viernes, 19 de febrero de 2010

El pensamiento matemático

El pensamiento matemático ocupa un espacio donde la exactitud da seriedad a toda operación que exija puntualidad y precisión. Su lenguaje tiene peso y rectitud con el que cuantifica y pone en orden todos sus significados, mediante signos simbólicos llamados guarismos, no exentos de un cierto carácter iconográfico, cuya primera función es contar y numerarlo todo.
Gusta de la progresión y el desarrollo, y cuando la regresión cambia de signo su talante impulsivo y natural hacia adelante, invierte sus valores ruborizando los números resultantes.
El pensamiento matemático llena de cifras la historia y sus números alcanzan su máximo prestigio dando nombre a uno de los libros sagrados que inspira la Palabra de Dios, quien ya al comienzo de todo, numeró los primeros ensayos del tiempo inventando, día a día, la semana laboral.
Lo matemático tiene mucho que ver con el día y choca con la burda oscuridad de la noche. De hecho, esclarece la mente del hombre y dilucida los misterios de sucesivas incógnita, para lo que cuenta con axiomas y apotegmas básicos, por más que no necesita de la luz, toda vez que inunda con sus propios destellos los cristales del ámbito que habita, traspasado de claridad y transparencia naturales. Con todo, a pesar de su clarividencia, es indiferente a la inteligente sensibilidad humana y no entiende de sentimentalismos, tan opuestos a la sequedad de sus enunciados y la pragmática aspereza de sus desarrollos dilucidando opacidades y oscuros problemas, de modo que bastaría el tierno crujido de un beso para que saltaran rotos todos los cristales del edificio en que ejerce su emblemático dominio: no tiene corazón.

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