
Reflexión: La fragancia del azahar
La Ribera es una extensa comarca valenciana, famosa por la calidad de la naranja. Su cultivo, casi exclusivo, durante largas épocas rivalizó con la obtención de la seda. Desde cualquiera de los montes vecinos que la circundan, puede contemplarse un panorama verde que monopoliza el naranjo. Sus árboles de un verde intenso forman un enramado que el rico peso de la fruta hace descender hasta el suelo, lo que impide el uso oportuno de rodrigones. Y hay un momento destacable en el ciclo anual de su evolución, el esplendor de su floración, su fragancia. El aroma del azahar inunda entonces el ambiente primaveral, entrándose de rondón en sus poblados y mansiones. Respirar comporta aspirar conjuntamente el exquisito beneficio de sus fragancia omnipresente e innumerable. Hay acontecimientos naturales que concitan la afluencia de curiosos deseosos de conocer el fenómeno, las fumarolas del norte, la floración japonesa de los cerezos, la fantasía imposible de la aurora boreal, el alfombrado extenso del azafrán en Toledo, la vistosa contemplación alpina del edelweiss.... ¿Por qué no la aromática floración blanca del azahar en la Ribera?
Rincón poético:
SI NO HAY POSADA
Si no hay posada en Belén,
caben juntos en la mía
holgadamente, mi Dios,
el Niño, José y María.
Sé bien lo dificultoso
que es caminar. Noche y día,
sin encontrar ni un pretil
donde apoyar la fatiga.
El corazón de los hombres
en ocasiones olvida
que es el amor el que alumbra
el manantial de la vida.
Muy poco sabe de amor
quien lo esconde y no lo cuida,
sin calcular cuánto mata
cuando lo maltrata y pisa.
Yo tengo la puerta abierta,
la casa siempre encendida,
leña al fuego, mesa puesta,
por si alguien lo necesita.
Si no hay posada en Belén,
caben juntos en la mía
holgadamente, mi Dios,
el Niño, José y María.
(De Poemas para andar por casa)
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