viernes, 20 de julio de 2012

El séptimo día


     Entre los preceptos farisaicos figuraba la prescripción del descanso sabático, que recordaba el día séptimo de la creación, llevado al extremo por ellos. Era el día del Señor, día en que se le honraba absteniéndose de toda actividad, sólo que quedaba adulterado por interpretaciones abusivas, hasta el punto de prohibirse atender a un moribundo o curar a un enfermo.   
    Jesús, con gran sentido común, entiende que la mejor manera de cumplir con el descanso sabático es haciendo el bien, lo que deja aturdidos a sis adversarios, que optan por hacerle callar sea como sea, lo que es tanto como querer acallar la conciencia.


Reflexión: La arena y el mar

    La Sagrada Biblia habla con repetida frecuencia de la arena de la playa, si bien siempre como término comparativo de lo infinito o innumerable. Pocas cosas son tan limpias como la arena de la playa. El sordo flujo y reflujo de las olas remueve sus partículas batiendo y lavándolas con terca solicitud, hasta dejar el sílice impoluto y brillante. Su espumosa blandura invita al paseo reposado, descalzos los pies, y los niños juegan socavando oquedades o edificando presuntos castillos que una ola repentina, atrevida, gamberra e irrespetuosa, como quien juega torpemente a manotazos, desmorona de un soplamocos.
    El mar es desconsiderado e indómito. ¡Cuidadito con él!

Rincón poético

LA HIJA DE JAIRO

La hija de Jairo
no ha muerto; descansa.
Se ríe la gente
que no cree en divinas palabras.

La hija de Jairo
sus ojos ha abierto.
La gente, aturdida,
no consigue explicar el misterio

La hija de Jairo
aspira  gozosa.
La gente no entiende
la razón de que huelan las rosas.

La hija de Jairo
da gracias a Dios.
La gente no sabe
que Jesús es la resurrección.

La hija de Jairo
sonríe al Señor.
La gente no entiende
el lenguaje sin par del amor.

La hija de Jairo
está con Jesús.
La gente está ciega
y al mirar no percibe la luz.

(De Los labios del viento)

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