domingo, 18 de marzo de 2012

La historia de la infidelidad del hombre corre pareja con la historia del perdón y amor de Dios. El hombre responde a esa generosidad con la fe o el rechazo. La fe vivida según la palabra de Cristo, hace cristianos; el rechazo total, hace réprobos.
Cristo, signo del amor definitivo del Padre, hombre y Dios a un mismo tiempo, puede instaurar una alianza efectiva con el hombre a nivel de ambos.
Si existe un mandamiento que nos emplaza a amar a Dios sobre todas las cosas, es porque él se nos anticipó amándonos primero. Y así como alguien, al saberse amado, se siente más firme y valorado, también nosotros, si somos algo, es precisamente porque Dios nos ama.
Esa correspondencia es el lugar de las buenas obras. Pablo mismo nos enseña que las buenas obras son nuestra respuesta al amor de Dios. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, dice, para que nos dediquemos a las buenas obras. Mientras permanezcamos en la senda de las buenas obras, estamos andando el camino de Cristo, asemejándonos a él; quienes, por el contrario, se apean de la rectitud de la fe en su persona, están declarando su propia reprobación. Jesús le dice a Nicodemo que quien no cree en él, ya está condenado. Y Pablo nos avisa todavía: Si vivís según la carne, vais derechos a la muerte; pero si vivís con el espíritu, matáis las obras torcidas del cuerpo y viviréis siempre. La carne, para Pablo, es el ímpetu de las pasiones; y el espíritu, el soplo de Dios que nos vivifica.

Reflexión: Los labios, el corazón y los hechos objetivos

Partes especialmente expresivas del cuerpo humano, la Sagrada Escritura las convierte en personificaciones de la persona misma; así sucede con los ojos, las manos y los labios. Esa latente identidad con la personalidad que se vale de ellas para comunicarse y actuar de sobresaliente manera, es lo que se traduce en la aparente independencia de actuar de esos elementos tan representativos, como parte de un todo que son, en conformidad con la figura de dicción que llamamos sinécdoque. Se puede autorizar este aserto con citas bíblicas que lo patentizan, como cuando el salmo 71 dice: Exultarán mis labios cuando salmodien para ti; o cuando Oseas prefiere sinceras palabras de arrepentimiento al sacrificio: En vez de novillos te ofreceremos nuestros labios.
Los labios con que emitimos nuestros juicios y afectos por medio de la palabra, frente a hechos frecuentemente rutinarios y objetivos, en los que el corazón distraído no toma parte, son la expresión de la verdad subjetiva que Dios merece. Es el corazón, no las ceremonias por sí mismas, el que honra a Dios.


Rincón poético

JUNTO A TI

Señora, hay una sombra
traicionera a tu espalda.
Quiero estar junto a ti cuando la espada
del sufrimiento
con mano impune y temblorosa
busque tu pecho. Ten, señora, el mío
para aguatar el golpe agazapado
que pretende asestarte la maldad.
Quiero estar junto a ti. Seré tu guarda
cuando el odio proyecte darte muerte
crucificando, con los mismos clavos
que al mismo Dios,
tu corazón acibarado.
Que nadie se te acerque a conculcar
tu bondad, a mancharte
con mano ensangrentada
la claridad serena de tus ojos.
Quiero estar junto a ti cuando la sombra
de la perversidad, reptando hipócrita
como verdosa sierpe envenenada
hasta tus pies, tinte de luto
tu desgarrado corazón de madre.

(De Invitación al gozo

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