lunes, 16 de enero de 2012

Odres nuevos y viejos

La antigua alianza tenía sus formas de vivir la fidelidad del hombre para con Dios, expresada en los mandatos de Dios. Su vigencia duró largamente. Unos mandatos que comenzaron por un núcleo inicial, compacto y suficiente, enriquecidos luego por sacerdotes y doctores de la ley con normas complementarias, hasta abarcar todos los niveles de la conducta humana. Nada quedaba fuera de esa normalización de la vida.

Con Jesús comienza una nueva etapa de plenitud, a la que corresponde una alianza también nueva. Los antiguos hábitos han envejecido y resultan inoperantes: son los odres viejos, comportamientos a veces viciados por interpretaciones y añadiduras impertinentes que deben ceder su lugar a otros más ajustados a los deseos de Dios, de quien Jesús es su expresión. Son los odres nuevos.
Una y otra alianza se excluyen. No se puede andar con un pie en la ley mosaica ya rebasada y otro en la nueva ley de Cristo. Andar a medias entre una y otra, sería quedarse en la mediocridad. Y Dios aborrece la mediocridad, donde la luz y la sombra se confunden.


Reflexión: Libertad religiosa

Benedicto XVI, ante el cuerpo diplomático, acaba de proclamar que la libertad religiosa es el primer derecho del hombre. Para que no se quede en simples alegatos evangélicos, el papa da cuenta de cómo ha ido dialogando sucesivamente con estados como Malasia, Azerbaiyán, Montenegro y Mozambique, para establecer acuerdos y una fluida colaboración con todos., y su propósito de visitar el Sudán, donde la persecución religiosa no cesa. Es lógico sospechar en qué otros países pensaba el papa en esos momentos.
Así es cómo manifestó su deseo de que se vaya poniendo fin a la violencia en los escenarios políticos, hasta que se llegue a la paz verdadera entre todos los estados.


Rincón poético

PAZ Y BIEN

Paz y Bien, grita Francisco,
pero no hay paz en Belén.
Si no nos amamos, huelga
proclamarlo. Dijo bien
Francisco lo que sentía
siempre, con todo su ser.
Amar a Dios es amar
a sus criaturas con él.
Hermanos llamaba al agua,
al fuego, al rocío, al fiel
lobo que amansó su mano
como se amansa un corcel.
Hermano Francisco, sigue
con tu prédica y mantén
tu amor a todo. Yo mismo
quiero gritar: ¡Paz y Bien!

(De Poemas para andar por casa)

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