lunes, 30 de septiembre de 2013

El más grande


    Los apóstoles discuten como niños sobre quién de ellos merecerá un lugar más alto en los cielos, cuando tienen ante sí al mismo Hijo de Dios que nos va a juzgar a todos. 
Jesús les desengaña. 
    Hay una clave clarísima para saber a quién ensalza Dios más que a otros: la humildad, sentirse uno, no sobre los demás, sino al servicio de todos. Un niño, desde su pequeñez, puede ser el símbolo de esa grandeza. Jesús dejó aparcada su divinidad y se empequeñeció haciéndose home. Nadie como él para enseñarnos a ser niños.


Reflexión
Jesús y María

    Carecemos de datos sobre cómo siguió, qué duda cabe, el itinerario de las arriesgadas andanzas de Jesús evangelizando pueblos, acogiendo pecadores, curando enfermos, satisfaciendo necesidades y enfrentándose
a escribas y fariseos, que son los primeros que debieron respaldarle en vez de llevarle al patíbulo. Esos tres años de arriesgada ausencia tuvo que ser de doloroso seguimiento, mediante las noticias, cuando no críticas de sus propios convecinos.
    El precepto de la Pascua, es la oportunidad para coincidir en Jerusalén con Jesús, por estrechas callejas, mientras le castigan con acervo tormento, acompañada por fieles mujeres durante la Pasión. El Espíritu de Jesús y su imagen resucitada la llenarán de gracia, paz y alegría al final de todo.

Rincón poético

DESDE MI VENTANA

Un rumor sordo roza los cristales
como si unos dedos sutiles
llamasen con temor a mi ventana.
Me asomo receloso; está lloviendo
con prisa, con vehemencia,
apasionadamente,
con apretado empeño.
Pienso en las manos dadivosas
de Dios, porque Dios llueve intensamente
sobre nosotros
la gracia de ser suyos,
limpios como la fronda de un enebro.
Llueve sin tregua, aparatosamente.
Llueve sobre el naranjo y el almendro,

sobre la arcilla enardecida

Añadir leyenda
y el áspero rodeno,
sobre la tierra oscurecida,
sobre los charcos, repicando tiemblos
de baqueta en tambor.
Llueva sobre nosotros, llenos
de Dios, entumecidos,
porque es Dios quien está siempre lloviendo
a cátaros su amor sobre nosotros.
¿O es un incendio?


(De El espejo de Dios)

domingo, 29 de septiembre de 2013

El rico epulón

    Lázaro y el rico epulón, dos prototipos perfectos en franca oposición entre sí, nos hacen ver el valor de uso correcto del tiempo, en una confrontación de caracteres con que Jesús sacude la conciencia despreocupada de los hombres, faltos a veces de la necesaria sensibilidad para compadecerse de los males que sufre el prójimo y de la solidaridad con los que padecen hambre o sed, no siempre tan lejos de nosotros. Nos enseña así que la paciencia de Dios nos proporciona tiempo sobrado para dejar arregladas nuestras cosas para con él, antes del momento de partir hacia las llanuras infinitas de la otra vida. Pero la paciencia de Dios tiene sus límites y también se acaba, como nuestra vida.
    No esperemos a que, más allá del tiempo de que disponemos, nos abra Dios un postigo en un costado de su eternidad, para volver desesperados hacia atrás a poner en orden lo que dejamos a mangas por hombros. El tiempo es una riqueza que hay que saber invertir, para devolverle a Dios, que nos lo presta, las ganancias que hubiera podido devengar. Dios, espléndido en dar, es exigente y riguroso al momento de pesar el cúmulo de posibilidades desaprovechadas por nosotros. Que Dios nos dé cordura para saber y obrar con la necesaria sensibilidad hacia los demás.

Reflexión

Juan Bautista y Elías

    El pueblo de no sabe qué pensar cuando un persona como Juan Bautista actúa como un profeta y resuelve sus dudas pensando que es Elías reencarnado en él. Es como dar por concluido el Antiguo Testamento, por lo que Juan quedaría fuera de él si no se le asimila mediante ese recurso. Otro tanto ocurriría con Jesús, de quien piensan que es un profeta reencarnado, empezando por Elías, que fue arrebatado en un carro de fuego y tenía que volver.

Rincón poético 

DESDE MI VENTANA


Un rumor sordo roza los cristales
como si unos dedos sutiles
llamasen con temor a mi ventana.
Me asomo receloso; está lloviendo
con prisa, con vehemencia,
apasionadamente,
con apretado empeño.
Pienso en las manos dadivosas
de Dios, porque Dios llueve intensamente
sobre nosotros
la gracia de ser suyos,
limpios como la fronda de un enebro.
Llueve sin tregua, aparatosamente.
Llueve sobre el naranjo y el almendro,

sobre la arcilla enardecida
y el áspero rodeno,
sobre la tierra oscurecida,
sobre los charcos, repicando
con la baqueta de un mítico tambor.
Llueva sobre nosotros, empapados
de Dios, entumecidos,
porque es Dios quien está
lloviendo a cátaros.

(De El espejo de Dios)

sábado, 28 de septiembre de 2013

El que no está contra nosotros...


Sobre dos cosas nos habla el pasaje evangélico de hoy: que el más pequeño entre nosotros, a semejanza del niño que depende sus padres, porque es apenas, es el más grande a los ojos de Dios, y un segundo tema: dejemos en paz a cuantos dejan en buen lugar el nombre de Jesús obrando el bien. 
       Hacer el bien es siempre bueno. No lo impidamos alegando privilegios.



Reflexión

¿Deuda u ofensa?

Conveniencias de acercamiento ecuménico han llevado a sustituir la palabra original deuda por ofensa, lo que comporta cambiar el sentido que Jesús da a esa frase de perdonar las deudas de otro. Perdonar las ofensas es el resultado de saldar la deuda que otro ha contraído contigo, aliviando así el problema, a veces insoluble de quien está en deuda contigo, un comportamiento que inspira la necesaria solidaridad que el respeto y amor al otro a que obliga el mandamiento de Cristo de amarse los unos a los otros. 

Rincón poético

CANCIÓN DEL SILENCIO

Tiene un dedo en los labios
el Niño de mis sueños.
Me dice que me calle
sentado en el silencio.
Él habla sin palabras;
pronuncia sus deseos
apenas sin decirlos,
por más que yo le entiendo.
Hay que dejar que calle,
pero aún callado, siento
derrumbes de palabras
como un alud por dentro.
Allí tengo una silla,
en un fogón hay fuego
y junto a la ventana
restalla un limonero.
Apenas un puñado 
de casi nada, pero
si tú no lo remedias,
es todo lo que tengo.

(De El espejo de Dios)

viernes, 27 de septiembre de 2013

¿Quién dicen que soy yo?

La gente no puede admitir que un profeta no pertenezca a la alianza. Si Jesús se comporta como tal profeta es porque se ha encarnado en alguno de los conocidos. A Jesús le arada en cambio que sus discípulos vean en él al Hijo de Dios enviado por el Padre. Pero en ciado para qué. Jesús aclara este extremo. Enviado para salvar a todos con el sacrificio de su sangre. El misterio de su muerte y resurrección les deja desolado. Les costará no poco llegar a entenderlo.

Reflexión

En la tierra como en el cielo

En tiempos de Jesús, el concepto que se tenía del cielo difiere de cómo lo pensamos nosotros hoy día. El cielo con sus elementos, luna, sol y estrellas, era eterno y tenía un tanto que ver con la divina morada. Cuando se habla del cataclismo final, el evangelio habla del derrumbamiento del cielo y caía de las estrellas. Ese cielo para la cultura judía entrañaba la perfección. El hombre no consigue la perfección del sol, de la luna, de las estrellas.
Por eso ha de conseguirse que la tierra alcance la perfección celestial mediante el amor. Así se expresa, que sepa yo, Michel Froidure.

Rincón poético

           EN MARCHA

Uno se muere porque acaba un día
el camino que Dios puso a tu puerta.
Fuiste con prisa y sin motivo
matándote la vida, 
como perro mordiendose la cola. 
Al fin, supiste la elegancia
de no estar solo, de saber que había
otros a quienes dar la mano
con bondadosa placidez.
Viviste entonces conculcando
la tristeza egoísta de estar sólo

con los demás, como Jesús muriendo
plenamente por todos,
Sigue andando. No sirve
de mucho estar sentado
al borde del camino.
Fluye el agua del río, van pasando
pequeñas nubecillas por el cielo.
No te detengas tú.
Alguien que va contigo hizo el camino.
De poco sirve descansar ahora
justo cuando Dios mismo es quien te espera
a las eternas puertas del descanso.

(De El espejo de Dios)

jueves, 26 de septiembre de 2013

Ver a Jesús

Herodes quiere ver a Jesús, no sea que, si Juan estás muerto, Jesús sea ahora su reencarnación. Simple superchería. A Jesús sólo lo ven los que van estrechamente unidos a él, cogidos de la mano, con las lámparas de la fe encendidas. Jesús no se presta a los caprichos  frívolos de la soberbia autoritaria. No se puede estar a merced de la frivolidad.
Seamos valientes cuando nos pongan arbitrariamente en la tesitura de olvidar la seriedad de nuestro compromiso con Dios.
Dios no puede ser simple objeto de  curiosidad, sino de serio seguimiento. A quien quiera ver de verdad a Jesús, contagiémosle el alma con la luz de la fe, para que vea de verdad lo que los ojos no pueden ver a ras de tierra

Reflexión

Tu tristeza

Lo acabo de leer: “es más fácil sonreír que explicar tu tristeza”. Efectivamente. Sonreír requiere únicamente una pizca de amabilidad, tu agrado ante algo u  otro. En ocasiones son las cosas las que provocan nuestra sonrisa: una estrella fugaz que transe incisivamente la noche con una tenue línea verde, por ejemplo. Es el gozo de sentirse uno tocado en el corazón por la libélula
que se le escapa a Dios de las manos; los ojos infinitamente azules de un bebé. Sonreír es llenar de dulcedumbre el panal de nuestro espíritu. Pero, ¿y la tristeza? La tristeza es algo negro que se nos ha roto en el alma y coser la rotura lleva tiempo. Por eso es sutilmente triste el bisturí quejumbroso del violín. ¿Quién es capaz de describir su tristeza?

Rincón poético

AMOR INFINITO

El día que sepa cuánto
es el amor que me das,
seré como tú, infinito,
inconmensurable. Ya

me he percatado que sientes
por mí gran predilección.
Soy pobre, pero no tanto;
no sé cuál es la razón.

Quisiera corresponderte
en la misma proporción,
pero nadie se te iguala,
nadie ama con tanto amor.

Bien podrías enseñarme
a saber amar yo igual,
antes de que sepa cuánto
es el amor que me das. 

(De El espejo de Dios)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Predicar el reino

Jesús envía a sus discípulos a predicar el reino y les enseña a no entorpecer la tarea cargando con impedimentos que les entorpezcan la tarea. Ellos predicaron el evangelio.
El reino, pues, es el evangelio de Jesús; la puesta por obra de su palabra. 
Jesús necesita de quienes den a conocer a otros el proyecto salvador del Padre, y los misterios que él mismo encarna en su evangelio, el misterio salvador del hombre, es la mejor manera de parecerse a él, que se llamaba Jesús porque había sido enviado a salvarnos, el misterio de ser con y para los otros como medio de ser con él y para él.
Salvémonos en buena hora, pero salvémonos salvando a los demás.

Reflexión

Sígueme

Jesús es manso y humilde, aunque no le falta carácter y proceder con exigencia cuando cuan do las circunstancias lo reclaman. Así es como elige a los suyos, con estricta seriedad, y les marca con la misión de seguirle al punto. Sígueme, dice sin más, y basta. Quien escuche ese mandato, sentirá el estirón de su voz poderosa la misma que puso orden en el cosmos y dictaminó que las cosas eran buenas. Esa voz tajante es la que está construyendo, en una nueva creación la Iglesia por la que derramará su sangre.

Rincón poético

SOLEDAD EN COMPAÑÍA

Por más que lo parezca, no estoy solo.
No puede estarlo quien lleva consigo,
como un techo nevado de jazmines,
la blanca mano acogedora
con que Dios nos asila. Está conmigo
aquí mismo; lo llevo en lo más hondo
de mí. No está una rosa en el jardín
sola, aunque no lo sepa, ni una estrella
echa de menos su constelación.
Yo sé de mí. No palpo
la mano del Señor, pero está, como
el corazón llenándome de sí.
Así también mi Dios; me lo confiesa
alguien dentro de mí. Los mismos labios 
de mi fe, la alegría
de saber esperar y los latidos
que pronuncia el amor.
Todo me habla de Dios; lo llevo dentro.

(De El espejo de Dios)

martes, 24 de septiembre de 2013

Hacer la voluntad de Dios

Oír y poner en práctica la palabra de Jesús es la mejor manera de pertenecer a los que le siguen. 
La palabra de Jesús nos hace seguidores suyos, miembros de su familia, una familia donde el amor, y consecuencia la disponibilidad y el servicio al otro es todo. 
No siempre es fácil atenerse fielmente a las palabras de Jesús, pero su cercanía y la buena voluntad de seguirle nos facilitará la tarea, porque él no será remiso al tiempo de  poner su gracia de su parte, para que hagamos con él lo que nosotros solos no podemos hacer.

Reflexión

La compasión

Sed santos como Dios es santo, dice la Escritura. Jesús nos ofrece su versión evangélica: Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo, de que se siguen dos cosas: que la santidad de Dios implica la compasión para con el hombre y que esa compasión le viene de su condición de Padre nuestro; como Padre procede con la ternura comprensiva con que todo padre procede con sus hijos. Y algo más: Jesús nos exhorta a que reflejemos en nuestra conducta la fina sensibilidad amorosa de nuestro Padre que es Dios.

Rincón poético

       VELEIDAD

El viento es y no es. Grita enfadado
cabalgando en sí mismo, 
restallando su látigo 
en la espalda del aire,
presa de su frenético delirio,
y azuzando a empellones
nubes espesas y caballo míticos,
destrozos de los cielos
de moras aplastadas y agonizantes lirios.
Deja de ser de pronto. Deja de respirar
agotado el impulso de su brío,
y es brisa, espuma o cabellera
suave como los besos de los niños.
Luego nada. Un eructo adormilado
y silencioso de aire frío.

(De El espejo de Dios)