martes, 8 de enero de 2013

La multiplicación de los panes


    La multiplicación de los panes es un relato que la Iglesia leyó desde un principio como trasunto de la eucaristía. El evangelista nos da dos claves de interpretación: la revelación de Jesús como Buen Pastor, que se compadece de sus ovejas, y la incomprensión de sus discípulos, que no acaban de ver que con pocos mimbres se pueden confeccionar cosas grandes, en pro de servir a los demás.
    Jesús, en su pedagogía, va aportando a la enseñanza evangélica nuevos valores que hay que incorporar a nuestro bagaje espiritual. Jesús fue así el primer catequista del Reino, abriendo los ojos a la luz de Dios, abriendo los oídos a las cosas de Dios. Abre los ojos a la luz de Dios, enseñándoles a organizarse, para facilitar las relaciones humanas y abre los oídos a las cosas de Dios, enseñando que la Palabra de Dios es alimento del alma. Por eso Jesús da de comer a quienes no tienen, para hacerles ver que han de alimentarse de él, que es pan necesario de la vida.



Reflexión

Dios, a la altura del hombre


    Los israelitas declaran, según el Deuteronomio, que al revelar los mandamientos, llamados palabras por ellos, han comprobado cómo Dios puede hablar desde el fuego del Horeb y no por eso morir fulminados. Era una creencia firme que quien oyera la voz de Dios, perecía al instante sin remedio.
     Dios, en Belén, desciende hasta el nivel del hombre, encarnada su palabra en Jesús, quien hablará a cuantos quieran oírle, cara a cara. Dios no queda, más allá de todo, inaccesible y distante, sino que se ha hecho como uno de nosotros. No hay más fuego que el amor con que el ardor de su palabra salvadora justificará a todos.


Rincón poético

ALEGRÍA EN BELÉN

Canciones que entonan
los cielos. Dios canta
glorioso divinas
palabras.

Los ángeles suben,
los ángeles bajan
por una escalera
de plata.

La alegría se abre
como una granada,
y es que al Niño todos
le cantan.


Le cantan los magos,
las prisas, la calma,
la lluvia, la nieve,
las aguas.
El buey con su aliento
lo acoge, lo abraza
José y en sí misma María
lo entraña.

Cantando aleluyas,
los ángeles suben y bajan
por una escalera

de plata.

(De  Tu luz nos haga ver la luz)

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