lunes, 21 de enero de 2013

Odres viejos y nuevos

    La antigua alianza tenía sus formas de vivir la fidelidad del hombre para con  Dios, expresada en los mandatos de Dios. Su vigencia duró largamente. Unos mandatos que comenzaron por un núcleo inicial, compacto y suficiente, enriquecidos luego por sacerdotes y doctores de la ley con normas complementarias, hasta abarcar todos los niveles de la conducta humana. Nada quedaba fuera de esa normalización de la vida.
    Con Jesús comienza una nueva etapa de plenitud, a la que corresponde una alianza también nueva. Los antiguos hábitos han envejecido y resultan inoperantes: son los odres viejos, comportamientos a veces viciados por interpretaciones y añadiduras impertinentes que deben ceder su lugar a otros más ajustados a los deseos de Dios, de quien Jesús es su expresión. Son los odres nuevos.
    Una y otra alianza se excluyen. No se puede andar con un pie en la ley mosaica ya rebasada y otro en la nueva ley de Cristo. Andar a medias entre una y otra, sería quedarse en la mediocridad. Y Dios aborrece la mediocridad, donde la luz y la sombra se confunden.
  


Reflexión

La muerte de un soldado


     Me dan mucha pena los saldados que luchan en lejanos arenales encendidos por el odio del fanatismo y a quienes impensadamente un trozo de metralla les deshace la vida en un instante, dejando tras de sí un reguero de dolor entre familiares y amigos, que nada pueden hacer por él.
    Su deber era luchar en defensa de los intereses de su patria, siempre a orillas del riesgo y él lo sabía muy bien. Cumplido el plazo correspondiente de estancia en aquellas tierras inhóspitas, estaba a punto de regresar junto a los suyos. Estaba a punto de regresar, pero le llevan entre cuatro.


Rincón poético

      ÚNICO DIOS

Si Dios pudiera hacerse
a sí mismo de nuevo
con la intención de ser
todavía más íntegro y perfecto;
si intentase rehacer
su realidad divina, como pienso
que en su lugar hiciera yo;
si luego
evaluase el resultado - en la creación
vio que todo era bueno-
cómo sorprendería constatar
que era otra vez él mismo y que no había
mejorado ni un ápice el intento.
Y existe una razón, porque es muy cierto
que si Dios es amor y por amor
creó la vida, la bondad y el tiempo,
otra vez el amor encendería
el corazón de Dios, sobrado incendio
que hace cenizas la maldad
y escoria vil de nuestros dejamientos.
No penséis otro Dios, mentida imagen,
ídolo acaso paralelo.
No tiene igual si funda
en el amor sus fueros.
Ni puede repetirse: es infinito
y su imagen no cabe en un espejo
.

(De Tu luz nos haga ver la luz)

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