
Reflexión: Fallas y ninots
La conmemoración de la solemnidad de san José ha llenado estos días de luz y estallidos de tracas y petardos las calles ruidosas de los pueblos. Fue el gremio de carpinteros quien inició y dio carácter a esta fiesta, quemando en este día virutas y desechos de madera, preludiando lo que con el paso del tiempo serían las artísticas y efímeras fallas de san José. Con frecuencia, la organización de lo que se inicia de manera individual e incontrolada, acaba en resultados donde todo queda previsto y ordenado. Fruto de esa estupenda realización perfectamente orquestada es el ninot, un muñeco donde el arte y humor se concitan contribuyendo a la diatriba con que se censuran desafueros y personajes populares.
El fuego, elevado a categoría de acontecimiento festivo, con que se da fin al monumento de cartón que es la falla, es el telón en llamas que pone fin a la fiesta.
Rincón poético
AL SOL QUE MÁS CALIENTA
El sol de mediodía
flota en lo alto
en un mar sin mareas
ni acantilados.
Es un velero,
amarillas las velas
y azul el cielo.
Al ocaso, declina
como quien muere.
Nadie sabe qué sueña
cuando el sol duerme.
Y al despertar,
al cielo le ilumina
su claridad.
Su trote enmarcan largas
crines de fuego
en carrera que trazan
los pies del tiempo.
¡Qué maravilla!
La luz cubre su hombros
con su mantilla.
El curso que describe
es una noria;
canjilones de tiempo
riegan su historia.
¡Qué maravilla!
¡Cómo engarza las horas
que tiene el día!
El invierno mitiga,
arde en verano,
primavera y otoño
besan su mano.
Y a mí me tienta
a que me ponga al sol
que más calienta.
(De Invitación al gozo)
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