Todo hace pensar en que, durante la invasión sarracena, hubo que tomar medidas seguras para preservar las imágenes sagradas de su profanación por los allegados. Es a lo que se refieren los numerosos hallazgos de vírgenes en los lugares más recónditos e impensados de nuestra geografía. Con respecto a nosotros, cabe dársele a esa advocación histórica un sentido espiritual más alto, ya que ha sido celebrada siempre como fontanal de todas las gracias. Virgen de Aguas Vivas, manadero que alumbra la vida de Jesús, ha de serlo también para obtener por su intercesión las gracias con que Dios llena sus manos generosas. Ella misma fue agraciada con la mayor de todas ellas, la de su elección para ser y ejercer como Madre de Dios. En los momentos difíciles de la adaptación de Jesús, palabra de Dios, al entorno de la convivencia humana, ella fue la que dirige su aprendizaje y ensaya como fresca fuente donde templar su espíritu. Es el manantial del amor de una madre hecha a la medida del más alto cometido, el serlo de Dios. Y para ejercer ese aprendizaje, ella misma fue adoctrinándose guardando en su alma todo lo que pudiera hacer referencia a su hijo divino, todo lo que iba descubrie

Reflexión: La capilla escolar
La capilla, en penumbra, es un espacio silencioso, recogido y devoto. Invita a entrar dentro de sí y pensar, a la sombra de las manos de Dios. Una galería lateral de apretados ventanales de cristal policromado al azar, a modo de solemnes vitrales catedralicios, colorea la luz solar que hiere sus cristales plomados. El fragor de la ola embarrada de la riada del año 1982, llegada de repente, reventó algún que otro ventanal como si estallara la misma capilla. No dio tiempo a rescatar el copón, inundada toda la estancia de gruesas jácenas de madera hasta el techo. A la izquierda del altar, figura un retablo forjado en hierro, de Espinós, con las imágenes de María, san Francisco y san Antonio, patrón del Colegio. Impone la mesa del altar, un sólido bloque de granito que recuerda la firmeza inconmovible de la fe. Y en la pared frontal, de ladrillo rojo, una arqueta dorada guarda el ya dicho copón de las sagradas formas. Hasta los bancos tienen su pequeña historia: sirvieron de estantería al improvisado dispensario que atendía las necesidades más perentorias de la gente, durante la riada. Y todavía queda algo que no se ve: el acervo de gratos recuerdos que se le agolpan a uno, arrodillado, cuando, de regreso, se hace recuento minucioso de los largos años de ausencia, como quien repasa las cuentas de un rosario y ha de comenzar de nuevo.
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