jueves, 1 de marzo de 2012

Pedid y se os dará

Lo dice Jesús. Ya en el Padre nuestro nos enseñó a presentarle a Dios nuestras necesidades. Ahora nos exhorta a que confiemos en él resueltamente. Confía así quien sabe que Dios acabará oyéndole, y no duda en reiterar sus peticiones con insistencia, como nuestro padre que es.
De manera consecuente, tratemos a los demás como queremos ser tratado nosotros. Es decir, si quieres que Dios te oiga en la oración, oye tú también y préstate a socorrer a tu prójimo cuanto te necesite. Es lógico, al rezar, acordarse entonces también de los menesterosos, de esos que necesitan concretamente de ti y de mí.

Inciso: Cáritas, con los pobres

La figura escuálida del pobre soñando providenciales limosnas es lugar común en la predicación de Jesús, que ha hecho suyo la Iglesia. Identificado Jesús con el pobre que inventa la injusticia, no es cristiano quien no sufra la misma compasión hacia los marginados y desvalidos. Los pobres los tendréis siempre con vosotros, decía Jesús.
No siempre había sido así y Jesús lo sabía también. No es fácil erradicar la pobreza en el mundo, aunque sí paliarla. Durante la travesía del desierto, en el pueblo de Dios no había desigualdades sociales, no había pobres. La pobreza empieza a insinuarse con la posesión de la tierra y crece con la industria y el comercio, ya en la época monárquica. En tiempos de Jesús, el número de desheredados de la tierra y el enriquecimiento de los terratenientes llega a ser vergonzoso.
Hoy, la crisis ha arruinado a muchos, ha empobrecido a muchos más y va en aumento. Cáritas denuncia que, en 2011, 580.000 hogares no cuentan con ingreso alguno. Que un 22% de familias vive por debajo del umbral de la pobreza. Es para echarse a rabiar de impotencia. Todos saben que hay que hacer algo, pero, ¿qué? Cáritas está respondiendo al reto de dar de comer y vestir a cuantos se pueda, extremando los recursos y llamando a la puerta de cristianos y gente de bien. Es oportuno airear todo esto en cuaresma, cuando se nos aconseja privarse de lo que buenamente podamos y de dar limosna al que la necesita.

Rincón poético

LA HERMANA ALEGRÍA

La alegría iba sola
por el camino
hasta que se encontraron
ella y Francisco.
¡Qué suerte aquella!
¡Francisco se enamora
nada más verla!

- Hermana de mi vida,
¿dónde vas sola?
- Voy buscando un asilo
donde me acojan.
- ¡Qué desatino!
¡La alegría llorando
por los caminos!

Desde entonces van juntos
siempre cantando.
Y Dios, desde una nube,
los va mirando.
Francisco clama:
- Nunca soñé en la vida
mejor hermana.

* * *
Los que vais con Francisco
de dos en dos,
no olvidéis esta herencia
que el nos legó.
Gracias sean dadas
a Dios, que la alegría
ya es franciscana.

(De Invitación al gozo)

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