
Reflexión: El compás de tres por cuatro
Lo que confiere alegría, dinamismo o serenidad, solemnidad y placidez a una composición musical es en muy buena parte el compás a que se haya sometido la partitura de una obra. Hay un compás señaladamente alegre y ágil, el de tres por cuatro. Es el de los valses y obras movimientos como El lago de los cisnes, pongo por ejemplo. No exclusivamente, claro. Piezas compuestas con ritmos de dos por dos pueden rivalizar con aquellas, sobre todo si se hace uso de los tresillos tan instantáneos y expeditos. En todo caso, los sentimientos gozosos como los reposados tienen que ver con los ritmos musicales que los configuran, sin dar de lado a los tonos empleaos, mayores o menores, anejos muy estrechamente a la dulce tristeza tan decadente de un Claro de luna y la exaltación acelerada de sentimientos más o menos desbordados de La tempestad, de Beethoven.
Rincón poético
VEN PRONTO, SEÑOR
La tierra está triste.
Sin ti no hay amor.
¿Dónde te escon

que te encuentre yo?
Vuelve con nosotros.
Ven pronto, Señor.
Los pobres sufrimos
nuestra condición
con el acicate
de que el mismo Dios
se encarna en nosotros.
Ven pronto, Señor.
Lo auguraron todos
los profetas: Hoy,
nacerá en las manos
de una Virgen Dios.
Cantemos a coro:
Ven pronto, Señor.
Brillará en la frente
de la Virgen hoy
la luz de una estrella
que enciende el amor.
Ángeles la empujan.
Ven pronto, Señor.
(De Pormas para andar pot casa)
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