Reflexión: Aturdimiento
En presencia del azor, las gallinas quedan aturdidas, azoradas. No es para menos. Y uno oye la balumba de comentarios con que nos abruman los economistas y periodistas más o menos informados sobre la crisis y se advierte en el ambiente de reportajes y tertulias un aturdimiento general en que todos opinan y extienden sabias recetas, pero al momento de ir al tajo nadie sabe qué hacer y es evidente la ineficacia de los remedios ensayados. El azor sigue extendiendo su sombra agorera sobre los gestores de la economía. Y hay un aviso escalofriante que resuena con brío insistente en el ambiente de todos los foros de opinión, como inclemente badajo de campana rota: ¡Es urgente esto y aquello! ¡No hay tiempo que perder! Y todo sigue igual, con tendencia a empeorar. ¿Dónde queda el bisturí que seccione la vena aorta del tumor maligno? Los economistas están en su salsa. Es la hora de los índices de producción, del endeudamiento, de los tipos de interés, del déficit, de los recortes, del producto interior bruto, del consumo, de la prima de riesgo, la bolsa, etc. Uno tiene la impresión de que el transatlántico ha dado, en plena noche, contra un icebert; naufragamos y nadie consigue restañar la vía de agua. ¡SOS!¡SOS!
Rincón poético

CON EL CORAZÓN ACELERADO
No sé esperar. El tiempo
me empuja con ahínco, por si acaso
me rezago. Soporto
sus empellones con desgana.
Yo quisiera sentarme relajado
a la orilla de todo
y ver pasar precisamente el tiempo
con sus cenizas denegridas,
como quien ve pasar el luto
oscuro de un entierro.
Y es que he vivido mucho,
coleccionando esquelas
de tantas cosas que no están, por eso,
porque se van a trompicones
hacia los fríos del invierno,
y no tengo interés en que me empuje
como a una cosa más
de esta manera desabrida, con sus manos sucias,
su desazón, como si hubiera muerto.
No sé esperar. Decidme la manera,
ay, de saber estar, como vosotros,
que empezáis a vivir con la alegría
de estar viviendo sioempre jóvenes.
¡No sé! Tengo cenizas en los ojos
de tanta leña consumida al fuego.
(De Poemas para andar por casa)
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