martes, 7 de febrero de 2012

Este pueblo me honra con los labios

Muchas prescripciones antiguas parecen no tener demasiado sentido para nosotros, como lavarse o no antes de comer, por motivos religiosos. Para nosotros no pasa de ser una medida higiénica, bien que, en la antigüedad, la línea entre lo sagrado y lo profano era una línea incierta, de modo que todo tenía sentido religioso. Desde ese punto de vista, Jesús es un hombre moderno que distingue perfectamente lo uno de lo otro.
Hoy sin embargo, se hace poco caso del sentido religioso de la vida y vivimos como descuidados de lo que somos, más atentos a lo profano que a la mirada con que Dios nos mira. Es lo que ocurre cuando, atentos sólo a nosotros mismos, rezamos y rezamos, pero no vemos las cosas con los ojos de Dios. Este pueblo me honra con los labios, se quejaba Jesús, porque su pueblo no era consecuente con lo que rezaba.
No dejemos de vivir nuestra fe en todo momento y descubriremos el sentido de lo divino que alienta en todo lo que nos rodea, y Dios estará más cerca de nosotros de lo que está. Bien que, más que alejarse de nosotros, somos nosotros quienes damos en alejarnos de él.

Reflexión: Los evangelios

Los evangelios son el resultado final de vivir a Cristo durante décadas. Sufren sucesivas etapas, hasta su redacción actual. En un principio, el evangelio de Jesús, descubierto su sentido cabal desde el hecho esclarecedor de la resurrección, se convierte en forma de vida de la Iglesia y materia de enseñanza de neófitos. Muy pronto se empiezan a poner por escrito, aquí y allá, partes diversas de los hechos y dichos de Jesús, que se transmiten, faltos de conexión entre sí, hasta que los evangelistas los reúnen de manera sucinta en un todo que facilite una mirada compilatoria de la enseñanza evangélica. La redacción de los evangelios rescata de la dispersión esa documentación previa, que al quedar incluida en ellos, la hace menos necesaria, lo que facilita su olvido en el tiempo. Eusebio de Cesarea y san Jerónimo refieren haber conocido un conjunto importante de documentos, escritos en hebreo, conocidos por la Fuente Q.
Parece ser que el primero en redactar los evangelios y crear tal género narrativo, fue san Marcos, que como Mateo y Lucas, hicieron uso primordial de ese documento previo.

Rincón poético

SEÑOR, AUMENTA MI FE

Yo te creo, Señor, pues voy contigo
y desnudé de todo mis dos manos,
porque pasaste ante mi puerta, un día,
y me dijiste imperativamente:
- Sígueme. Y te seguí sin más, Dios mío.

Lo recuerdo muy bien. Era una tarde
y declinaba el sol, debilitado,
entre las hojas de un otoño frío.

Yo te creo, Señor, pero me duele
la sencillez con que te amaron
Teresa de Jesús y san Francisco.
El amor nos da forma
y abre los ojos ciegos, con que mira
la fe indecisa con que yo te miro.
Añade generoso a mis creencias
un celemín colmado, remecido.

(De Invitación al gozo)

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