
Reflexión: Las estrellas
Las estrellas, brillando nítidas e innumerables en un cielo limpiamente obscuro, han enajenado a místicos y poetas. Los místicos, embobados, alaban la admirable grandeza de Dios, los poetas, entusiastas, han cantado su espectacular belleza. Las estrellas han estado siempre en el imaginario del hombre. Sirvieron como referencia innumerable para hacer comprender a Abrahán la copiosa descendencia que dejaría tras de sí. Una estrella fugaz marcó a unos sabios el camino que conducía a Belén, y han surcado los cielos para que lo hicieran sin errar los marinos de todas las épocas. Sólo la frivolidad cinematográfica dio en llamar figuradamente estrellas a actores y actrices de sobresaliente interpretación que brillaron, es un decir, en la pantalla grande del cinema. No dejan de ser también estrellas fugaces. Partiendo de aquí, la publicidad ha multiplicado las productivas estrellas de mercancías al uso, hasta abarrotar el lenguaje estelar, envileciendo poco a poco la excelsitud de las estrellas verdaderas, en la misma medida que nos las ponen al alcance de la mano en unas cervezas o en los calificativos de hoteles, hostales y mesones .
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