
Desde la prieta empalizada de la antigua alianza, toda novedad se les antoja escandalosa a los israelitas, porque no ven más allá de su propia cerca. Ellos mismos, cuando se les pregunta por la posible identidad de Jesús, se empeñan en interiorizarlo entre sus profetas. Son ciegos y no lo saben. ¡Qué ajustado le parece a uno entonces que en Isaías Jesús sea columbrado como destello de faro costero, como atalaya luminosa traspasando horizontes! Te hago luz des las naciones, para que la salvación alcance hasta los confines de la tierra.¿No alude a esto mismo la estrella de Belén?
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