miércoles, 30 de junio de 2010

Locura de amor

Acabo de leer un proverbio que tiene la gracia de ese juego verbal que es el retruécano: Es una locura amar, a menos que se ame con locura.
Los poetas de los siglos clásicos se complacían en escribir a lo divino, desde fórmulas de amor a lo profano que reciclaban espiritualmente. De semejante manera, un refrán de corte e intención más bien profana, no excluye nobles opciones de versión a lo divino, porque sucede que Dios nos amó con locura hasta entregar su Hijo al hombre como cordero sacrificial. No hay aventura mayor ni amor más enloquecido.
Podemos concluir sin más que el amor de Dios al hombre es un amor proverbial.
No sólo Dios, que dejó tras de sí una galería de sublimes aventureros, imitadores del amor extremo de Jesús, desde la Magdalena, la que besa los pies de Jesús y enjuga el perfume que derrama en ellos con su cabellera, san Agustín, que fue libando afanes de flor en flor, como un colibrí, hasta dar con la dulzura suprema de Dios, san Francisco, aquel que llamaba hermanas a criaturas todas, incluida la muerte, santa Teresa, que incluso entre los pucheros intuía la presencia de Dios...
La locura, cuando expresa tan nobles sentimientos, es altamente contagiosa.

martes, 29 de junio de 2010

Quien pone la mano en el arado....

Hay ocasiones en que no parece sino que Jesús tenga prisa y acelere el paso. Como cuando avisa a sus posibles seguidores cuál sea la pauta a que han de atenerse, vaciados de sí para llenarse de Cristo y cargando sobre la marcha con la cruz que singularizan nuestros alientos y flaquezas. Y al momento en que afluyen, uno tras otro, hacia él presuntos seguidores, se apresura en apartar de inmediato a cuantos le ponen condiciones como quien calza moroso las ruedas del carro. Ahí es donde Jesús se muestra tajante . Es él quien quin señaliza el camino y establece las condiciones del seguimiento. No hay medias tintas que valgan ni entretenimientos, meandros, demoras, divergencias o retrasos. No se puede seguir a Jesús a remolque de nada.
Y no espere nadie que dé descanso a su intento salvador, porque tiene el tiempo justo. Quien lo quiera dilapidar en dilaciones, no repara en que Jesús sube a Jerusalén, campo a través de Samaria, y tiene los pasos contados. Como nosotros, que vamos resueltamente con él.

lunes, 28 de junio de 2010

No sólo de pan...

Hay que ser muy humilde, que es tanto como ser muy sencillo y dado a verse uno a sí mismo con objetiva y sincera mirada, para no dejarse llevar por los halagos zalameros y la lisonja, tan subrepticia y embutida de redomada falsedad, con que nos tienta la babosa memez del orgullo.
El diablo, viejo sabio, doctor emérito en toda suerte de perversidades y malicias, al que no se le ocultan las agrietadas debilidades de nuestra arcilla humana, conoce muy bien el arte maldito de hechizar los ojos de nuestra presunción, mediante el almíbar de la adulación: - Si eres el Hijo del hombre, di a estas piedras que se conviertan en pan.
La situación es propicia: Jesús está hambriento y no hay pan en el desierto al echar mano. Quiero pensar que Jesús, precavido, evitó mirar las ascuas rojas de aquellos ojos envueltos en una depravada sonrisa, y displicentemente, mirando al cielo, pronunció aquellas desdeñosas palabras: -No sólo de pan vive el hombre.
No sólo de pan. Hay otra harina aún más blanca con que Jesús amasa la densidad nutritiva de su palabra luminosa y el alimento que llena de Dios el corazón del hombre. Él vio a María masar el pan de cada día y aprendió a amasar el pan nuestro de su propio cuerpo. ¡Alabado sea Dios!

domingo, 27 de junio de 2010

Santo, santo, santo es el Señor

De Dios decimos que es tres veces santo. Pero, ¿por qué tres veces?
La lengua hebrea suple la pobreza gramatical del idioma con recursos figurados que le dan una gran expresividad al lenguaje. Así, por ejemplo, carecen de las estructuras gramaticales del grado superlativo del adjetivo, con que se expresa una cualidad en grado máximo. Por medio del superlativo, el castellano dice que la nieve es blanquísima o muy blanca. En su lugar, el hebreo usa, entre otros recursos, la reduplicación, diciendo que la nieve es blanca, blanca.
De Dios se dice que es tres veces santo, lo que agrupa una reduplicación y el número tres - con que se expresa en el lenguaje bíblico los atributos y hechos maravillosos de Dios-, y con esa conjunción de recursos, lo que decimos es que Dios es, no sólo santísimo , sino inmensamente santo, infinitamente santo.
No dudemos en pensarlo así cuando rezamos o entonamos el trisagio en la eucaristía.

sábado, 26 de junio de 2010

Codo con codo con Cristo

Que Jesús se haya entrañado en nuestra pobre arcilla humana al hilo de nuestra misma condición, nos permite habitar prietamente en su entorno y tratarle de tú a tú, desde la más estrecha cercanía, latiendo juntos, concertados al unísono su corazón y el nuestro. Y todavía más: encarnada su palabra divina en la nuestra balbuciente, nos hace comprensibles sus misterios, porque es la tea del corazón la que más luminosamente indaga con espiritual intuición en lo hondo de sus verdades.
Hay como una resonancia de la voz y la realidad misma de Dios en el hondón del hombre, lo que nos compromete en reciprocidad a encarnar nuestra palabra ilusionada y balbuciente en un escondido rincón al menos de la suya vibrante, sujetos los vaivenes de nuestra voluntad a la brida amable de la suya.
Quien no siembra entonces con él a puñados de amor, desparrama. La siembra es también nuestra. Hagamos por adivinar su intento a cada paso para no desvariar, codo con codo con él.

viernes, 25 de junio de 2010

Que cada cual tome su cruz

Tomar la propia cruz es una acertada locución que estrena el evangelio de Marcos, antes que la hagan suya Mateo y Lucas, con referencia al madero que, a duras penas, hubo de arrastrar Jesús por las callejas de Jerusalén. Se trata, pues, de un modismo cristiano con que se expresa muy ajustadamente la enseñanza evangélica del compromiso de tachar el pecado con plena determinación, toda vez que su malicia impide seguir el único sendero que va a Dios.
Cargamos con nuestra cruz cuando asumimos las pruebas con que el cristiano templa su integridad, con la esperanza puesta siempre en los divinos ojos de la eterna bondad.
A menudo, coronar la pendiente, doblados bajo el peso de la propia cruz hacia la de Cristo, es tarea ardua, porque lo es el Calvario, pero en todo caso, el disfrute del amor a Dios nos resarce de tan dolorido esfuerzo, por más que disponemos además de un cirineo que se sabe bien el camino, un cirineo adorable que ni lo tuvo el Hijo de Dios: Jesús mismo.

jueves, 24 de junio de 2010

Que tu mano izquierda no sepa...

Podría confeccionarse una jugosa antología con las frases proverbiales de Jesús, entendiendo por tales aquellas con que sensibiliza, por medio de sorprendentes figuras de dicción, sentencias primordiales de comportamiento, como cuando habla del ciego que conduce a otro ciego, que si te golpean una mejilla presentes la otra, que es más fácil enhebrar un camello en una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos, que hay quien ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio, que no hay que echar vino viejo en odres viejos, que no sepa tu mano izquierda lo hace tu derecha, etc.
Vale la pena ir exprimiendo, una a una, en sucesivos comentarios, el sentido de estas y otras sentencias.
Esta última de la mano izquierda y derecha desarbola las mentidas artimañas de la hipocresía. No se puede decir con más plasticidad que obrar el bien por el ruido sordo del aplauso, es la mejor manera de ensuciar el brillo interior de los ojos con que mira la sinceridad. La hipocresía invalida todo obra aparentemente buena. Es como quitarle el oro al valor de una moneda, para dejarla en nada. La mera apariencia con que se emboza el hipócrita es pura vaciedad y engaño. No de otra manera funciona el fraude. Haces ver que obras rectamente, cuando pones precio, un precio vano, a tu presunta generosidad y te mal vendes.
No seas necio. Obra el bien desinteresadamente, ajeno a furtivos cobros que no alcanzan el peso de tamo de un desdén. No te preocupe nunca la vanidad inconsistente de las aprobaciones lisonjeras que son humo de paja y que vacían los bolsillos de seda de la obra bien hecha. Al fin, hagas lo que hagas, Dios te ve y te avala o te reprueba.