Jesús va de día en día preparando a los suyos para muy pronto, cuando muerto él y crucificado, tengan que hacer frente a los enemigos de la Iglesia que han de llevar sobre sus hombros. Y hay un verbo que en forma plural repite varias veces. ¡No temáis! Podemos subrayar la primera frase del texto y la última, como resumen de todo ese predicamento. En principio, les viene a decir que si el maestro ha de pasar por el yunque del tormento, ellos no pueden pretender evitar seguirle por similar camino. Y al final les alienta haciéndoles ver que quienes les sometan a un suplicio mortal, les destruirán el cuerpo, pero no podrán matar el alma. Somos discípulo de Jesús en un mundo adverso. Soportemos a quienes persiguen a la Iglesia también hoy; no podrán quitarnos nuestra libertad interior ni nuestra fe cristiana.
Reflexión
El texto bíblico y las ciencias profanas
Hay junto a la veracidad del mensaje bíblico, ciertas ciencias que podemos llamar auxiliares, con cuyo respaldo comprenderemos mejor situaciones y circunstancias socio culturales que comporta el texto. Así, el modo de comer tendidos sobre esterillas ayuda a comprender la escena de María Magdalena derramando un perfume sobre sus pies y enjugarlos con sus cabellos; la orografía del lago de Galilea, hundido entre montañas, contribuye a comprender sus tormentas repentinas; los caminos polvorientos o embarrados dan razón de que se le lave al huésped los pies, antes de tumbarse para comer. La historia y la arqueología nos aclaran momentos que tienen que ver con la historia sagrada. No es que modifiquen la verdad del mensaje, pero nos enriquecen para mejor entender la visión de hechos, cosas, costumbres y personas.
Rincón poético
EL ESPEJO ROTO Alguien rompió el espejo, esa ventana hacia la noche de sí mismo, y esparció los fragmentos brillantes como cuentas por el suelo, reflejando pedazos de una vida destrozada, como él. ¿Que en nuestra intimidad un espejo nos dice callado, sin palabras, cómo somos? Siempre amistoso habrá quien nos confíe que la apariencia del espejo es nada; ni bogan por sus aguas sentimientos, ni anida la verdad escondida en nosotros. Mal hace quien se embosca en su falsía. Más dice una sonrisa sincera, desahogada, que un gesto pasajero, inexpresivo, hundido en ese mudo piélago de cristal. Mal hace quien se embosca en su falsía. Detrás de cada espejo ocupa un sitio la frivolidad.
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