jueves, 31 de enero de 2013

La luz en lo alto

     La revelación de Cristo no es un don exclusivo de unos pocos, sino que debe alcanzar a todos. Es lo que quiere decirse con la lámpara y el candil, que han de colocarse en lugar destacado para que ilumine a todos por igual. Por eso, en otro lugar, dirá Jesús a los suyos que incluso ellos han de ser luz del mundo, no exclusivamente del pueblo de Israel.
        Hay dos clases de destinatarios de la palabra según su comportamiento, los que van entendiéndola poco a poco, porque se han identificado con la persona de Jesús, como sus apóstoles; y el número notable de los que ni se preocupan por entenderla. A aquellos Jesús les ayuda, en privado, para que la entiendan cabalmente con la luz de su verdad; de los otros, displicentes, se despega Jesús y les deja a su libre albedrío: Quien tenga oídos, que oiga, les dice como dándoles de lado.
        Tomemos a pecho propagar la verdad de Cristo. Debemos ser difusores de su verdad. Si la fe ha de llegar a todos, nadie debe vivir la fe en solitario, ajenos a los demás, porque la luz de Cristo debe llegar a todos.


Reflexión

La desesperación
   
    De la desesperación al descontrol de sí mismo y a la cólera y a la locura, así, en cadena, no hay casi espacio que ayude a la reflexión y a contener en la buena compostura al hombre. Quien se quita o expone temerariamente su vida, parte de una situación anímica incómoda que puede llegar a considerarse insostenible. Ese motín de los presos de una cárcel sudamericana con su desastroso bagaje de muertos y heridos, tiene su origen en la desesperación de gente sin principios que pierden su libertad de modo indefinido.
    La esperanza contribuye a superar obstáculos mayúsculos. La esperanza es un don. La esperanza en Dios, un regalo divino, antesala del gozo de vivir eternamente con él.

Rincón poético


UN PIE EN LA LUNA

La luna estaba ahí
exánime, difunta,
lejana, inaccesible
sobre la noche oscura.
Y el hombre, al fin un día
con su pie la conculca.

Mil veces lo soñaba.
No se esperara nunca.
Un sueño es como un árbol
alto, pero sin fruta.
No hay madera en los sueños;
sólo acaso viruta.

Contra toda esperanza,
contra toda conjetura,
el hombre pone, al fin,
su pie sobre la luna,
porque a veces sucede
que los sueños ocultan
profetas que desvelan
lo que nadie barrunta.

Ya nadie olvidará
tan feliz aventura.
Frente a los viejos cuentos
de gnomos y de brujas,
un sueño es realidad::
cielo y tierra se juntan.


(De La verdad no tiene sombra)

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