martes, 13 de marzo de 2012

El perdón


Dios es amor y no es otra la razón por la que nos perdona una y otra vez. La historia del amor de Dios corre pareja con la del perdón de un Dios que nos amó primero para que también le amáramos nosotros a él. Perdonar es un acto de amor. Quien no ama, no perdona. Lo uno va con lo otro. Por eso habla Jesús de perdonar de corazón.
En Dios, el perdón concierta con su misericordia, y en Jesús, el reflejo de esa misericordia es la compasión. Jesús acredita este principio con la parábola del deudor perdonado que no sabe perdonar. El Padrenuestro nos enseña, por eso, a perdonar para ser perdonados. En cuaresma, convertirse es volver a Dios pidiendo perdón por nuestras infidelidades. Pero ya sabemos cuál es la fuente del perdón: el amor. Si no sabemos amar, no sabremos nunca perdonar.

Reflexión: El esplendor de las fallas

Las fallas con que se conmemora la festividad de san José, son las fiestas más valencianas de cuantas de celebra a lo largo del año. Colosales monumentos de artísticos monigotes que interpretan irónicamente la realidad nacional y fuegos de artificio son los centros de interés que agrupan al gentío en plazas avenidas, junto con la interminable ofrenda de flores a la Virgen donde la emoción de sus falleras rivaliza con los reflejos luminosos de sus vistosos vestidos típicos. Estallidos estremecedores, música bullanguera, derroche de color y los consabidos buñuelos de encendida calabaza, llenan los sentidos con su sabor festero. Son como un remedo de la vida: sudoroso esfuerzo, efusión incontenible de gozo y el término resolutivo de una llama gigante, que lo convierte todo en ceniza. De las cálidas cenizas humeantes resurgirán primaveralmente otra vez los renuevos de una fallas que no cesan.


Rincón poético

QUIERO SABERTE AMAR

Soneto


Séllame con tu mano dolorida,
que entienda cuánto duele tu dolor.
Sabré medir así cómo mi herida
no tiene el agravante del amor.

Quien sabe amar con acendrado ardor,
al comprenderte estimará enseguida,
amando así, que no es nunca peor
seguir contigo que perder la vida.

Permíteme que como a Juan y Andrés,
a fin de acostumbrarme a estar contigo,
permanezca en tu casa un día entero.

Y es que ya he puesto todo mi interés
en ti, de modo que no habrá otro amigo
que quiera amarte como yo te quiero.

(De Invitación al gozo)

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