
Reflexión: Potenciación de la ceniza
La ceniza, como término significativo de lo que deja de ser radicalmente, no figura en la Sagrada Biblia. Prefiere el sentido ínfimo y despreciable del polvo que todos pisan, no exento además de resonancias teológicas. Del polvo se vale Dios para crear la obra maravillosa de su alfarería, el hombre, quien esparcido como polvo, acaba luego talado por la muerte. Existe también ese otro sentido helenístico de la ceniza que, en ciernes, es promesa de un nuevo resurgir. Jesús exponía la primavera de la resurrección recurriendo al grano que se descompone en tierra para el florecimiento de una vida nueva y copiosa. Carlos Bousoño tiene asimismo una obra poética que titula Oda a la ceniza, inspirada cristianamente en la esperanza. El recuerdo de las últimas fallas hace pensar en este ave fénix que son también las cenizas de la cremà, comienzo de nuevos proyectos y ansias de superación.
Rincón poético
NO ME RENIEGUES
Un gorrión receloso,
como hace frío,
se acerca a mi ventana
buscando abrigo.
¡Dios soberano,
un pájaro me pide
calor humano!
Como el gorrión, yo mismo
llamo a tu puerta
Llevo frío en el ama,
déjala abierta.
Vine otras veces
y en tus manos dejabas
hundir mi frente
Como gorrión temblando
llamo a tu pecho
con mi cruz, hecha astillas,
roto y maltrecho.
No me reniegues;
no sabes mis desvíos
cómo me duelen.
Blanquea los tejados
la nieve espesa
y en el alero el hielo
puñales cuelga.
Gracias, Dios mío,
que tu regazo amante
me presta asilo.
(De Invitación al gozo)
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