El evangelista san Mateo reúne en Lucas dos pasajes distintos. No así Mateo. La muerte de Juan Bautista y la multiplicación de los panes. Jesús es muy humano. Por su corazón pasa todo género de sentimientos, alegría, extrañeza, desazón, pena y dolor, como por el de cualquier otro hombre. Estas notificaciones de los evangelistas sobre los sentimientos humanos de Jesús, nos ayudan a ir conociéndole en su vertiente más próxima nosotros, su humanidad. Así es como la noticia de la muerte de Juan Bautista, le entristece tan profundamente, que ha de abandonar lo que tiene en sus manos para retirarse a un lugar solitario y tranquilo donde reflexionar y dolerse sin testigos.
San Juan ha cumplido con su papel de precursor. De Juan ha tomado Jesús los primeros discípulos, Andrés, Simón, Juan, Santiago.
En la multiplicación de los panes, Jesús recomienda a sus discípulos que sean ellos los que den a la gente lo que necesita. Les corresponde a ellos hacer en su día lo que hoy hace él, A nuestro mismo alrededor, la gente necesita pan, necesita amor, necesita que les demos a conocer a Jesús, que les hablemos del evangelio y que se conviertan en testigos de la palabra, atraídos por nuestra ejemplaridad. Y es que Jesús habla hoy de lo que habló entonces, y hay que escucharlo hoy como le escucharon entonces.
El monasterio de Santo Espíritu

Aquí vuelvo en la madurez de los años, para habitar de nuevo las paredes de este monasterio, no ya como el novicio y corista filósofo que fui. Buen sitio para asomarse al espacio sin lindes del espíritu, donde Dios eterniza a los suyos.
TODAVÍA
Déjame todavía
contemplar los primores
con que tu dedo puso nombre

Déjame que te intuya en la fragancia
de tus obras: el agua
nueva de un manantial, las excelencias
de un espacio sin linde, constelado
de esos tus pasos por el cielo lúcidos
que son la luz de tus estrellas,
la oscura levedad del vuelo
ensortijado de las golondrinas.
Es un poco estar viéndote
reflejado en el agua del espejo
que son las cosas que tu rueca
de hilar el tiempo nos prestaste.
Déjame todavía
mirarte y conocerte en las maneras
de un mundo nuestro, mi Señor, que es tuyo.
(De A la sobra de un álamo)
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