Ya en declive el año litúrgico actual que hemos venido celebrando con la festividad de Jesucristo, Rey del Universo, inauguramos un nuevo recorrido anual correspondiente al ciclo A. Son tres los ciclos litúrgicos, ángulos litúrgicos diferentes signados por las letras A, B y C, cada uno con lecturas propias que ilustran progresivamente su transcurso anual, hasta completar la totalidad del texto evangélico.
Los tres se inician con la andadura esperanzadora del adviento, iluminado siempre por la lectura casi continua de Isaías, desde una doble dimensión y sentido, referidos, uno de ellos, a la última venida de Cristo al final de los tiempos, y el otro al acontecimiento inaugural de su nacimiento, con un trazado de cuatro domingos gozosos. Andamos así un camino esperanzador, en compañía de dos figuras señeras, María, que encarnará al Salvador en su propia naturaleza, y de Juan, que además de pregonar ante las gentes la venida de Jesús, nos allanará el camino que conduce a él.
Es como si se entreabriera poco a poco una puerta hacia los primeros atisbos luminosos de un nuevo y tibio amanecer, que instalará la luminaria del sol en el centro del día que es la liturgia navideña del Salvador.
La actitud cristiana en tales fechas no difiere mucho de la del caminante ilusionado al que empuja la esperanza feliz de un hallazgo venturoso. Ángeles, pastores y una estrella nos dirán solícitos el momento preciso de la llegada al sitio elegido por Dios, humildemente decorado con el oro fingido de unas pajas.
sábado, 27 de noviembre de 2010
viernes, 26 de noviembre de 2010
Alzando Jesús los ojos...
Los evangelios no nos describen gestos que bien hubieran satisfecho nuestra curiosidad, ya que los gestos son signos que expresan lo que las palabras no dicen, bien que a menudo acompañan y refuerzan el lenguaje hablado. En el evangelio, los gestos no reflejan comportamientos ocurridos históricamente, sino actitudes destacables cuyo sentido nos importa desvelar a nosotros.
En ocasiones, con formulas repetitivas, nos dicen que en tal o cual situación, como sucede aquí, Jesús alza los ojos, porque ha reparado en algo cuyo interés quiere compartir con nosotros. Es como si se nos dijera: fijaos en esto que también a vosotros debe llamaros la atención, ya que Jesús lo tiene en mucho. Es una exhortación, por tanto, a que nos detengamos a considerar lo que quiere destacar y hacernos ver Jesús.
Ocurre, por ejemplo, en el templo. Un hombre rico echa displicente en el arca de las ofrendas una cantidad considerable de dinero, mientras una pobre mujer viuda pone apenas unas monedas de nada. El rico da de lo que le sobra; la mujer da mucho más, porque da todo lo que tiene.
Esto es lo que conmueve y hace detenerse a Jesús: la dadivosidad de la pobre mujer, el corazón sin límites de una mujer pobre. Alzando Jesús los ojos, reparó en tan bello gesto, reparó en la diferente manera de ser unos y otros. No paséis de largo vosotros.
Con idéntica intención, los evangelistas nos harán reparar en el especialñ relieve de hechos como la bendición del pan.
En ocasiones, con formulas repetitivas, nos dicen que en tal o cual situación, como sucede aquí, Jesús alza los ojos, porque ha reparado en algo cuyo interés quiere compartir con nosotros. Es como si se nos dijera: fijaos en esto que también a vosotros debe llamaros la atención, ya que Jesús lo tiene en mucho. Es una exhortación, por tanto, a que nos detengamos a considerar lo que quiere destacar y hacernos ver Jesús.
Ocurre, por ejemplo, en el templo. Un hombre rico echa displicente en el arca de las ofrendas una cantidad considerable de dinero, mientras una pobre mujer viuda pone apenas unas monedas de nada. El rico da de lo que le sobra; la mujer da mucho más, porque da todo lo que tiene.
Esto es lo que conmueve y hace detenerse a Jesús: la dadivosidad de la pobre mujer, el corazón sin límites de una mujer pobre. Alzando Jesús los ojos, reparó en tan bello gesto, reparó en la diferente manera de ser unos y otros. No paséis de largo vosotros.
Con idéntica intención, los evangelistas nos harán reparar en el especialñ relieve de hechos como la bendición del pan.
jueves, 25 de noviembre de 2010
José Golzalvo ha muerto
Ha muerto José Gonzalvo, el escultor. Gonzalvo cultivaba una manera de hacer arte fatigando en el fragua la dureza del hierro, hasta configurarlo en formas enérgicas y novedosas. Su estilo valiente es inconfundible. Teruel atesora varias de sus esculturas más logradas y el convento se complace en poseer una de sus obras, donde se muestra un grupo escultórico presidido por la figura de san Francisco, muy destacado, y como a su arrimo, los dos mártires fundadores de nuestra casa. Puede llamar la atención lo que viene llamándose proporción teológica, cuando una de las figuras gana en estatura, como aquí san Francisco, en tanto que ambos mártires muestran una configuración más reducida. San Francisco, al fin, es el fundador de la Orden franciscana; los santos mártires, lo son del convento.
El claustro, en cuyo patio interior se alza la recia escultura sobre un alto pedestal de piedra, nos declarará ya siempre la maestría con que la robusta mano del artista domaba el hierro, espiritualizando el sentido con que esculpió sus formas. El artista, se nos fue, dejando la fragua apagada y el martillo en el suelo, apoyado en el yunque.
El claustro, en cuyo patio interior se alza la recia escultura sobre un alto pedestal de piedra, nos declarará ya siempre la maestría con que la robusta mano del artista domaba el hierro, espiritualizando el sentido con que esculpió sus formas. El artista, se nos fue, dejando la fragua apagada y el martillo en el suelo, apoyado en el yunque.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Un ventanal gótico en Cantavieja
El visitante que llega a un pueblo donde el prestigio de su pasado histórico ha quedado anclado en su trazado y en la nobleza de sus monumentos, pasea más o menos curioso o distraído por sus calles, alguna de ellas serpenteante, como la calle mayor, y retiene en la retina su monumentalidad más ostensible, bien que el cúmulo de espacios recorridos con escasa o ninguna detención, acaba por solapar pormenores menos llamativos, que el interés y las prisas no supieron destacar. Hay rincones, callejas, escudos nobiliarios y miradores artísticos que pasan desapercibidos a los menos avisados, atentos a lo que más llama la atención.
Consignemos que en la antigua plaza de Cantavieja, bastión que fue de enconados carlistas, figura un amplio ventanal, partido por dos finas y esbeltas columnas que rematan sus correspondientes lóbulos góticos de piedra blanca. El hueco da a un balcón con barandal minuciosamente forjado en hierro, que bien merece la pena detenerse reposadamente en su contemplación para llenarse uno de su encanto.
En el umbroso pasadizo del fondo que da al mirador, una viga muestra las hoscas hendiduras ocasionadas por la soga con que se ahorcaba a los forajidos. En la pared, una serie de rayas sucesivas grabadas en piedra, cuentan el número abominable de los sentenciados a tan ominoso final.
Consignemos que en la antigua plaza de Cantavieja, bastión que fue de enconados carlistas, figura un amplio ventanal, partido por dos finas y esbeltas columnas que rematan sus correspondientes lóbulos góticos de piedra blanca. El hueco da a un balcón con barandal minuciosamente forjado en hierro, que bien merece la pena detenerse reposadamente en su contemplación para llenarse uno de su encanto.
En el umbroso pasadizo del fondo que da al mirador, una viga muestra las hoscas hendiduras ocasionadas por la soga con que se ahorcaba a los forajidos. En la pared, una serie de rayas sucesivas grabadas en piedra, cuentan el número abominable de los sentenciados a tan ominoso final.
martes, 23 de noviembre de 2010
El publicano y el fariseo
La pintura surrealista va ganando adeptos, porque es inteligible y luminosa, y aumenta con la misma proporción el número de artistas que la profesan. Es un ángulo desde el que la visión de las cosas resulta gozosa, toda vez que el pintor desata en ellas su imaginación, dejando que la lírica se encarne en el pincel enamorado de la belleza. No desdice del grupo de tales artistas Vladimir Kush, un creador, pintor y escultor, en quien además se atisba a veces su formación religiosa.
Se advierte esta faceta suya, por ejemplo, en la acertada manera como interpreta aquella callada confrontación evangélica entre un fariseo y un publicano, mientras oran los dos el en templo. El fariseo, pagado de sí, reza altivo, de pie, en lugar destacado y visible. El publicano aparece encogido y humillado en un rincón, abrumado por los extravíos de su conducta. El fariseo muestra a Dios las garantías de su bondad enumerando arrogante sus buenas obras que hacen supuestamente de él un hombre intachable y justo, en tanto que el publicano, avergonzado, se limita a pedir perdón por sus culpas.
Jesús traza una clara línea divisoria entre uno y otro y concluye privilegiando el buen sentido y saber estar del publicano. Él y no el fariseo saldría del templo iluminado por la divina y compasiva mano de Dios.
El pintor registra ese momento, como podéis ver, de muy plástica manera, y por alguna razón misteriosa que no sé si acierto a adivinar, las dos figuran constituyen un número bíblico y apostólico, el doce. Doce eran las tribus; y los apóstoles, también doce.
Se advierte esta faceta suya, por ejemplo, en la acertada manera como interpreta aquella callada confrontación evangélica entre un fariseo y un publicano, mientras oran los dos el en templo. El fariseo, pagado de sí, reza altivo, de pie, en lugar destacado y visible. El publicano aparece encogido y humillado en un rincón, abrumado por los extravíos de su conducta. El fariseo muestra a Dios las garantías de su bondad enumerando arrogante sus buenas obras que hacen supuestamente de él un hombre intachable y justo, en tanto que el publicano, avergonzado, se limita a pedir perdón por sus culpas.Jesús traza una clara línea divisoria entre uno y otro y concluye privilegiando el buen sentido y saber estar del publicano. Él y no el fariseo saldría del templo iluminado por la divina y compasiva mano de Dios.
El pintor registra ese momento, como podéis ver, de muy plástica manera, y por alguna razón misteriosa que no sé si acierto a adivinar, las dos figuran constituyen un número bíblico y apostólico, el doce. Doce eran las tribus; y los apóstoles, también doce.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Calle nueva adyacente al complejo conventual
Muy pronto vamos a disfrutar o sufrir la apertura de una nueva calle, adyacente al huerto del convento, que afectará a todo el barrio del Carmen. Queda situada entre el muro de dicha huerta conventual y el hospital psiquiátrico de larga duración, cuya huerta limitaba con la nuestra. La calle enlazará la de los Arcos con la avenida de Zaragoza y dará salida a la calle de los Molinos, ayuna de calles adyacentes que alivien su estrechez y cerrazón.
El allanamiento previo del terreno adjunto al convento ha supuesto talar un olmo gigantesco - que de otro modo hubiera quedado anclado en el centro de la nueva calzada-, como difícilmente se hallará otro igual en las cercanías de la ciudad. Son las gabelas e inconvenientes anejos al progreso.
Poco podemos decir de cuál sea su aspecto definitivo, una vez cumplidas las obras, pero atisbamos que el momento no está muy lejano. Celebramos desde aquí las mejoras ciudadanas que revierten en el bien común.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Un bodegón
El bodegón tradicional imita la realidad de las cosas y la fotografía nace entre pintores e imita la con frecuencia composición pictórica. Hay una inicial simbiosis entre lo uno y lo otro que ha creado escuela. Si de la pintura aprende a componer y a combinar luces y sombras el artista de la máquina fotográfica, la pintura impresionista aprende de los primeros balbuceos de la cámara. Con una cámara oscura dibujaba ya en su época Canaletto sus paisajes venecianos. Y hay encuadres fotográficos que dejan su impronta en los encuadres de interiores de Degás, con primeros planos mostrencos que la pintura clásica hubiera ignorado siempre reputándolos vulgares.
La fotografía que acompaña estas líneas, creo yo que no tiene nada que envidiar a cualquier otro bodegón realista de un pintor moderno.
La fotografía que acompaña estas líneas, creo yo que no tiene nada que envidiar a cualquier otro bodegón realista de un pintor moderno.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




