Reflexión: La superficialidad y sus intereses
La superficialidad es el lujo vacío de la pereza intelectual. Existe además un tipo de superficialidad voluntaria y maliciosa, la de los que prefieren no saber del todo asuntos que, según sospechan, pudieran contradecir sus propios criterios interesados. Es llamativa la ignorancia supina que muestra gente parlanchina sobre verdades que atañen a la fe y a la Iglesia. Y en todo caso, si no dan con otro truco mental, optan por ocultarse entre los velos del silencio. Se da este mimetismo evasivo ante la persecución creciente de los cristianos en países de sensibilidad religiosa distinta a la de Jesús. Y otro tanto cabe decir sobre el mohín despectivo de la indiferencia ante la acción subsidiaria con que entidades católicas tratan, entre otras aportaciones sociales, de remediar la penuria de quienes, sin trabajo, carecen de lo imprescindible para subsistir.
Creo no equivocarme si pienso que no deja de ser atributo de la necedad la superficialidad voluntaria. ¿Tánto cuesta ser sincero?
Rincón poético
YA NO SOY JOVEN
Mi Señor, tú lo

aunque mantengo el corazón despierto
con el que tanto amé, no siempre donde
latía acompasadamente el tuyo.
Ya he segado mi trigo y tengo ardiendo
al fuego la cizaña,
para purificar mis pensamientos
y esta sangre ya espesa con que lato
por ti.
Te amo, Dios mío.
Nunca antes conseguí
amar de tal manera,
aunque sucede, mi Señor,
que a veces se me antoja que te alejas,
en la misma medida que yo voy hacia ti.
En la nave central de mi sosiego,
ya tengo preparada
la alfombra roja donde apenas suene
la cercanía de tus pasos leves.
Pon cuando quieras
la leña incandescente de tus manos
sobre la pira anciana de mi muerte.
(De Poemas para andar por casa)
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