viernes, 7 de diciembre de 2012

Los ciegos ven

    Dos ciegos siguen a Jesús rogándole que les asista y le van proclamando como Hijo de David, el que ha de venir, aquel que fue prometido por los profetas. Jesús no atiende a sus gritos de inmediato, como quien se hace de rogar. Sabe el ahínco con qué la necesidad nos hace buscar remedio a nuestros males, y es un buen momento ese para que, quienes proceden con fe verdadera, tengan ocasión de ejercitarla largamente, por el tiempo en que acaso no la han ejercitado antes con ese mismo ahínco.
    La fe es virtud teologal que purifica y abre los ojos con que apreciar en su justa medida el bien inapreciable que se nos hace, cuando Dios tiene a bien escucharnos. Es Jesús quien les abre los ojos de la fe, antes de proceder a dejarles ver la luz del día.
    Siempre, alguien que ruega con empeño, es alguien que está expectante en ese encuentro de la oración. Y Jesús nos somete a un examen previo de fe: ¿Creéis que yo puedo hacer esto que me pedís? Importa mucho esa profesión de fe en los poderes del Reino. La fe hace milagros.



Reflexión: Sonata nº 17 de Beethoven

    Me he entretenido en discernir los variados temperamentos con que algunos virtuosos del piano interpretan una misma pieza de Beethoven, el tercer movimiento de la sonata 17, opus 31, más conocida por Tempestad. Muy de mi agrado. Entre ellos, Barenboin, Wilhelm Kemff, Nikita Magaloff  y Richter. Me quedo con este último, con la suave agilidad de digitación y delicada manera de articular la mayor o menor intensidad de los momentos del desarrollo armónico de la obra, que parece como si modelara el tiempo. Es así como algo tan abstracto y misterioso como la música toma cuerpo y adquiere la belleza de su forma.
    Hagan la prueba describir en YouTube el título de la obra y si hacen la misma y entretenida prueba, quedarán altamente complacidos.


Rincón poético


LA TRANSPARENCIA DEL    AMANECER

El día nace intacto,
limpia su claridad, el aire puro,
y la luna cansada, adormecida,
se apaga lentamente.
No hay niebla sobre el río
ni nubes en el cielo,
y el paisaje,

dormido en los trigales infinitos,
se despereza entumecido.
Es monacal este silencio
que adormece sonidos y palabras.
Se extiende como brisa desmayada
en los brazos  del tiempo.
Es el momento en que la luz florece
como un cerezo que no tiene orillas.
El día está naciendo como nace
de invernal corazón blanca la nieve..
La noche ya no está.
La noche es el olvido.


(De Paseando mis sueños)

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