El acerbo de comentarios legales y actualizaciones de los doctores de la Ley llegaron a complicar su inteligencia hasta la confusión. Jesús ratifica que el meollo de la ley sigue siendo el amor a Dios, por más añadiduras que se apliquen a lo que Dios revela.
Más que saber mucho, importa tener ideas claras, como que Dios es tu único Dios, y que hay que olvidarse de otras muchas cosas que lo sustituyen. El extravío estriba no en amar, sino en amar lo que no se debe. Y a vuelta de hoja, escrito en el respaldo del primero, hay un segundo mandamiento, amar al prójimo como a ti mismo.
La medida no es pequeña, porque amar, nos amamos con todo el interés del mundo. Sólo que en la medida que se intenta amar a Dios, empieza a disminuir de inmediato el excesivo amor que nos tenemos. El amor es la esencia de la buena nueva, por lo que es muy importante llegar a ese convencimiento, si se acepta la divina palabra. No estarás lejos entonces del reino de Dios.
Reflexión: San Francisco y sus dibujantes

En general, puede hablarse de un santo con gran poder de convocatoria, en una sociedad cansada de sus excesos, que tiende, distraída de Dios, a trivializarlo todo. La prédica testimonial de Francisco sigue vigente, aunque, a él, manso y humilde, no le guste hablar a gritos.
Rincón poético
LA RUINA DEL TIEMPO
El tiempo es un enigma.
Es juventud y es luego
añosa ancianidad;
joven, maduro y viejo.
Cambia de vestimenta
veleidoso y travieso
en primavera, estío,
en otoño, en invierno,
como loca veleta
según le sople el viento.
Nada deja a su paso,
ario caballo añejo.
Acueducto o castillo,
calzada o castro ibérico,
catedral o palacio,
ermita o monasterio,
él mismo es la piqueta
y el mismo el cementerio.
Su alimento es la muerte,
su suerte el desenfreno.
Va al trote, desbocado,
la crin tendida al viento.
¿Quién sabe la manera
cabal de detenerlo?
No lo intentéis. En vano
desafiaréis tal riesgo.
El tiempo es una ola:
no tiene ley ni freno.
De Invitación al gozo)
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