
El evangelista busca destacar la fe manifestada por un gentil, como motivo de ejemplaridad para quienes tienen mayor responsabilidad de responder con creces a los favores señalados con que Dios distingue a los suyos. La misma Iglesia ha puesto estas palabras en los labios de quienes se disponen a recibir a Cristo, hecho pan y vino, en el más íntimo y jugoso de sus misterios.
Es una sabia medida de espiritual estrategia, para que los cercanos aprendamos de los lejanos a mirar a Cristo con los ojos abiertos de par en par y el corazón temblando por la inmensidad de su amor.
Acerquémonos a Cristo con la lámpara de nuestra fe siempre encendida, siempre a punto.
¿Los últimos arameos?

El sentido demócrata de la libertad no puede callar ante semejante forma de salvajismo.
Rincón poético
VIENTO GÉLIDO
El viento forcejea
en la ventana.
No la dejéis abierta;
que no se abra.
La casa es reducida,

No cabe el viento en ella,
que nos maltrata.
Lleva el frío en sus manos,
y en cabeza,
la nieve por corona
como a una reina.
Pase el viento de largo
con su guedeja
de hilachas desteñidas
y fimbria vieja.
Lejos con sus gemidos
y sus protestas.
Cerrad bien la ventana;
no quede abierta.
(De El espejo de Dios)
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