lunes, 28 de febrero de 2011

La sal del Mar Muerto

        La norma de evangelizar testimoniando a Cristo como sólo sus seguidores podrán hacerlo, queda patente a lo largo de todo el evangelio, a veces de acusada manera, como cuando Jesús dispone que sean como luz y sal de la tierra: Vosotros sois sal de la tierra que ha de actuar ante la gente, desde la gracia que se os ha dado, como refrendadores privilegiados de la fe en el Hijo de Dios, viene a decirles Jesús.
Como la sal, han de dar sentido y sabor a la vida, preservándola de toda corrupción e insulsez. Son responsables de que esa sal llegue a desvirtuarse, porque Si la sal se vuelve sosa....
¿Puede volverse sosa la sal? Hay que contar con que la sal procedente entonces del Mar Muerto, conocido por su insólita densidad de sales diversas, en contacto con el oxígeno del aire se descompone y queda inservible para dar sabor y preservar de la corrupción los alimentos.
Y es curioso que, a fuerza de explotar las sales del lago, ha descendido sensiblemente el nivel de sus aguas, y dicen ya que el Mar Muerto se está muriendo.

sábado, 26 de febrero de 2011

Las cosas admirables de Jesús

         Está claro que Jesús decía y hacía cosas admirables, y por más que los suyos, a base de sacudidas sorprendentes y asombros repetidos, llegasen a habituarse a hechos tan fascinantes, no hay que esforzarse demasiado para colegir la estupefacción que debió de sobrevenirles de pronto, en más de una ocasión, ante episodios tan excepcionales como poner en pie y dotarle de flexibilidad a un paralítico, descorrer la opacidad de unos ojos ciegos o devolver otra vez sana la vida a un muerto.
Yo creo que convertir el agua en vino no era prodigio más increíble que el de transmutarse en pan y vino Jesús mismo, para hacerse íntimamente accesible a los que ya eran suyos. Era la única manera de ser casi una misma cosa con ellos.
Nosotros mismos, acostumbrados a nutrirnos espiritualmente de él en la comunión, tal vez no nos percatamos de la esplendidez irrepetible de Jesús de hacerse  nuestro tan prodigiosamente. Bien nos vendrían unos  toques sutiles de su espléndida luz para descubrir de una vez y valorar un poco más cada día dádiva tan singular. Que la lija inveterada de la costumbre no consiga borre ni un ápice del esplendor de tan divina evidencia.

viernes, 25 de febrero de 2011

De camino siempre

Jesús evalúa el grado de conocimiento que han alcanzado sus discípulos sobre su identidad, mientras van de camino hacia Cesarea de Filipo, lugar donde brota a borbollones el río Banias, cabecera del Jordán. Un templo pagano dedicado al dios Pan da nombre al río y congregaba entonces a multitud de enfermos que buscaban allí, en vano, remedio  sus males. Es todavía hoy un bello paisaje, donde las aguas del río descienden escalonadamente, de terraza en terraza. La sacudida de un terremoto asoló el templo y cegó la formidable cueva donde nacía copiosamente el río, de modo que, al quebrantar la plancha roqueña del subsuelo, el agua brota dispersa por mil grietas fresca y limpia.
Es como si las divinas manos hubieran rasgado como papel la antigua idolatría. Uno podría pensar que la relevancia del momento pide un retiro más apartado, reposado y santo, lejos de las viejas oscuridades de la superstición. El hecho lo desmiente, porque la luz se necesita donde, en vez de confesarle luminosamente Mesías e Hijo de Dios, se le desconoce vergonzosa y oscuramente.
Como él, la Iglesia, en busca siempre de las fuentes de la Vida, llama también ahora en la puerta intransigente de los que no saben todavía quién es y dónde está Cristo, con la aldaba de su palabra trascendente, siempre poderosa y nueva.

jueves, 24 de febrero de 2011

Una carta con remite del cielo

Un poeta valenciano contemporáneo tiene un poema resuelto como diálogo telefónico con Dios.  Comentándolo con quien esto escribe, alegaba que su aparente falta de fe tenía sus límites, ya que Dios le rondaba cercano de inevitable manera.
Hay también cartas dirigidas a Dios escritas por niños que le preguntan o confiesan las cosas más insólitas e ingenuas. Y en el otro extremo, un escritor ingles, C. S. Lewis, dejó escritas unas perversas perversas tituladas , Cartas del diablo a su sobrino, diablejo inexperto y fracasado a quien el redomado tío va adoctrinando para que lleve irremisiblemente a la perdición a una de sus víctimas, y donde entre otras mil diabluras, le hace ver la ventaja de que le aleje de la oración y de pensar en Dios, haciendo que piense en sí mismo como mejor modo de ejercitarlo en el egoísmo.
Hoy ya se escriben pocas cartas, sustituidas utilitariamente por el correo electrónico, más a la mano e inmediatas, e ignoro si Dios o el diablo disponen de sus correspondientes direcciones on line. Si sé que, según ese tal Lewis, al menos el diablo se llama Ecrutopo y el lugar infernal desde el que escribe es el Reino del Ruido.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Las hermanas criaturas

Hay dos estampas paralelas y en cierta manera coincidentes en las vidas de san Francisco de Asís y san Antonio de Padua. San Francisco, en un momento de exaltado amor de Dios, a solas con él en el bosque, al ver que su presencia convoca a toda suerte de pajarillos y que se acercan confiados a él, procede a avisarles de la obligación que tienen de alabar a su Creador con la gracia alada de sus ensortijados trinos.
La situación, al borde del mar, de san Antonio es muy otra. Se siente dolido por la dejación de los hombres que olvidan alabar agradecidos a Dios, de quien todos dependemos, y predica a los peces, que para su asombro, emergen uno a uno sacando y sacudiendo la plateada cabeza fuera del agua, como quien presta atención a lo que dice.

Francisco llamaba hermanas a las criaturas de Dios, hechura alfarera todos de unas mismas manos; Antonio procedía de semejante modo, movido por parecidos sentimientos. Les inspiraba el amor. Amar a Dios comporta amar todo lo que él hizo. No admite salvedades amar de tal manera, de modo que quien, enamorado, cree en él con piadosa convicción y admira su obra, sabe que, hermanado con la naturaleza, es de bien nacidos besar la mano que lo hizo todo.

martes, 22 de febrero de 2011

San Francisco y el lobo




         Son innumerables los cuadros y dibujos ilustrativos que ha inspirado el poético pasaje de la vida de san Francisco en que libra a la ciudad de Gubio de la amenaza de un lobo que tenía atemorizada a toda una comarca.

        Las cacerías organizadas para darle muerte, no logran el éxito esperado, y como última instancia recurren al santo de Asís, cuya santidad hace milagros. Francisco no opone excusa alguna que le exima de tan arriesgado cometido, sólo que para él son hermanas todas las criaturas de Dios, obra primorosa del supremo Hacedor, y su propósito está lejos de procurarle daño alguno al selvático animal.
Sale en su busca y no parece sino que el animal se haga encontradizo, porque da pronto con él. Le ofrece su amistad y hace un trato de buena vecindad al que asiente el lobo. La audaz mansedumbre de Francisco ha contagiado y pacificado a la fiera.

           Se podría confeccionar un voluminoso libro seleccionando exclusivamente las incontables ilustraciones que interpretan artísticamente tan insólito acontecimiento. Literariamente, también el renombrado poeta modernista que fue Rubén Darío, no se resistió a narrar el episodio en cuestión en un amplio poema de sonoras resonancias rítmicas titulado “Los motivos del lobo”.
Celebremos una vez más que san Francisco esté vivo en la espiritualidad de la pobreza y sencillez franciscana, no menos que en el mundo innovador del arte.

lunes, 21 de febrero de 2011

San Pablo y la cruz

          San Pablo es el ejemplar perfecto del cristiano austero que crucifica su vida en la cruz de Cristo como encanándose en él. Desde aquellos días estelares, son incontables los que se han despojado de sí, no sólo sangrando su vida en el cha5rco sagrado del martirio, sino en la entrega de todo lo que fueron y pudieron llegar a ser, como hace el monje en el retiro sosegado de su silencio, como la clarisa en el rincón  deshilachado de su pobreza o el simple cristiano que tiene en nada todo lo que no sea vivir ajustado a los deseos sobre él de Cristo.

Seguidores suyos los llama Jesús, incluso amigos, desde que se alivian del peso grave de sus pertenencias, desviados afectos y pesadumbres. Es esa la cruz que han de arrastrar, hechos carne de cruz ellos mismos, arrastrándola cada cual por el surco señero que traza la que hiere los hombros desgarrados de Cristo.
Su cruz somos nosotros mismos sangrando su propia sangre dolorida. Hagamos nuestro su dolor.