La cruz diviniza la sangre de Cristo.
Reflexión: El arte y sus circunstancias
Hay obras artísticas espléndidas de toda suerte cuya realización obedeció a un hecho fortuito o a la esforzada voluntad de quien supo entrever la genialidad del artista y lo patrocinó, del mismo modo que faltan muchas otras por la incuria o cerrilismo de la ignorancia rabiosa que las incendió. Gaya Nuño tiene una obra en la que enumera y estudia un conjunto notable de obras arquitectónicas desaparecidas, muchas de ellas con motivo de la exclaustración . Pienso ahora en la Capilla Sixtina, que no sería sin el empeño y recia voluntad de Julio II. En la India hay algún monumento fraguado como agasajo a la afortunada esposa del enamorado marajá de turno. Es absurdo ese juicio encorajinado de quienes reprochan a la Iglesia y en menos grado a la nobleza haber patrocinado la creación artística con encargos que ornasen caserones e iglesias. ¿Hubiera sido mejor que nadie hubiera patrocinado a los artistas en cada momento? ¿Qué hubiera sido de ellos y del arte mismo que nos legaron? Menos mal que lo hizo la Iglesia.
Rincón poético

AQUÍ MISMO
Aquí mismo, embarradas
y hábiles manos artesanas
moldearon vasijas y hubo un horno
incandescente
que dio firmeza al barro frágil.
En el subsuelo todavía,
el sudor rudo de unos hombres ágiles
dio fundamento a la chiquillería
que hoy acude a un colegio.
Austera educación
ha de hornear también
el corazón al raso de unos ojos
que otean sin mirar el horizonte
que han de poblar un día.
Que no se apague nunca
el horno aquel, acristalado
en un pasado gris, que alarga
su mano llameante hasta esta orilla.
(De Poemas para andar por casa)
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