus amigos.
Y habrá quien le quiera tanto,
que llore al haberse ido.
Llorad por Jesús, mujeres,
llorad sobre vuestros hijos,
que para el hombre, qué pena,
llorar es un desatino.

(De El espejo de Dios)

viernes, 6 de septiembre de 2013

Paño y odres nuevos


   Remendar un manto viejo con paño nuevo es tarea inútil. Lucas, desde el sentido que Jesús da a esas imágenes, hace ver que hay una total incompatibilidad entre los viejo y lo nuevo. Es la diferencia entre la antigua y la nueva alianza. La vieja, cumplido su cometido, desemboca en la nueva, una vez llegado el tiempo de la plenitud. No tiene sentido echar parches a lo viejo para que perdure, sino que el misterio salvador de Jesús aparca lo que ha perdido su vigencia.

  La nueva Alianza es continuación de la antigua, pero la sobrepasa y de alguna manera la sustituye. No soluciona nada empeñarse en que lo viejo perdure, porque hay que renovarse totalmente en la fe salvadora de Cristo, que es la palabra viva ahora. Y hay dos cuestiones que nos importan de manera especial:
¿Cuál es mi actitud ahora ante esta llegada renovadora de Jesús? ¿Miro hacia el pasado o hacia adelante? Y hay que evaluar entonces cuánto me falta para que mi corazón sea también nuevo, para que descubra el la gracia salvadora del amor de Dios, desde el que me debo a los demás con quienes he de salvarme. 
Que Jesús nos deje saborear el buen vino de sus misterios, porque no echemos de menos el antiguo de nuestro pasado inoperante y olvido de Dios.

Reflexión

La oración entre los judíos

Leo en Michel Froiadure que, entre los judíos, si bien la oración ostentosamente ritual del templo era primordial en sus relaciones con Dios, la oración personal en privado contaba para el rezo con los salmos, que desde pequeños, se acostumbraban al recitado de estos poemas sagrados, de modo que sabían muy bien cómo dirigirse a Dios y hablarle con toda libertad, partiendo de la amplia variedad de situaciones que personalizan los salmos. Con todo, la verdadera oración comenzaba cuando se acababa de hablar de uno mismo según esas claves y se daba entrada a Dios.
Y una aplicación. Las mujeres no podían rezar en la sinagoga. María, por lo tanto, se dirigía a Dios en su interior, mediante la oración privada.

Rincón poético

     LA PARRA

Lo repetía mi abuela:
no te subas a la parra.
Es como aquel que presume
de ser el rey de la nada.

La parra es como una mano
que pone techo al camino.
¡Qué prietos y amoratados
cuelgan de él los racimos!

Junto al muro, trepa tanto
que mi mano no la alcanza.

El sol le hiere sangrando
su sombra con una lanza.

Hay un dorado zumbido
de abejas al rededor.
Vienen a beber del mosto
de la uva, sin pudor.

La parra es como una madre:
da el pecho con placidez.
Bajo la parra, una silla,
la mesa y el ajedrez.

Nadie me ve, nadie observa
ni delante ni detrás.
Juego solo y me hago trampas. 
No lo puedo remediar.

(De El espejo de Dios)

jueves, 5 de septiembre de 2013

La pesca milagrosa


Es una de las escenas más encantadoras ésta de Jesús predicando a la multitud desde la alzada popa de una barca, la de Pedro, a orillas del lago, en Cafarnaún. La gente queda sobre unas rocas. Más que lo que habló, al evangelista le interesa el prodigio que  motiva la vocación de Pedro y Andrés, hermanos, con Juan y Santiago, hermanos también, a quienes Jesús les promete que les hará pescadores de hombres. 

Los apóstoles acceden a salir a pescar en atención a Jesús, sin esperanza alguna, porque han bregado en vano toda la noche. A menudo, Jesús nos pide cosas sorprendentes, y nosotros podemos optar por no hacer caso, desde el sentido común, o acceder desde la fe en su palabra misteriosa o extraña, como hace Pedro. 
El resultado también será distinto. Desde lo razonable, seguimos con las redes vacías; desde la fe, asistimos al prodigio de tener a mano la imprevisible grandeza de Dios.

Reflexión

Cinco panes y dos peces

Poca cosa para satisfacer el apetito de una multitud, ya al borde de la noche. Y ocurre que esos dos peces proceden del lago, que está ahí mismo, a unos pasos. Felipe, pensativo, con la mano en la barbilla hace cálculos y no sabe qué se pueda hacer con tan escaso condumio, porque Jesús les incita ello. Jesús habla desde la altura fe; Felipe, desde la inanidad del polvo.
La Iglesia primitiva que leyó ese pasaje de la milagrosa multiplicación del pan y los peces, creó el icono conmemorativo de un cestillo de panes y peces. El pan es de suyo materia eucarística; los peces del alimento siempre a la mano.

Rincón poético

LA PUERTA ESTRECHA

Señor, deja un resquicio
para salvar esa estrechez extrema
de tu puerta, la angosta
puerta de tu amistad.
No la cierres del todo, que al fi pueda
llegar a ti satisfactoriamente. 
Sé de tu salvación, tu cercanía,
el modo de entreabrirla
hacia la luz donde la noche reza
sus últimas palabras.
¡He estado tanto tiempo
contigo, hemos hablado
tanto ante el pan
y el vino de tu mesa,
que no  podré ni por asomo
imaginarme lejos de tu gloria! 
Entreábreme la puerta; no la cierres
del todo, Señor mío.

(De El espejo de Dios)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La oración de Jesús


En este pasaje, Jesús sale de la sinagoga. No sólo iba de pueblo en pueblo predicando la
buena nueva; los sábados, muy de mañana, como los judíos más piadosos, iba a la sinagoga a recitar salmos, balanceándose, y escuchar la lectura, sentados en los poyos adosados a la pared. Esos movimientos tenían una finalidad, la de que la Palabra llegara a formar parte de los ritmos vitales de la persona. Se rezaba con todo el cuerpo.
Sabemos así, sin embargo, que Jesús para orar, gustaba de retirarse a lugares apartados y silenciosos. Es en privado donde pulsa cuál sea su propio designio. En la oración, consultaba al Padre para obtener acierto en sus propósitos, ya que la oración es el hilo que le mantenía en contacto con él, que es quien le había enviado. 
Debemos imitar a Jesús en todo. Malamente seguirá nadie a Jesús si no calca su ejemplo de hombre de oración, que es tanto como buscar en el propio corazón la presencia divina que nos ilumine en todos los menesteres de nuestra vida, ya que la oración es el lugar de encuentro con Dios más a la mano.

Reflexión

Los enfados de Jesús

Jesús, en ocasiones muy destacadas, llegó a enfadarse enérgicamente con quienes, sin percatarse de ello, pretendieron nada menos que apartarlo de su quehacer salvador renunciando a su condición  mesiánica, lo que equivalía a decirle a Dios lo que tenía que hacer. En Jesús veían
exclusivamente a al hombre. Jesús, repito, no pudo menos de mostrar su enojo ante un ataque al Espíritu Santo, digno de toda condenación. Por el contrario, el eje de toda la enseñanza de Jesús es logar que el hombre cumpla taxativamente la divina voluntad siempre y en toda circunstancia.

Rincón poético

   MADRE DEL AMOR

Virgen de del Amor, María,
que en tu seno se enclaustró. 
Tu humildad fue el acicate
de que en ti naciera Dios.

Gracias a ti, adivinamos
el misterio singular
de que Dios viva hecho nuestro
sin ser menos, sin ser más.


No todos recocieron
qué habría de suceder.
Que el Amor se muera un día
no tiene razón de ser.

¿Un mesías moribundo
en una cruz? ¡No ha lugar!
San Pedro no concebía
que se dejara matar.

Tú comprendiste el misterio
de la aventura de Dios.
Gracias por tu buen sentido.
Gracias, Virgen del Amor.

(De El espejo de las cosas)

martes, 3 de septiembre de 2013

En Cafarnaún



 Mientras en Nazaret, sus paisanos quieren despeñar a Jesús para deshacerse de él, en Cafarnaún se admiran de los prodigios que hace, el poder de su palabra sobre los posesos y la autoridad con que habla, una autoridad que le viene de encarnar el lenguaje con que el Padre le revela sus misterios.

En Nazaret casi no pudo hacer nada porque no creían en él. En Cafarnaún, en cambio,  realizará sus prodigios más sonados, porque confían en Jesús. Es por lo tanto la fe la que abre sus manos generosas ante las calamidades de los hombres. Cuando la fe cierra los ojos del hombre negando la mirada amorosa de Dios, su dedo no halla tierra donde poner su semilla salvadora.
Pidámosle que nos ayude a escuchar confiados la palabra de su Hijo, para que obre en nosotros el milagro de tenerlo siempre cerca y adivinar su presencia, con toda la firmeza que da la fe a quienes lo buscan y cultivan su amistad.

Reflexión

Es Jesús

Pedro es impulsivo siempre. Cuando Jesús, amaneciendo, aparece en la playa de Cafarnaún asando unos peces, avisado por Juan, el intuitivo Juan, tiempo le falta a Pedro para bajarse de la barca e ir a Jesús de inmediato llevado por su irreprimible entusiasmo.  
Amor y entusiasmo casan muy bien. El padre llega a casa de lejos, y su niños, al verlo llegar, corren desalados hacia él a abrazarlo.¡ Cuántas veces se nos dice que Jesús se nos hace presente aquí o allá y nos falta ese acicate que nos impulse a dejarlo todo y correr jubilosos adonde él está! Nuestra fe estará callada y como inactiva, si el amor no la sacude y despierta.

Rincón poético

       LA LUZ DE DIOS

Sondéame,.mi Dios, que nada quede
oculto a tu mirada creadora.
Aduéñate de mí. Yo no soy mío.
Tú eres mi luz, la luz que levantaba
del lecho a los tullidos
y el párpado a los ciegos.
Tú prodigiosamente iluminabas
su oscuridad, su inanición. 
La luz con que nos miras
nos permita a nosotros
mirarte a ti también.
Déjate ver en el hondón del alma
que tengo siempre a punto.
Colgado en la pared,
 guardo el espejo de mi vida,
que he vivido a destajo
como si el tiempo no supiera
jugar al ajedrez.
Déjame que te reconozca.
Que me alumbre tu luz resucitada.
Mi fe sabe.
Mi fe sabe tu rostro.

(De El espejo de las cosas)

lunes, 2 de septiembre de 2013

El Rechazo de Jesús

               Lucas resume aquí toda la vida de Jesús: El designio salvador que pesa sobre él, el rechazo de los suyos, el intento de acabar con él por la vía rápida.  De algún modo se presenta también su pervivencia y resurrección: se abrió paso por medio de ellos, dando una prueba de que aún no había llegado su hora, en cuyas circunstancias,  nada pueden contra él sus adversarios.
            Dice san Lucas que se abrió paso por ellos y que se alejaba, usando ese aspecto verbal durativo. No que se alejó, sino que iba alejándose, como quien siente la dificultad de abandonar su pueblo y familiares, para siempre, pero así sería. Es ésta la última vez que Jesús pisa la tierra que le vio nacer. Que nos sirva de aviso a cuantos vamos con él camino del Padre y sufrimos el rechazo de cuantos se niegan a creer en su palabra y en nosotros mismos, seguidores de Cristo, para que dejemos de ocuparnos de todo lo que no sea ir con él, en todo momento, ajenos a todo lo demás.

Reflexión

Se abrió paso
           
            Lucas resume aquí toda la vida de Jesús: El designio salvador que pesa sobre él, el rechazo de los suyos, el intento de acabar con él por la vía rápida.  De algún modo se presenta también su pervivencia y resurrección: se abrió paso por medio de ellos, dando una prueba de que aún no había llegado su hora, en cuyas circunstancias, nada pueden contra él sus adversarios.
            Dice san Lucas que se abrió paso por ellos y que se alejaba, usando ese aspecto verbal durativo. No que se alejó, sino que iba alejándose, como quien siente la dificultad de abandonar su pueblo y familiares, para siempre, pero así sería. Es ésta la última vez que Jesús pisa la tierra que le vio nacer. Que nos sirva de aviso a cuantos vamos con él camino del Padre y sufrimos el rechazo de cuantos se niegan a creer en su palabra y en nosotros mismos, seguidores de Cristo, para que dejemos de ocuparnos de todo lo que no sea ir con él, en todo momento, ajenos a todo lo demás.

Rincón poético

EL GOZO DE VIVIR

Fuimos hechos por ti para ti sólo.
Lejos de ti, las cosas
ocupan como en nichos de ceniza
el corazón del hombre.
No son ellas peldaños que nos lleven
a las fuentes del gozo
que tu mirada alumbra.
Sembraste el cielo, con un ramalazo
de tu luz creadora,
de estrellas infinitas.
Pero en las cosas no pusiste un ápice,
más que su utilidad, triviales siempre.
No reside, Señor, lejos de ti
el gozo que haga plácido vivirte.

(De A la sombra de un álamo)

domingo, 1 de septiembre de 2013

Quien se humilla será enaltecido



La humildad es el tema de las lecturas de este domingo. En las Sagradas Escrituras, es virtud que nos recomienda encarecidamente el Eclesiástico, y el mismo Jesús nos propone una parábola desde una frase de los Proverbios, que dice así: “vale más oír que nos digan “Sube acá”, que no que te humillen ante los nobles”. Y así sentenciará luego, trascendiendo el sentido literal de la parábola, que quien se ensalza a sí mismo, será humillado; y quien se humilla será enaltecido.
Hay un instinto en lo hondo del corazón humano que nos impulsa a ser más. Es el principio de la propia superación. Para lograrlo, los caminos divergen. Está el de la soberbia, que es el que dobló las rodillas de Adán y la de los filósofos paganos, como advertía san Pablo, “que por pretender ser sabios, resultaron necios”. La soberbia es una falsa e inútil  aspiración a ser más de lo que  podemos. 
No es ese el único camino: está también el de la justa elevación de uno mismo por sendas de autenticidad. Esta es la que nos hace sencillos y humildes. El humilde no busca privilegios ni prebendas. Muy al contrario, más que hacia sí, mira hacia el otro, para lo que Jesús nos invita a que sepamos darnos sirviendo a los que no nos pueden pagar.

Reflexión

La sensatez y la humildad

La humildad es en una loable aspiración a realizarse desde las que Dios pone a nuestra disposición, procurando a dar fruto. Santa Teresa dice que la humildad es la verdad, “andar en verdad” decía ella, reconocerse uno tal cual es, ya que el humilde lo es en la medida que tiende a llegar a ser desde el reconocimiento sincero de que no es lo que debiera ser, razón por la que el buen cristianos aspira en todo a asemejarse al modelo que es Cristo. A este fin, nos recomienda Jesús que no pretendamos ocupar los lugares más mas prestigiosos; alguien puede hacernos ver nuestra desconsideración. 

Rincón poético

CAPRICHO Nº DOS

Hubo en el cielo una estrella
y ahora aparecen tres. 
¿No serán las tres Marías
que dice la gente bien?
Los pobres las tienen todas; 
duermen sin techo y las ven.
Desde ellas les mira a ellos
Dios, que no se deja ver.
Yo espero plácidamente
mi estrella, la de Belén,
donde se columpia un ángel
y el Niño, a veces, también.
Dios sembró el cielo de estrellas,
les dio el color de su piel,
las fue encendiendo una a una,
y en una nube se fue.

( De A la sombra de un álamo)