
De mayor, me duele todavía que, en los primeros tiempos de la Iglesia, la urgencia comprensible de predicar la fe en la verdad del mesías, tuviera que dejar la consideración a María para más tarde y hayamos perdido noticias suyas. Me duele que, por eso mismo, san Pablo hable de la maternidad de María tan de pasada. Y en cambio, venero en san Lucas la especial dedicación que le tributa en su evangelio, tan respetuoso para con las mujeres en general.
Creo que hay que fomentar mucho más la devoción de los niños a María. Acostumbrales a ir de su mano, sobre todo en esos años vacilantes, es el mejor de los aprendizajes y es buen rescoldo de la fe que profesamos, en estos años tan fríos e indolentes. De la mano de María aprendió a andar Jesús.
No hay comentarios:
Publicar un comentario