viernes, 14 de enero de 2011

Porteadores de un paralítico

La fe de unos puede salvar a otros en favor de los cuales esa fe se hace singularmente manifiesta. Sucede así con unas vecinos de Cafarnaún que descuelgan a un paralítico por un boquete abierto a este fin en el techo de una habitación, desde cuya puerta propone Jesús su enseñanza al gentío congregado en el patio de la casa de Pedro. Jesús interrumpe su discurso sorprendido, celebra esta audaz añagaza de los porteadores del enfermo y muy a gusto procede a curarlo, en gracia a la fe mostrada por esos acompañantes del paralítico.
Es la fe de los familiares la que desencadena el prodigio, ya que la gracia der la curación recae en el enfermo por pura carambola, de modo que lo que destaca Jesús es la confianza que ponen en él los porteadores, cuya hazaña ha conmovido su corazón compasivo y su benigna mano.
Uno se queda perplejo cuando recapacita y advierte que de la fe de uno depende la salvación de otros. La fe es, pues, moneda de cambio con la que Dios premia nuestras súplicas en favor de aquel a quien queremos, que en definitiva es una gracia dada a nuestros deseos fervientes por creer en él resueltamente. Se conjugan la fe y el amor al otro en el provechoso compromiso de ser cristianos de verdad

jueves, 13 de enero de 2011

El brasero y la badila

          La evolución histórica de los pueblos se mide también por la de las pequeñas cosas que arropan la vida familiar y el progreso arrumba, como los antiguos cacharros considerados de siempre que de buenas a primeras los adelantos del bienestar va retirando del entono doméstico. ¿Dónde ha quedado el brasero y la badila con que la abuela atizaba las brasas cubriéndolas de ceniza? Y con el brasero, la redonda mesa de camilla, enfaldada hasta el suelo para salvaguardar el calor en su intimidad, sin otra intromisión en ella que la de los fríos pies ganosos de abrigo.
Desaparecen con ello locuciones como darle a uno con la badila en los nudillos que designaba la dura desaprobación de una actitud reprobable.
Queda todavía la estrafalaria estufa de leña, con su peligrosidad por la toxicidad del gas no siempre advertido a tiempo. La prensa no deja de notificar intoxicaciones luctuosas, casi siempre de ancianos, tan propicios al sueño, que acaba a las veces en descanso eterno.
Pero la vida sigue.

miércoles, 12 de enero de 2011

En Cafarnaúm

El evangelio no se puede leer a la ligera como quien lee un texto anodino. Hay pormenores que contribuyen a descifrar hechos incomprensibles si no les presta la debida atención.
Establecido Jesús en Cafarnaún, un sábado, al salir de la sinagoga, cura a la suegra de Pedro de unas fiebres que la tienen postrada. No es la única persona necesitada de atención médica en Cafarnaún. ¡Pero ya quisieran igualmente los restantes enfermos del poblado poder obtener ya tan prodigioso favor, pero el descanso sabático, mal entendido por quienes rigen la espiritualidad judía, lo impide: está prohibido curar en sábado.
Al atardecer, según el cómputo judío de los días y las horas, ha dado comienzo un nuevo día. Es el momento en que apresuradamente se agolpa la gente con sus enfermos ante la casa de Pedro, donde Jesús se hospeda.
Es gratificante entonces consultar el contexto cultural en que transcurre el relato evangélico para su mejor comprensión.


Restos de iglesia alzada sobre la casa de Pedro

martes, 11 de enero de 2011

Comienza Jesús su andadura evangélica

Más que el acontecimiento del  bautismo de Jesús, lo que da relieve a este hecho singular es el significado de la presentación de Jesús al mundo. Aquí, en su bautismo, es exactamente donde Jesús toma conciencia de su realidad mesiánica y filiación divina.
El evangelio no nos habla de emociones que sí quedan a veces sugeridas por indicios, pero es obvio que aquí a Jesús le debió dar un salto el corazón. Todo hace pensar con qué equilibrada contención se comporta ante noticia tan singular. Es el Padre quien se le revela y le colma con la fuerza de su Espíritu. Dios se revela sorprendiendo siempre al hombre, ya que reside más allá de la historia y resultan imprevisibles sus incidencias en el tiempo. La sorpresa de Jesús es inevitable, pero  allana humildemente todo indicio de sobresalto.
Dios, en Isaías, presenta al Siervo que anticipa en imagen a Cristo, y desde ese instante es el Siervo quien prosigue hablando a los hombres. Jesús, Palabra del Padre, empieza igualmente a hablar ahora como tal lenguaje del Padre, presentado ya por él como su Hijo predilecto.
Se explica así que Marcos dé comienzo a su evangelio con este hecho memorable del inicio de la enseñanza cristiana.

lunes, 10 de enero de 2011

Todos juntos lo podemos todo

La monotonía de la costumbre desdibuja el sentido de lo que hacemos y de lo que pensamos. Es como poner un cristal esmerilado ante nosotros. Además de la rutina de hacer las cosas sin recapacitar en su sentido más relevante, existe el hábito inveterado de acostumbrase a pensar también rutinariamente, sin valorar la riqueza del sentido de lo que pensamos. Y es así como recitamos nuestra confesión de fe como quien duerme, sin percatarnos del alcance de los misterios de nuestra fe, tan rica de contenidos, tan llena de Dios.
Dios nos nace ahí mismo, en nuestra carne y se nos pone a tiro, con perdón. Vivimos habitados por su mismo Espíritu y comulgamos con su propia carne y sangre por ese mismo Espíritu, a quien invocamos para que se nos haga presente en el pan y el vino.¿Qué no podríamos hacer teniendo a Dios en la mano?
Muy poco, si no somos capaces de evaluar tan inaudita gracia y obrar luego en consecuencia, lo que nos sobrevendría con toda la naturalidad del mundo. Son muchas las cosas que Dios pretende de nosotros y que podemos hacer sin excesivo esfuerzo. No seamos tontos. Todos juntos lo podemos todo a poco que lo intentemos.

domingo, 9 de enero de 2011

El Niño y los niños

         Jesús amó a los niños, los amó por su ingenuidad, su naturalidad, su espontaneidad y su sencillez. Los niños no tienen pliegues en el alma como los adultos.
Hay que sufrir una absoluta carencia de sensibilidad para no amar a los niños. Y no ama bien a los niños quien no ame al que nos ha venido en Belén, un niño que ha de crecer con prisa, porque viene con el salario de nuestra salvación bajo el brazo.
El amor alimenta y hace crecer. El desamor es un cruel fermento de muerte, y mata sin compasión por eso mismo, desde el anonadamiento de la depresión..
Amemos a Jesús para que no sepa todavía lo que es el mundo, no sea que se asuste y vuelva desalado a los brazos del Padre. Él ama la infancia de todos nosotros en la sencillez que ha de distinguirnos y que empequeñece al más altivo.

sábado, 8 de enero de 2011

Sobre los ángeles

¡Mira que si un día a un ángel travieso se le ocurre la diablura de llevarse para sí la estrella de Belén y nos deja a oscuras! No es mucho lo que sabemos de los ángeles, salvo que su quehacer primordial es mediar entre Dios y nosotros brindándonos su protección; no creo entonces muy puesto en razón maginar posibles desmanes impropias de la bondad que, con mejor criterio, atribuimos a los ángeles.
Los judíos, tan largamente necesitados de Dios, poblaron su teología de espíritus angélicos bienhechores, hasta alzar toda una variada jerarquía con que enriquecieron su espiritualidad, bien que a lo largo de la Escritura prefieran usar la expresión genérica ángel de Dios. Los cristianos les somos deudores de tan antigua y servicial tradición, a la que hemos dado privilegiada continuidad, y así, a José un ángel le allana en sueños sus sospechas y resquemores sobre el embarazo de su María; y a Jesús, otro le sirve, una vez vencido el espíritu del mal, ocupando cortésmente su lugar. En Belén forman un denso revoloteo desgañitándose cantando aleluyas. Y un ángel también, vestido de luminosa transparencia, anunciará a las desoladas mujeres, ante el sepulcro vacío, que no se aflijan, que Jesús vive y ya no está allí. Son como divinas asistencias que nos alzan del abatimiento en momentos cruciales, amigos siempre.