sábado, 31 de julio de 2010

Firmes como un yunque

Asimilar la firmeza de la fe a la robustez inconmovible del yunque, es un imagen plástica llena de fuerza y acierto.
Sorprende la rabiosa actualidad que tienen hoy todavía exhortaciones heredadas de plumas ardientes que escribían en los primeros tiempos de la Iglesia, como las que dirige Ignacio de Antioquía a san Policarpo, quien tuvo la suerte de tratar a Juan el Presbítero y a Aristión, discípulos de Jesús. ¡Cuántas cosas de primera mano le pudieron contar!
San Ignacio le dice, por ejemplo, que no le impresionen “los que se dan aires de hombres dignos de todo crédito enseñando doctrinas extrañas a la fe. Muy al contrario, manténte firme -le recomienda- como un yunque golpeado por un martillo”.
No se diría hoy mejor esto mismo, frente a quienes alardean de estar revestidos de toda la verdad en sus alegatos contra los creyentes. También esos, ufanos, se dan aires de ser dignos de todo crédito, empeñados en arrasar las raíces de nuestra fe. Razón de más para sentirnos también nosotros firmes como el yunque que hiere despiadado la fiereza de un martillo. Qué menos.

viernes, 30 de julio de 2010

El cepo de la codicia

La pobreza es una parte importante de la saludable higiene del alma. La pobreza aligera el peso muerto del hombre, ya que nos descarga de cuanto entorpece nuestros pasos hacia el beneplácito de Dios. Quien se ata a las cosas, en la misma medida se desliga de él.
Los ojos tranquilos del pobre que es Jesús miran con desdén la fealdad de la codicia, que es la forma más extremada del desasosiego por tener siempre más. El codicioso es un coleccionista compulsivo de todo lo que afanosamente anhela alcanzar. No tiene por necesidad; tiene por tener. Nunca satisfecho, es un poseedor irrequieto, esclavo de todo lo que posee, que acaba por poseerle. Es un poseso de cuanto cree poseer.
La codicia llega a ser entonces cepo inclemente que ahoga y atenaza a quien se deja apretar por él. Se convierte en una apetencia vehemente que encierra al codicioso en sí mismo, en el cerco que él mismo se ha ido labrando y lo aparta de todo. De ordinario, el avaricioso es un hombre triste, porque le falta y necesita todo lo que no tiene, que es mucho. Le falta, ante todo, el amor al hombre y el amor de Dios.

jueves, 29 de julio de 2010

La palabra en la boca

Moisés dice que la palabra preceptiva de Dios la tenemos ahí mismo, que la llevamos inscrita en el corazón y en la misma boca, y nos insta, por eso, a escuchar su voz. Una voz tonante y poderosa que, como un hacha tajante, descuaja los cedros y descorteza los árboles más recios y añosos, que dice el salmo.
El término verbal escuchar es como un aldabón reiterativo, un pertinaz martillo de yunque que no deja de resonar en la amplitud infinita del pecho de Dios que es su Escritura, y es que Dios no cesa de hablar al corazón del hombre.
Son dos las actitudes, igualmente remisas, que adopta el hombre al disponerse a la escucha de Dios: la de los ciegos, que no disciernen su presencia, y la de los sordos, que no perciben su voz clara y distinta entre tantas otras oscuras. Los unos no quieren o se resisten a creer; los otros desisten de escuchar. Creer comporta un compromiso consecuente, lo que resulta incómodo; escuchar entraña abocarse a creer, y tenemos las mismas.
Nada entonces les dice ni siquiera les insinúa apenas la palabra de Dios, toda vez que la palabra está viva en la medida que la vive el hombre haciéndola suya, y para Dios es como si ellos ya estuvieran muertos; es la opción que han preferido tomar.

viernes, 23 de julio de 2010

Contrastes

Hay en la naturaleza como una ley no escrita que rige el equilibrio de las cosas. A un invierno excesivamente crudo, sucede un verano tórrido, sin transición apaciguadora que haga recaer gradualmente lo uno en lo otro. Se borra la primavera, reducida a escasos titubeos más o menos floridos, y desaparece el otoño, esa antigua playa de mórbidas arenas donde moría empalidecido el verano.
Todos los excesos son letales. Nunca esculpieron buenos modales exuberancias desaforadas ni gritos de frenesí. Por eso es dulce la sencillez franciscana y la afectividad doméstica de Teresa de Jesús. En cambio, el extremismo agresor mató a Cristo, que era manso y humilde de corazón. Menos mal que la sangre salvadora de su martirio -con su pequeño charco a los pies de la cruz-, nos salpicó a todos.

jueves, 22 de julio de 2010

A la escucha de la palabra

No por manida pierde diafanidad esa comparación de la semilla de la divina palabra con la tierra, bien dispuesta o no, de la voluntad del hombre. Lo conveniente es poner nuestra buena disposición al hilo de la de Dios.
No hay semilla buena o mala. Buena o mala es nuestra disposición a recibirla. Y sucede que Dios no es remiso en dar, sino que nos compete a nosotros ser solícitos ante su generosidad; de hecho, Dios llueve igual para buenos y malos, y lo hace copiosamente.
Importa sobremanera entonces permanecer siempre a la escucha de su palabra sembradora, que al parecer es eso lo que quiere significarnos Jesús al declarar que el que tenga oídos, que oiga. Escuchar es acoger.

miércoles, 21 de julio de 2010

Los santos tienen razón

La verdad absoluta de Dios está muy por encima de cualquier otra verdad, por muy razonable que nos parezca. A los santos, que se han dejado abrillantar por la luz dorada de Dios, les empapa como a nadie la sazón de su divina verdad, por cuanto viven y hacen suya la palabra de Cristo. La verdad no sólo les hace libres; les hace verdaderos. Es lo que explica que los santos tengan toda la razón. Lo establece de manera implícita y proverbial la gente, cuando, al subrayar la evidencia de un alegato, afirma de su autor que tiene más razón que un santo, lo que da por sabido, como referencia indubitable, que a los santos les asiste siempre toda la razón.
Es razonable que san Pablo, acosado por los cuatro costados, clavase su debilidad en la cruz de Cristo; es razonable que el autor del Apocalipsis reuniera en torno al charco salvífico de la sangre de Cristo el blanco ejército de los mártires; es razonable que san Agustín no diera con Jesús mientras lo buscaba en la falsa ceniza de la filosofía pagana; es razonable que san Buenaventura, aliado de la pobreza de Francisco, empleara una buena porción de su tiempo en escribir una Apología en defensa de los pobres; es razonable que santa Teresa se sintiera cerca de Dios, incluso mientras fregaba hacendosamente el hollín de la sartén; es razonable que la Madre Teresa quemara toda una vida para calentar las manos vacías de los desvalidos; es razonable que Juan XXIII se saltase los límites vaticanos para estar con los que, a la sombra del olvido, quizás ni supieran dónde estaba el Vaticano; es razonable que a los santos se les reconozca como espejo y encarnación de la verdad, raíz de todo raciocinio.
Creo no exagerar si digo hoy de mí que, al menos en esto que escribo, tengo más razón que un santo.

martes, 20 de julio de 2010

La verdad es bella

El amor a la verdad acaba siempre en amor a Dios.
Hay que sembrar verdades de todo tipo en esta cultura de nuestros pecados, tan vapuleada por los intereses malsanos de quienes sienten alergia a la verdad y hallan rentabilidad en la mentira. El amor a la verdad es la nobleza de la mente. La verdad, como el bien, es bella. Y quien admira la belleza, admira la verdad.
Si alguien lo duda y quiere valorarla en su justa medida, no tiene más que ponderar la perversa fealdad de sus antónimos como el fraude, el enredo, el embrollo, el engaño, la falsedad. Nadie que ame la maldad, ama a Cristo. Es la prueba del nueve.
Jesús reprobaba por eso la hipocresía casi obsesionado. Él era la caja de caudales de las verdades del Padre, y la mentira le desasosegaba. Lo repito: la verdad no sólo es útil; es bella, es buena, es agradable, es gozosa. Es comprensible entonces que el amor a la verdad acabe siempre en amor de Dios.

lunes, 19 de julio de 2010

Estar a la escucha de la palabra

Nos dice Lucas, en su evangelio, que María, la joven hermana de Marta, en Betania, sentada a los pies de Jesús, escuchaba su palabra.
María tiene un corazón incalculable que no sabe orillas y es fácil imaginarla ensimismada, escuchando la voz sugerente de Jesús.
Saber escuchar es uno de las disposiciones que exige la palabra para que nos llegue y mueva con toda la fuerza de la divina gracia. He hecho un recuento de las veces que la palabra escuchar, en su segunda persona del imperativo, la más persuasiva, aparece a todo lo largo de la Escritura y el recuento resulta aleccionador, ya que de una cifra total de 149 veces, en los salmos aparece 30 veces, y el los Proverbios 25, que superan con mucho a los datos de los demás libros bíblicos.
El libro de los Proverbios, conducente a educar con sus consejos la conducta del hombre desde la palabra, es propicio al uso de la interpelación a escuchar la insinuante voz de Dios. Su cariz persuasivo persigue favorecer la disposición a la escucha que hay que suscitar en el ánimo del lector, para que la siembra de la palabra arraigue en él: Escucha mi instrucción, se oye en ellos, con variantes equivalentes: Escucha mi consejo... Escucha mis palabras...
Los salmos son diálogos entre el hombre con Dios, donde se confrontan las contrariedades que acucian al hombre, con la invitación divina a andar con rectitud por los caminos que traza la ley. Su carácter coloquial es lo que induce en ambos interlocutores al uso verbal de tipo imperativo: Escucha mis palabras, Yahveh, clama el hombre desde la aflicción. Es el requerimiento más frecuente en los labios anhelantes del hombre, muy similar al del afán con que la voz de Dios procura enderezar la voluntad del hombre devoto: Escucha, pueblo mío. Escucha mi ley..

María tiene mucha suerte, porque está más cerca de Dios que el orante de los salmos o el lector de los Proverbios a Dios, en la persona de Jesús; de hecho, está a sus pies, y absorta en él, escucha su palabra.
En el coloquio amoroso y trato con Dios, la cercanía es un grado.

domingo, 18 de julio de 2010

Feliç qui te sols a Deu per amo

En un antiguo azulejo propiedad de un amigo, se lee en lengua que no se apartaría mucho del antiguo aragonés: Feliç qui sols te a Deu per amo. La frase admite doble interpretación, según se aplique al hecho social más o menos cercano al vasallaje o a la vida desprendida y austera de quien sólo vive para Dios, ajeno a interesas transitorios.
De un lado, la frase nos remonta a siglos atrás en que lo más corriente era vivir sujeto a un señor que, a cambio, te aseguraba una humilde y suficiente subsistencia. En ese contexto, gozar de la libre independencia del que, en posesión de un oficio, trabajaba para sí, era un saludable y agradecido sueño, considerando que quien tiene la libertad mermada, no va más allá del pájaro dignamente enjaulado que no por eso deja de cantar.
Otra cosa es vivir gozosamente en el retiro de la parquedad, uncido a la providencia de Dios, dependiente únicamente de la proximidad de su benevolencia, donde la única voz que hay que oír es la suya. Su canto es espacioso como el del pájaro de ámbitos que no conocen fronteras. En uno y otro caso, feliç qui sols te a Deu per amo i senyor.

sábado, 17 de julio de 2010

El lenguaje de san Francisco


El lenguaje, como arcilla en manos de alfarero, imagen de nuestras vivencias más espontáneas, se deja moldear por las motivaciones que inspiran su expresión, resolviéndose en estilos diversos, géneros literarios y fórmulas enriquecedoras de articulación del pensamiento.El lenguaje de la afectividad tiende a magnificar sus opciones y preferencias en formas de expresión que no se dejan constreñir por la contención rigurosa y la norma fría. El amor que lo mueve es expansivo; no conoce límites ni orillas que lo puedan refrenar. No le pidáis comedimiento ni ajustada concisión al pensamiento desbordado del amor que alienta en todo apasionamiento. San Francisco, que nunca supo cómo se pudiera apagar la lámpara de la afectividad encendida de su palabra, encadenaba adjetivos, al escribir, llevado de su amor a Dios y a las mismas criaturas, o eslabones de sustantivos con que intentar definir sus divinos atributos:
Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el toda bendición.
Así de efusivo comienza el Cántico del Hermano Sol que un buen día escribió el santo, allá por una de las esquinas del siglo XIII. Pero no deja de ser un ejemplo. La lectura de sus Alabanzas que se han de decir todas las horas, son como un volteo de campanas de los verbos alabar y bendecir, calcando formulaciones sálmicas. Se contiene en buena parte cuando se limita a dictar normas de vida regular según formas de expresión más objetivas.
Los que, sellados por la experiencia amorosa de Dios, sabéis sumiros en el deleite de la contemplación de sus verdades, intentad de escribir luego de él con fría contención; veréis de qué poco os sirve el lenguaje ordinario de la objetividad y cuánta es nuestra torpeza. En alabanza de Cristo.

viernes, 16 de julio de 2010

Jesús y lo pequeño

Jesús siente una preferencia especial por los niños, y hay una exclusiva razón que lo explica, y es que son pequeños. Es lo que explica que anteponga a quien, en vez de complacerse en descollar sobre los demás, se humilla ante Dios y se empequeñece. Los discípulos no lo sabían aún cuando intentan apartarlos de él para evitar todo posible alboroto. No saben bien lo que hacen.
Pequeños son en primer lugar los niños, pequeños los pobres, pequeña la humildad de la gente sencilla, pequeña la timidez del que se cree más pequeño de lo que es.
A Dios no le impresiona la grandeza ni excelencia de los hombres más o menos altivos, mediocre trasunto de su inmensidad y sabiduría infinitas. Por eso mismo ama a los pequeños, toda vez que es lo único que él no puede ser. No es de extrañar que hiciera niño a Jesús, su Hijo, por eso. Y entonces sí, entonces pensaría:
- ¿Hay algo más hermoso que unos ojos grandes en la cara menuda y luminosa de un niño?
La sencillez son los humildes ojos de la verdad.

jueves, 15 de julio de 2010

La belleza de la luz de Dios

No es necesario recurrir a proverbios y refranes caseros, cuando la Escritura nos sirve todo un acerbo de máximas que tienen además la autoría de lo alto, como cuando, en el libro de la Sabiduría, alguien declara que prefirió “tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que procede de ella no conoce noche”.
Es un elogio de la sabiduría de quien ha hecho tan excelente elección, dicha además con la elegancia de esa comparación final con el esplendor de la luz.
Está la luz que alumbra el día, la luz de la inteligencia que alumbra nuestros saberes y la luz inmarcesible de los saberes de Dios. La sabiduría divina nos hace partícipes de su luz, mediante el conocimiento de sus misterios. No hay claridad comparable a su esplendor, reflejo de la luz del divino rostro; una luz que no se pone como se pone la luz del sol, porque la claridad que procede de ella no conoce noche”.
La luz es siempre bella. Díganlo el espectáculo espléndido del amanecer y el desbordamiento desfallecido de un ocaso glorioso. La belleza de la luz es ella misma, imponente, fúlgida, esplendorosa. ¿Cómo no lo ha de ser la luz que irradia la sabiduría sobrecogedora de la palabra divina y la presencia de Dios en el corazón de sus misterios?

miércoles, 14 de julio de 2010

La verdad es bella


El amor a la verdad acaba siempre en amor a Dios.
Hay que sembrar verdades de todo tipo en esta cultura de nuestros pecados, tan vapuleada por los intereses malsanos de quienes sienten alergia a la verdad y hallan rentabilidad en la mentira. El amor a la verdad es la nobleza de la mente. La verdad, como el bien, es bella. Y quien admira la belleza, admira la verdad.
Si alguien lo duda y quiere valorarla en su justa medida, no tiene más que ponderar la perversa fealdad de sus antónimos como el fraude, el enredo, el embrollo, el engaño, la falsedad. Es la prueba del nueve.
Jesús reprobaba por eso la hipocresía casi obsesionado. Él era la caja de caudales de las verdades del Padre, y la mentira le desasosegaba. Lo repito: la verdad no sólo es útil; es bella, es buena, es agradable, es gozosa. Es comprensible entonces que el amor a la verdad acabe siempre en amor de Dios.

martes, 13 de julio de 2010

Y Jesús se alejaba

La fe es el eslabón que enciende la yesca del milagro. Es su detonante. Jesús en su pueblo apenas si puede ejercer como médico prodigioso, justamente porque no había fe en sus habitantes. Se resistían a creer en un simple hijo de carpintero.
Nazaret es un pueblo arisco de corazones apagados, porque si la fe es oscura, la falta de fe es ceguera opaca y profunda. Es curioso que Lucas observe que Jesús, acosado por sus paisanos, se escabulle como mejor puede y sin prisa se va alejando de ellos. No se aleja, no se alejó, se alejaba, dice él con aspecto verbal durativo; es decir, se iba alejando poco a poco. Claro, en Nazaret quedaba desolada, su Madre María.
A menudo, no es Jesús quien se aleja demorando su retirada remisa. Somos nosotros quienes nos distanciamos de él. Como si Jesús no creyera en nosotros.

lunes, 12 de julio de 2010

El tiempo, los talentos y la enfermedad

Una enfermedad es un aviso de que el tiempo que dispendias y en el que cabalgamos se tambalea. Cuando sus achaques se instalan en nuestro patio interior, las rosas que son nuestras esperanzas de futuro empiezan a ajarse como quien empalidece, y la angustia amarga nuestras vivencias, incluso a veces con amagos de muerte, ese aldabón pavoroso. Es entonces cuando ponemos en valor nuestra vida, tan maltratada a veces, y nos damos cuenta de que es verdad aquello de que el tiempo es oro, un bien siempre escaso.
Jesús acierta al comparar los dones de que disponemos con valiosas monedas que Dios pone en nuestras manos dadivosamente, para que les demos la máxima rentabilidad.
Quieras que no, hay que acoger esos toques de alarma que es la enfermedad, como reconvención de que el sutil hilo de la vida pende de los dedos de Dios y de que hay que vivir nuestra debilidad apoyados en él, como quien pone un rodrigón a la rama que se dobla vencida por el mismo peso desgastado de la vida. Al fin, él es la vida y nosotros hemos de vivir la nuestra engastada en la suya como en un anillo infinitamente valioso.

domingo, 11 de julio de 2010

Homo antecessor


En Burgos se ha inaugurado un Museo de la Evolución Humana, habilitado con toda clase de utensilios prehistóricos, en torno a la vetusta figura del Homo antecessor, que vivió por estos pagos hace la friolera de un millón de años. Sus remotísimos restos aparecieron en el yacimiento paleoantropológico de Atapuerca.
Se trata de un edificio singular en forma de cubo transparente, de 12.000 metros cuadrados, una última y suntuosa residencia mortuoria que nunca hubiera soñado para sí tal antecessor nuestro.

Pero, ¿qué tiene que ver este lejano precursor con nosotros? La ciencia lo ha fichado como valioso ejemplar, único en su rango, de una de las etapas evolutivas más añejas del género humano. Todo muy excitante. Pero, ¡qué feo el tal antecessor!

Me cuesta admitir, desde mi pundonor de persona honrada, que vengamos de un antecesor burgalense tan desgarbado, extravagante y patoso, con esa cara horrible o lo que sea, los brazos inmensos que casi llegan al suelo y que nos mira de través, Dios sabe con qué intención. Aún así, seamos humanos, afables, humildes, y no le neguemos a este inmemorial pariente nuestro un lugar hospitalario en nuestra historia, que es tanto como sentarle a nuestra mesa. Es como un hijo pródigo que vuelve a nosotros a la vuelta de unos añitos.

sábado, 10 de julio de 2010

Dichosos los llamados

Sabré que estás comigo,
sabré que me has mirado,
cuando en tus ojos vea
los míos reflejados.

Sabré que estoy contigo,
sabré que, al fin, te he hallado,
cuando tu mano amiga
me coja a mí la mano.
Sabré que te comulgo
en tu mesa instalado,
cuando acerques tu cáliz,
Señor, hasta mis labios.

Hay vino, hay pan. ¿Quién falta?
Todos, Señor, estamos.
Parte el pan como entonces.
¡Dichosos los llamados!

viernes, 9 de julio de 2010

Elogio del jamón

Hay cosas absurdas que dividen con tajante radicalidad a las personas por motivos culturales o religiosos, si es que puede separarse lo uno de lo otro. Para un judío o un musulmán, el jamón es la cosa más cerda que pueda llevarse uno a la boca. Para el resto de los mortales, es una exquisitez incomparable.
Jesús ya hacía ver, en sus días, con inusitada clarividencia, que los alimentos ni empañan ni limpian la conciencia de nadie; lo que mancha el corazón es la perversidad de la malicia. Mal sitio Teruel para tales abstemios, por más que se encomien las bondades de una soñada integración de nativos y advenedizos. Hay límites y fronteras que las creencias lacran como intransigentes.
Estos días los expertos cortadores de jamón no dan abasto, absorbidos por el repetitivo recorrido horizontal del pernil, como carpinteros con cepillo. Es el minucioso corte ritual del jamón. ¡Sabroso jamón de denominación de origen! ¡Oloroso jamón de Teruel del color montaraz del rodeno! Los hay excelentes, cómo no, en toda España, de modo que no debe extrañarnos que algún que otro nacionalista acérrimo, los hay incorregibles, se empecine en que el de su pueblo es el mejor. ¡Y un jamón!

jueves, 8 de julio de 2010

La insistencia de Jesús

Hay cosas en las que incidimos de modo repetitivo, cuando nos impulsa a ello la conveniencia de inculcar el beneficio de una determinada realización urgente; y en el recorrido gradual de esa premura, desde el mero consejo urgente hasta la impertinencia del acoso, están la insistencia, la terquedad y el empecinamiento. La terquedad y menos aún el acoso no son las actitudes más recomendables cuando lo que se pretende es mover de modo convincente y sereno la voluntad del hombre.
Jesús en su enseñanza es proclive al recurso de la insistencia para ponderar las ventajas de acoger con presteza la bondad de sus prescripciones e inclinar a la práctica la remisa voluntad del hombre, y es de ver cómo nos insta al recurso de la oración de petición con un triple escalón: el que pide recibe, el que busca halla, al que llama se le abre. Por tres veces inducirá, en Mateo, a que reconozcan sus discípulos la conveniencia de que el Mesías sufra, muera y resucite, contra la terca prevención popular de que un mesías no puede morir. Tres serán los dudosos candidatos a seguir su llamada alegando excusas y reticencias.
La insistencia es la estrategia que prefiere Jesús para urgirnos a enriquecer nuestra conducta, porque su palabra no es impositiva, sino sugerente y persuasiva. No incurre en la terquedad y le repugna el acoso. La premura sí, porque está en juego nuestra salvación.
Bendito su afán, bendito el celo salvador que le dispone tanto a nuestro bien.

miércoles, 7 de julio de 2010

Quien no sabe amar...

El amor es generoso. El amor es una casa de cristal que tiene ventanas y puertas abiertas. Al revés que el egoísmo, es erizo en huida, enrollado sobre sí mismo, aislado de todos; un espejo ante otro espejo que sólo se mira a sí mismo. Quien no ama, no tiene razones para hacer nada por nadie. El amor es afable y tiene siempre la mano extendida; el egoísta la retrae abrazado a sí mismo, como serpiente ciega que no sabe qué o a quién constriñe. El amor es alegre; el egoísmo, huraño.
El amor es la virtud de hacer el bien a los demás. No le pidáis al egoísta que mire por los otros. Para el egoísta no están. Quien no ama, no tiene razones para hacer nada por nadie.

martes, 6 de julio de 2010

La estupidez nace del corazón

Lo dice Jesús con motivo de negar que la ingestión de alimentos pueda menoscabar la buena disposición espiritual del hombre. Los alimentos no pueden quebrar nuestra integridad. Es en nuestro interior donde anida la malicia, y entre tanta perversión a que pueda inducirnos un corazón torcido, Jesús, con aparente sorpresa, sitúa la estupidez. ¿Por qué esta reprobación de la estupidez, al hilo de la lujuria, la avaricia, el adulterio, el desenfreno, la blasfemia, la envidia? No sólo es estúpido el necio, mermadas sus facultades mentales. Hay muchas maneras de ejercer irreflexivamente la estupidez en su grado más zote. Estúpido es el presuntuoso, el engreído, el envarado, el soberbio. Se comprende de este modo que sea la estupidez del pecado lo que reprueba Jesús. Obviamente, no podría aprobar como juiciosa actitud, que empleemos el tiempo que se nos da para ganar su gracia, en desplomarnos por el disparadero de disfrutes pasajeros. Unamuno decía, tal vez por eso mismo, que la estupidez le estaba prohibida al cristiano. Jesús tiene muy claras sus ideas.

lunes, 5 de julio de 2010

Pianos en la calle

Lo leo, casi sobrecogido, en la prensa.
Esto de “Pianos en la calle”es un insólito proyecto de lo más original, llevado a cabo en la Gran Manzana que es Nueva York, consistente en distribuir varios centenares de pianos por la ciudad, en los que cualquier artista callejero, incipiente o no, puede ofrecer lo mejor de su repertorio. Es de imaginar la sorpresa ciudadana de darse de bruces inopinadamente con un piano amarillo, como el submarino aquel, y un joven voluntario sentado ante él, tecleando no sé qué, en plena Avenida Número 5, ante el estupor de un gentío que deambula a toda prisa en una y otra dirección, adensando hasta hacer imposible la acera. No me negarán que es un modo inédito de conmover la sensibilidad de la gente y de humanizar la calle.
Sólo a la original imaginación de otro artista se le puede ocurrir este aparente maridaje subrealista, casi imposible, de la gran ciudad insensible y artificiosa , y un concierto improvisado y juguetón, a cielo abierto, para anónimos artistas espontáneos a los que nunca faltará una pequeña audiencia pasmada y sonriente, que aplaude luego tan novedoso regalo, condescendiente y siempre complacida.

domingo, 4 de julio de 2010

Diabluras


A Isabelita y sus papás
Es de comprensible que el diablo haga diabluras. No os fiéis del diablo. El diablo no es serio. Yo me imagino al diablo más negro que la sombra de un pecado, los ojos rojos como ascuas y haciendo siempre carantoñas como un payaso. Cuando alguien quiere y no puede dormir por un sinsabor, el culpable es el diablo, que en vez de hacernos cosquillas con una pluma blanca en las plantas de los pies para distraernos, nos hace cosquillas en la conciencia con una pluma negra y pegajosa.

¡No se le ocurre nada bueno! Las travesuras de los niños las inventó el diablo, y muchas cosas más: el llanto, la tristeza, el malhumor, el enfado, la fatiga, la pereza, la mentira, la ira y la violencia.

Dicen que hay diablejos simpáticos. No lo crean. De tal palo, tal astilla. Cuando menos lo esperas, te ha clavado un alfiler en el culo. Y tú vas y te enfadas. Y eso no es lo peor. Vas a buscar algo que necesitas, y no lo encuentras: lo ha escondido él para que te desesperes, porque es enemigo acérrimo de la esperanza, del bienestar, de la paz, y le incomoda la alegría de las personas. Una sonrisa amable lo puede matar de rabia.

Conclusión: sed amables con todos, estad siempre contentos, no os enfadéis nunca, estad a buenas con Dios. El diablo entonces no tiene más remedio que echar a correr y desaparecer. Lo digo yo, Ángel, que sobre esas cosas lo sé todo.

sábado, 3 de julio de 2010

El Eco de Teruel

Al abrir el índice y clicar en “Quiénes somos”, se nos ofrece el organigrama de la entidad informativa, que comprende domicilio, dirección y redacción, pero nada se nos dice de la línea editorial del periódico, si bien creemos advertir que el nuevo medio procede con sinceridad y objetividad informativa, que debe ser siempre la calidad que dé credibilidad a la buena prensa y aplaudimos la oportunidad bien aprovechada de de dar a la comunicación local ese giro del momento, como es la información digital, que no borra el diario impreso, pero se impone por momentos, lo que dice bien de la ciudad y de sus promotores.

viernes, 2 de julio de 2010

Las Fiestas del Ángel

El verano vivido por la gente no lo es del todo si no lo confirma la celebración anual de las Fiestas del Ángel. No hay decorado que interprete con más entusiasmo la alegría de unas fiestas que protagoniza popularmente la calle.
El aspecto de la ciudad se transforma como por ensalmo y adquiere de pronto una cierta traza cabileña de tiendas exóticas, tendales y entoldados donde se reúnen y cobijan amigablemente, para el condumio y la cháchara chistosa, grupos de gente organizada en peñas y agrupaciones festivas, cuyos miembros, amigos y familiares, se suceden de padres a hijos, convenientemente vestidos al uso tradicional. Es todo como un desbordamiento de júbilo patronal, música más bien sonora y exaltada y amistoso concierto en la comida y bebida, larga y generosamente servida a las veces. Toros y actos festivos en plazas y calles completan el nutrido programa de fiestas, borrados los límites que ordinariamente marcan el día y la noche. ¡Qué silenciosa siempre la mañana que abre luego, como de puntillas, el nuevo día!

jueves, 1 de julio de 2010

El mundo visible y las verdades de Dios

Jesús es un hombre bien dotado e inteligente, porque discierne con nitidez lo que la mente adquiere por propia experiencia de lo que creemos o no al margen de toda experiencia, fundados en el testimonio ajeno. Es así cómo percibimos el mundo que nos rodea por medio de los sentidos, y con los datos percibidos, ordenamos nuestros conocimientos dándoles sentido, que es lo que constituye el acerbo de nuestros saberes. “Hablamos de lo que sabemos, dice Jesús, testimoniamos lo que hemos visto”. Pero de aquello que queda más allá de toda posible verificación, ¿qué es lo que podemos decir?
Afortunadamente, Jesús nos sirve en bandeja la verdades del Padre, más allá del horizonte de nuestra experiencia, lidiando incluso contra la terca ceguera de sus oyentes más refractarios y renuentes:
-Si no creéis cuando os hablo de lo que percibís por vuestros sentidos, ¿cómo podréis creer las verdades que os revelo, que son verdades trascedentes caídas de las manos de Dios?
Hace falta esa fina intuición que nos presta el Espíritu, para percibir las divinas insinuaciones que orientan nuestra fe. Y entonce sí, entonces entendemos mejor la bondad del mundo que hizo y referimos a la mano alfarera de Dios, y nos complace comprender la locura de su desmedido amor al hombre, ese don de sí que constituye la primera verdad de nuestra fe. Nuestra cultura tiene esas dos vertientes; la de las cosas que nos circunstancian y la más luminosa de Dios.