martes, 30 de noviembre de 2010

La expresión de la belleza

  

  Jean-Pierre Augier es un escultor de elegantes figuras estilizadas, que diseña a base de pequeñas herramientas de uso cotidiano o inspiradas en ellas. Su obra representa la transformación de lo útil en delicada expresión artística.  Es fácil observar cómo la calidad que mejor define su obra de más notable manera, es la primorosa sencillez con que mueve a sus figuras, desde el afloramiento de sentimientos que humanizan el hierro.





       Se diría que el artista lleva un niño dentro, como quien encierra una golondrina en el pecho, que se complace en encarnar en el metal de sus minúsculas esculturas antiguos cuentos infantiles.

     Y uno advierte cómo, entre tanto ensayo de difícil inteligencia donde es fácil emboscar la inspiración, el arte de la verdad sigue siendo bello.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Sobre la amistad

Jesús de Sirac, un judío sabio y prudente, da en escribir un libro que ofrece a sus lectores la sabiduría de los libros de Dios, a fin de contraponerse al atractivo pagano que la literatura helenista ejercía sobre los jóvenes de su tiempo. Un sobrino suyo, recién llegado a Egipto, descubre la belleza del libro “de no pequeño tamaño”, “en el año 98 del rey Evergetes”, correspondiente a Tolomeo VII, año 132 a. C., y a fin de difundir su contenido entre jóvenes dispersos por la diáspora, procede de in mediato a traducirlo al griego, lengua común a la sazón en el imperio, bien que no ignora que “no tienen la misma fuerza las cosas dichas en hebreo, que en su traducción a otra lengua”.
Casi todo el capítulo sexto está dedicado a la amistad, encomiando el acierto de dar con un buen amigo, a quien prudentemente no hay que apresurarse a prestarle pronta confianza, y al mismo tiempo, sopesa el buen consejo de apartarse del que “lo es de ocasión y no persevera en su supuesta fidelidad apenas asoman los primeros contratiempos”. Sucede que un supuesto amigo hasta puede tornarse enemigo inopinadamente. Ha compartido tu mesa - el término compañero significa compartir el pan-, pero te deja en la estacada a las primeras de cambio. Ese tal podrá llegar a ser “otro tú”, identificado contigo mientras dura el beneficio de tu bienandanza y benevolencia, y en cuanto caigas en desgracia, te dará de lado trocado en otro, “harto de tu presencia”.
En cambio, “el amigo fiel es amparo seguro, de modo que el que da con él halla un tesoro”. Un buen amigo es inapreciable.

Y junto a sentencias tan jugosas, como advertir que “la boca amable multiplica sus amigos”, no falta algún exceso de amarga y un si-es-no-es cínica cautela, cuando alerta sobre unos y otros: “De tus enemigos apártate y de tus amigos no te fíes”. Acaso responda tal resabiada advertencia a la taimada prevención en oriente del hombre escaldado.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Los amantes de Teruel y el convento

       La historia se escribe a veces con letras versales, casi marginales, que adornan y suavizar su rigor disciplinar.
La empresa madrileña El Ojo Mecánico ha realizado con muy buen gusto, en estancias de nuestro convento y a instancias de la Fundación Amantes, un video-clip muy del agrado de cuantos se han adelantado a ver y gustar detenidamente tan bella y artística obra.  En su día se hará su presentación oficial, bien que en Internet ya se han podido contemplar sus primicias, sobre la leyenda de los dos amantes, Juan Diego e Isabel de Segura.
Más que la famosa obra dramática de Juan Eugenio Hartzenbusch, gusta aquí la más completa relación poética de Yagüe de Salas, autor local, en cuyo relato da cabida además a los mártires franciscanos, Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, por su loable intento de pacificar a las familias contendientes de los Azagra y los Garcés de Marcilla, uno de cuyos miembros, Martín Garcés de Marcilla, había encauzado hacia esta ciudad y favorecido con cartas de favor la fundación por ellos de este convento.
Alguna vez he dejado escrito algo así como que una ciudad sin leyenda, es una ciudad que no tiene en mucho los flecos de su pasado. Evidentemente, no es el caso de Teruel.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El adviento, puerta del año litúrgico

        Ya en declive el año litúrgico actual que hemos venido celebrando con la festividad de Jesucristo, Rey del Universo, inauguramos un nuevo recorrido anual correspondiente al ciclo A. Son tres los ciclos litúrgicos, ángulos litúrgicos diferentes signados por las letras A, B y C, cada uno con lecturas propias que ilustran progresivamente su transcurso anual, hasta completar la totalidad del texto evangélico.
Los tres se inician con la andadura esperanzadora del adviento, iluminado siempre por la lectura casi continua de Isaías, desde una doble dimensión y sentido, referidos, uno de ellos, a la última venida de Cristo al final de los tiempos, y el otro al acontecimiento inaugural de su nacimiento, con un trazado de cuatro domingos gozosos. Andamos así un camino esperanzador, en compañía de dos figuras señeras, María, que encarnará al Salvador en su propia naturaleza, y de Juan, que además de pregonar ante las gentes la venida de Jesús, nos allanará el camino que conduce a él.
Es como si se entreabriera poco a poco una puerta hacia los primeros atisbos luminosos de un nuevo y tibio amanecer, que instalará la luminaria del sol en el centro del día que es la liturgia navideña del Salvador.
La actitud cristiana en tales fechas no difiere mucho de la del caminante ilusionado al que empuja la esperanza feliz de un hallazgo venturoso. Ángeles,  pastores y una estrella nos dirán solícitos el momento preciso de la llegada al sitio elegido por Dios, humildemente decorado con el oro fingido de unas pajas.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Alzando Jesús los ojos...

         Los evangelios no nos describen gestos que bien hubieran satisfecho nuestra curiosidad, ya que los gestos son signos que expresan lo que las palabras no dicen, bien que a menudo acompañan y refuerzan el lenguaje hablado. En el evangelio, los gestos no reflejan comportamientos ocurridos históricamente, sino actitudes destacables cuyo sentido nos importa desvelar a nosotros.

         En ocasiones, con formulas repetitivas, nos dicen que en tal o cual situación, como sucede aquí, Jesús alza los ojos, porque ha reparado en algo cuyo interés quiere compartir con nosotros. Es como si se nos dijera: fijaos en esto que también a vosotros debe llamaros la atención, ya que Jesús lo tiene en mucho. Es una exhortación, por tanto, a que nos detengamos a considerar lo que quiere destacar y hacernos ver Jesús.
Ocurre, por ejemplo, en el templo. Un hombre rico echa displicente en el arca de las ofrendas una cantidad considerable de dinero, mientras una pobre mujer viuda pone apenas  unas monedas de nada. El rico da de lo que le sobra; la mujer da mucho más, porque da todo lo que tiene.
Esto es lo que conmueve y hace detenerse a Jesús: la dadivosidad de la pobre mujer, el corazón sin límites de una mujer pobre. Alzando Jesús los ojos, reparó en tan bello gesto, reparó en la diferente manera de ser unos y otros. No paséis de largo vosotros.
       Con idéntica intención, los evangelistas nos harán reparar en el especialñ relieve de hechos como la bendición del pan.

jueves, 25 de noviembre de 2010

José Golzalvo ha muerto

         Ha muerto José Gonzalvo, el escultor. Gonzalvo cultivaba una manera de hacer arte fatigando en el fragua la dureza del hierro, hasta configurarlo en formas enérgicas y novedosas. Su estilo valiente es inconfundible. Teruel atesora varias de sus esculturas más logradas y el convento se complace en poseer una de sus obras, donde se muestra un grupo escultórico presidido por la figura de san Francisco, muy destacado, y como a su arrimo, los dos mártires fundadores de nuestra casa. Puede llamar la atención lo que viene llamándose proporción teológica, cuando una de las figuras gana en estatura, como aquí san Francisco, en tanto que ambos mártires muestran una configuración más reducida. San Francisco, al fin, es el fundador de la Orden franciscana; los santos mártires, lo son del convento.
El claustro, en cuyo patio interior se alza la recia escultura sobre un alto pedestal de piedra, nos declarará ya siempre la maestría con que la robusta mano del artista domaba el hierro, espiritualizando el sentido con que esculpió sus formas. El artista, se nos fue, dejando la fragua apagada y el martillo en el suelo, apoyado en el yunque.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Un ventanal gótico en Cantavieja

         El visitante que llega a un pueblo donde el prestigio de su pasado histórico ha quedado anclado en su trazado y en la nobleza de sus monumentos, pasea más o menos curioso o distraído por sus calles, alguna de ellas serpenteante, como la calle mayor,  y retiene en la retina su monumentalidad más ostensible, bien que el cúmulo de espacios recorridos con escasa o ninguna detención, acaba por solapar pormenores menos llamativos, que el interés y las prisas no supieron destacar. Hay rincones, callejas, escudos nobiliarios y miradores artísticos que pasan desapercibidos a los menos avisados, atentos a lo que más llama la atención.
Consignemos que en la antigua plaza de Cantavieja, bastión que fue de enconados carlistas, figura un amplio ventanal, partido por dos finas y esbeltas columnas que rematan sus correspondientes lóbulos góticos de piedra blanca. El hueco da a un balcón con barandal minuciosamente forjado en hierro, que bien merece la pena detenerse reposadamente en su contemplación para llenarse uno de su encanto.
En el umbroso pasadizo del fondo que da al mirador, una viga muestra las hoscas hendiduras ocasionadas por la soga con que se ahorcaba a los forajidos. En la pared, una serie de rayas sucesivas grabadas en piedra, cuentan el número abominable de los sentenciados a tan ominoso final.