Jesús emprende la tarea de ir educando a sus apóstoles, valiéndose de los pequeños acontecimientos de la vida diaria. En este caso es la extrema necesidad a que les somete la pobreza en que viven: no tienen nada qué comer.
El tema es si le es lícito a una persona, acuciada por la necesidad, apagar su apetito deshaciendo unas espigas en la palma de la mano, a pesar del descanso sabático que, según la doctrina imperante, prohibía toda actividad.
Jesús demuestra tener un fino sentido crítico de la realidad cuando muestra que la ley se ha hecho en favor del hombre, y no para agravar su peso ingrato. David, Oseas, anteponían el amor, a los sacrificios, y amor es lo que derrocha el samaritano y amor es lo que derrocha Jesús cuando cura enfermos.
Lo más santo no es acentuar el rigor externo de la observancia, sino el espíritu humanizador que debe alentar en toda ley. Y así, el amor santifica lo que hacemos para gloria de Dios y en favor de los demás.
En buen samaritano

Rincón poético
INVIERNO DE 2013
Estos días ta viejos y agrietados,
estos días nublados tan oscuros
del invierno, estos días achacosos
de pátina tan gris,
han perdido el encanto del otoño,
su dulce mediocresidad.
El invierno, arrastrando
los pies como un anciano
inseguro, al andar, falto de vida
como un enfermo, titubea.
A veces el invierno
va inscrito, amortajado, en nuestros huesos.
Mirad sus manos azarosas,
cómo castañetean sus dientes amarillos,
cómo tiemblas sus labios, done afluye
la sangre, amoratada como lirios
que la frivolidad del tiempo pisotea.
Tenedle compasión; es un anciano
caduco, a quien persiguen
los ladridos de un perro sin descanso.
(De A la sombra de un álamo)
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