
La seta llega a ser un manjar exquisito que cualquiera, con la inexcusable destreza y conocimientos debidos, puede rastrear en el bosque, desde el placer de encontrar de gratuita manera un producto tan estimable y sabroso. No ha sido éste que se nos escabulle ya, un año propicio para el disfrute de las setas, otros años abundantes. Llovió oportunamente, pero el complemento inmediato que es el arrimo de unos días soleados, se nos mostró remiso. Y aún queda otro inconveniente reprobable, el tropel ya anual de forasteros que rastrillan incluso los montes de descabellado modo, destruyendo el necesario mantillo y su feracidad, en pro de avariciosas ganancias, sin importarles demasiado dejar la tierra inhabilitada para futuras cosechas. Las quejas de los aldeanos está moviendo a las autoridades locales a tomar recomendaciones y medidas correspondientes para moderar tales abusos y tropelías.

Precisamente por la toxicidad de algunas de ellas, no es recomendable que sus buscadores se dejen llevar por su propia inexperiencia y desconocimiento de las diversas especies, dada la toxicidad de algunas de ellas, como la ya famosa por sus algo más que encantamiento amanita faloides.
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