sábado, 26 de junio de 2010

Codo con codo con Cristo

Que Jesús se haya entrañado en nuestra pobre arcilla humana al hilo de nuestra misma condición, nos permite habitar prietamente en su entorno y tratarle de tú a tú, desde la más estrecha cercanía, latiendo juntos, concertados al unísono su corazón y el nuestro. Y todavía más: encarnada su palabra divina en la nuestra balbuciente, nos hace comprensibles sus misterios, porque es la tea del corazón la que más luminosamente indaga con espiritual intuición en lo hondo de sus verdades.
Hay como una resonancia de la voz y la realidad misma de Dios en el hondón del hombre, lo que nos compromete en reciprocidad a encarnar nuestra palabra ilusionada y balbuciente en un escondido rincón al menos de la suya vibrante, sujetos los vaivenes de nuestra voluntad a la brida amable de la suya.
Quien no siembra entonces con él a puñados de amor, desparrama. La siembra es también nuestra. Hagamos por adivinar su intento a cada paso para no desvariar, codo con codo con él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario