
Reflexión: Franciscanismo
La literatura no se ha eximido del atractivo de las simpáticas figuras de Francisco y Clara de Asís y han cedido a la tentación de verles más como un entrañable pareja de sensibilidades afines, al borde cariñoso de la complementariedad, que como los santos austeros y estrictos consigo mismos que son. Claro que son almas gemelas en cuanto Clara sigue las directrices evangélicas que definen la identidad de la forma de vida según el modelo acreditado por Francisco. Con todo, ella da su toque personal, acentuando incluso hasta el extremo el desprendimiento que rige el seguimiento de Cristo, hasta tener serias dificultades para la aprobación de su regla monástica. Tampoco hay lugar en Clara para los recursos líricos con resabios trovadorescos de la expresión del santo. El franciscanismo no esto o lo otro, sino que abarca en una ambas espiritualidades desde un mismo concepto del seguimiento exacto del evangelio de Jesús. Entre ellas prima la clausura monacal, aunque no siempre fuera así, según algún comentarista; en ellos, el concepto de la vida como un itinerario hacia Dios a la manera del peregrinaje por el camino que es Cristo.
Rincón poético
LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO
Con dos tórtolas, María,
tienes rescatado al niño.
¿Qué mal le valora el templo!
¿Tan poco vale tu hijo?
Pero no te desazones
por lo que figure escrito.
Siempre han valido los pobres
mucho menos que los ricos.
Dios valora a su manera
desde el suyo nuestros juicios.
Yo sé que no tiene precio
quien todas las cosas hizo.
Y la prueba es que Dios mide
todo de modo distinto.
El mismo salario da
en el evangelio Cristo
al obrero de las once
que al obrero de las cinco.
A pobres como tú y yo,
bien lo saben los discípulos,
entre otros muchos, Jesús
gustará de bendecirnos.
Sus criterios y los nuestros
raramente son los mismos.
¿Qué pensará san José
de cuanto aquí debatimos?
(De Invitación al gozo)
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