La paz es un don de Dios. Sólo cuando, resucitado Jesús, nos devuelva a la amistad perdida para con Dios, se volverá a establecer las paz con el hombre. Es entonces cuando Jesús se aparece a los suyos y les da la paz.
La paz hay que merecerla y vale la pena alcanzar tan enaltecido don. Y si es importante morir en paz, aun lo es más disfrutarla en vida, porque la paz que sólo Dios da, es un valladar insalvable contra el que se estrellan insidias, añagazas, empellones y desafueros.
Reflexión: Una planta llama esqueleto
Hay un conjunto de plantas que tienen asignados nombres animalescos muy curiosos: lengua de gato, pie de león, diente de muerto, boca de dragón... Entre ellas, llaman esqueleto a una planta de grandes hojas, cuyo contorno sufre entrantes paralelos que dan al conjunto el aspecto de un esternón del que salieran lateralmente las supuestas costillas pectorales a ambos lados de la superficie. Su parecido con un esqueleto es un tanto caprichoso y lejano, lo que no es óbice para que la imaginación asimile lúgubremente ambas realidades.
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