viernes, 18 de marzo de 2011

Habéis oído decir----

        Con la irrupción del reino en el mundo, hay dos modos divergentes de conducirse: según la ley que practican e interpretan escribas y fariseos, y según el evangelio que predica Jesús, empeñado en llevar la ley a su culmen y cumplimiento. Así, donde se preceptuaba no matar, se incluye también la de considerar con exquisita bondad la vida ajena, evitándole al prójimo todo atisbo de injuria y maltrato.
Hay un principio escrito entre líneas: El prójimo es un hermano; nunca un extraño. Más que esa ley de mínimos -yo no robo ni mato-, hay que sembrar de amor el corazón. Desaparecerá entonces como por ensalmo todo atisbo de odio.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario