miércoles, 17 de octubre de 2012

Defesa de los pobres

    El evangelio, continuación del de ayer, amplía las denuncias de Jesús a los maestros de la ley. La fórmula que usa Lucas es la del género literario que llaman “ayes” o lamentaciones. 
    Dos olvidos cometen los fariseos en la práctica de sus deberes:
    -el de la justicia en pro de los más necesitados. El dirigente religioso es heredero de las enseñanzas proféticas, que hacen hincapié en la urgencia de defender de la injusticia a los pobres.
    - y el olvido de que el amor de Dios es lo que deben transparentar los hechos externos que ellos tanto promocionan.
    Se trata, por tanto de una defensa de la gente sencilla, ayer, hoy y siempre, porque esta denuncia profética no es algo antiguo que ya concluyó, sino algo siempre necesario.

Reflexión :Personajes fugaces del evangelio

    El evangelio es una encrucijada donde se entrecruzan incidentalmente personajes muy definidos, que dejan allí su impronta y ya no se sabe más de ellos en lo sucesivo: el fariseo descuidado cuya casa inunda de aroma de nardo María Magdalena en su conversión; el joven rico que imaginó equivocadamente querer ser perfecto; el educado centurión de Cafarnaún a quien la gravedad de su criado le preocupa seriamente y recurre a Jesús lleno de fe y distinción; la mujer hidrópica, el leproso agradecido, Zaqueo, el ciego saltarín de Jericó, el sordomudo, el mismo Lázaro. ¿Qué fue de ellos?
    El joven rico tuvo tiempo para volver sobre sus pasos y persuadirse de la gravedad de tener demasiado; el centurión no olvidaría nunca a quien santificó su fe agasajándole con un favor sin medida, tanto es así que Taylor Cadwell, en la vida novelada de Lucas, lo presenta como un cristiano fiel a la memoria de Cristo, y así sucesivamente. ¿Puede un leproso muerto socialmente, a quien Jesús vuelve a la vida, hacer caso omiso de las enseñanzas de un profeta? ¿Y Zaqueo, convertido con su familia en vida de Jesús? No es difícil suponerle integrado en la temprana comunidad cristiana de Jericó, uno de cuyos obispos asistió al concilio de Nicea.
    Sea de ello lo que fuere, imaginar es enriquecer virtualmente la historia con mimbres indudables.

Rincón poético

¿DONDE ESTÁN?

Cristo está sangrado.
Cristo está muriendo.
Le han dejado solo.
¡Qué cobarde el miedo!
¿Dónde está Santiago?
¿Dónde está san Pedro?
Cristo está sangrando
como sangra un duelo.
A la cruz lo abrazan
tres clavos de hierro,
el rostro convulso,
crispados los dedos.
¿Dónde está Santiago?
¿Dónde esta san Pedro?
El sol se cubría
la cara, un murciélago
escondió entre sombras
su alocado vuelo
y una nube blanca
lloraba en silencio.
¿Dónde está Santiago?
¿Dónde esta san Pedro?

(De Paseando mis sueños)

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