miércoles, 5 de mayo de 2010

La predicción del tiempo


Vaticinar el futuro incierto de las personas y las cosas ha sido sagrada dedicación desde los tiempos más remotos. Hoy hemos reducido esa atrevida y dudosa parcela a predecir y adivinar el tiempo que pueda sobrevenirnos.
Los pronósticos climáticos, cada vez más acodados en medios técnicos que avalan su arriesgada certeza, no dejan de ser un intento aproximado y vacilante de alejar el azar de esas anticipaciones del tiempo que nos hará o no.
A pesar de sus desaciertos e imprecisiones casuales, hemos acabado por prestarles credibilidad y consultar confiados sus augurios. Sucede que los aciertos van pesando más que los desatinos. Sólo que los caminos que frecuentan las nubes y los vientos son caprichosos y no siempre se atienen a los que rastrea el hombre desde sus proyectada previsión meteorológica.
Con todo, hombres y mujeres del tiempo empeñan su palabra para aliviar de imprevistos la geografía de nuestros viajes y paseos. Disimulemos, en honor del servicio que nos prestan, sus incidentales inexactitudes. A menudo, lo peor de sus presagios no es que se equivoquen, sino de que acierten de lleno. Como ahora, con el tiempecito que nos ha caído en suerte. ¡Quién lo iba a decir!

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