martes, 21 de agosto de 2012

Dios lo puede todo

    La renuncia que comporta el seguimiento de Jesús, si bien abre de par en par las puertas de su reino, que es el reino del amor, también lo es que resulte una puerta estrecha. De hecho, no todos se sienten capacitados para empujarla con fuerza, como le ocurre a ese joven que es demasiado rico, y acaba percatándose de que su amor por la riqueza, no es compatible con ese bello sueño de perfección que equivocadamente había buscado.
    También Pedro entiende que  Jesús se ha pasado. Y Jesús no le contradice, sino que le responde que sí, que es un sueño difícil de llevar acabo, pero con Dios se puede todo, que es de lo que se está olvidando Pedro. Y sin embrago, tendemos preferir la confianza que ponemos en nosotros mismos que la que ponemos en Dios.
    Confiar es tanto como tener fe en alguien; confiar plenamente en Dios es tener fe ciega en él. Suscitemos cuanto podemos nuestra confianza en Dios, y nuestra fe crecerá en vigor y firmeza. Con Dios, nada es imposible.

Reflexión: ¡Qué tostón!

    Hay personas que tienen la rara habilidad de hablar incesantemente y sin respirar , aunque sin decir nada estimable, insistiendo en lo mismo con inusitada frivolidad. Designamos esos predicamentos inaguantables como auténticos tostones. ¡Vaya tostón!, decimos cuando el supuesto orador ha dado en callar, tal vez para tomar carrerilla, y nos deja respirar hondamente.
    Tostón se dice de esos trozos de pan tostado o frito que se echa en determinadas sopas. La Academia ha tardado en incluir esta otra acepción de cosa demasiado pesada. Hay quienes no saben expresarse de otro modo y nos abruman con el énfasis que ponen en declamar sus vaciedades. De hecho, usamos a veces el aumentativo cuando el tostón se desmadra y nos abruma: ¡Qué tostonazo, Dios mío! ¡Que infamia de tostón!

Rincón poético

ENSÉÑALE A AMAR

No te sabe amar,
mi Dios, y lo siento,
quien juzga tu amor
con desacrimiento
como orden estricta, 
como un mandamiento.
Amar es gozoso.
No hay mayor contento
que otro por ti muestre
igual sentimiento.
Oveja que evita
seguir tu sendero,
es de ley que vuelva
a amarte de nuevo.
Enséñala a amar.
¿No enseñaste a Pedro?
Le herirá en el alma,
un dolor sincero
y amará tu voz
hasta saber luego
que la haces partícipe
de tus sufrimientos.
¡Alta distinción!
¡Divino tormento!
Como las estrellas,
como los luceros,
todos los martirios
van contigo al cielo.

(De Los labios del viento)

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