sábado, 19 de mayo de 2012

Pedid al Padre en mi nombre

    Jesús no sólo proclama aquí la eficacia de la oración de petición hecha en su nombre, sino que lo argumenta. El Padre nos concederá cuanto le pidamos, porque nos quiere, desde el momento en que queremos a su Hijo y creemos en el misterio divino que nos ha revelado. Tanto es así, que ni siquiera será necesario que Jesús medie en favor nuestro, porque el Padre, solícito, se le adelantará. La eficacia reside en el amor que profesemos a Jesús y la fe que pongamos en su palabra.

Reflexión: Las nubes

    Se dice del agua, que no tiene forma propia y que adopta la de la vasija en la que se derrama. Lo mismo se puede decir de las nubes; carecen de forma determinada, por lo que se ajustan a la que la altura, la presión y los vientos les procuran. Podemos concluir desde este punto de vista que las nubes son veleidosas, y sorprende la variedad de formas de que se invisten, siempre cambiantes y caprichosas, a merced de sus circunstancias. Y hay una cosa que no les podemos negar, la belleza bulbosa y blanca intensidad, en general, con que quedan configuradas por la luz que incide en ellas y la caricia con que las redondea y pule la brisa, si no el viento.
    Supuesto el beneficio del agua que nos sirven o no, las nubes son bellas.

Rincón poético

EN LA CUMBRE

En la cumbre del monte,
prieto como una piedra,
me defiendo abrigado
del frío y de la niebla.
Nunca subí tan alto.
Las cumbres no son buenas
cuando el otoño muere,
cuando el invierno acecha.
La llanura en barbecho
muestra rubia la tierra.
Pronto pondrá la nieve
su epitafio en la hierba
y un día, los almendros
florecerán sus penas.
Altas, sobre la cumbre,
águilas sobrevuelan.
La noche se avecina
sobre la tarde muerta.
No soy fiera de campo.
No soy hombre de aldea.
Me voy a mi ciudad
tan ruidosa y tan negra.

(De Haciendo camino)

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