
Vientos contrarios crean violentas tempestades repentinas en el embudo que remansa las aguas del Jordán en el lago de Galilea, con una extensión de 12 por 24 kilómetros y una profundidad media de 40 metros. De nada sirve entonces la experiencia de pescadores avezados como Pedro, Andrés, Juan y Santiago. Asustados reclaman a Jesús, que duerme tranquilamente, el favor de que sosiegue las olas encrespadas que amenazan hundir la barca, y él, después de reprocharles su poca fe, calma los vientos y el mar entra en calma.
La fe hace milagros y conviene acendrarla en nuestro espíritu, para fortalecer el ánimo contra los embates con que la malicia del mundo azota la debilidad de nuestra barca.
Los libros del Antiguo Testamento

Rincón poético
REFLEJOS
El río no está lejos. Voy a veces
a ver cómo transcurre
el agua, no tan limpia como antaño.
La luz hospitalaria

encubre con reflejos
claros su suciedad.
Es un remedo de la hipocresía
que fomentan los hombres, tan propicios
al uso enmascarados de sí mismos.
No hay más sucia manera de esconderse
de la sinceridad,
ese espejo que grita las verdades
tan descaradamente,
que no es fácil zafarse de su oráculo.
Hay quien llega a ignorarse,
a no saberse, a enjabelgarse
de indiferencia, despecho y olvido.
Todo inútil: estás
irremediablemente. No te escondas.
(De La flor del almendro)
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